Agradecer: Primer paso para restablecer el equilibrio

Por: Marian San Martín

He aprendido que, como enseñan los pueblos andinos y los pueblos originarios en general, siempre se comienza agradeciendo: “Gracias Pachamama, gracias Pachacamac, gracias Taita Inti”. Hoy me siento honrada de poder comenzar mi participación en Hojas de Inspiración con una nota dedicada a nuestra Madre Tierra.

Agosto es el mes de Pachamama, mes cuando en el hemisferio sur comenzamos a despertarla del letargo del invierno y le agradecemos a través de las ofrendas todo lo que nos ha dado. Si bien en la provincia de Mendoza, desde que el hombre habita estas tierras, siempre ha habido ceremonias de pago a la tierra, en los últimos años este fenómeno se ha multiplicado.

Más allá del formato con el cual elijamos honrarla, cada vez somos más quienes comprendemos que “con ella todo, sin ella nada”. Lo más importante es darnos cuenta de que con cada elemento obtenido de la tierra (compramos o creamos) y con la forma de devolución a ella (desechamos o reciclamos) podemos hacer la diferencia.

Marcelino y Adrián en las ofrendas en Mendoza.

 

Desde hace algunos años, tengo la fortuna de recibir en Mendoza a la familia de Perú, miembros de la Nación Q’ero. Con ellos he “aprendido haciendo” lo necesario para estar en Ayni (reciprocidad) con la Pachamama y con todas mis relaciones. Lo anterior significa aprehender a Bien Vivir, mientras en el camino aprendo cómo hacerlo.

La Nación Q’ero es uno de los pueblos más antiguos del Imperio Inca. Se asentaban en Cuzco en los alrededores del Apu Ausangate, hasta la llegada del hombre blanco, cuando subieron a las montañas para protegerse. Allí vivieron y conservaron su cultura intacta de generación en generación, hasta que en 1954 fueron “descubiertos” por la cultura occidental. Desde entonces, poco a poco, comenzaron a relacionarse con quienes se han acercado a conocerlos.

Cuando hice por primera vez el camino para llegar a una de las comunidades (Ayllu Yanaruma), a más de cuatro mil metros de altura, me encontré con una sensación de inmensidad, que apareció en mí un profundo deseo de agradecer. Sentí la fuerza e inspiración de los Apus (montañas) de la región y pedí su protección para llegar con bien.

En la comunidad nos recibió la familia de Marcelino Huaman Ccapac, Pampamisayoc, quien dedica su vida a la relación con las ceremonias ancestrales andinas. A su lado permanece su hijo, Adrián Huaman, quien con 25 años acompaña a su padre en las ceremonias, se encarga de traducir del español al runa simi (quéchua) y de la logística de los viajes.

En la organización social de los Q’ero cada quien ocupa una función: hay quien se ocupa de cosechar la papa y quien se encarga de llevar adelante la celebración para agradecer por esa papa, cada miembros de la comunidad ejerce su papel. Pampamisayoc es el encargargado de las ceremonias.

Adrián describe el acto de la siguiente forma: “La ofrenda es devolver y agradecer: De todo lo que tomamos agradecemos: animalitos, comidita o el pájaro que está volando, todo cumple una función, así está hecha la vida”.

Desde hace tres años, Marcelino y Adrián vienen a Mendoza en agosto, como parte de un recorrido por Chile y Argentina, donde que comparten sus ritos durante algunos días y culminan con el Pachamama Raymi (Celebración de la Madre Tierra). En agosto se realiza una gran ofrenda grupal, donde cada uno de los participantes coloca sus quintus de hojas de coca, para agradecer a Pachamama por todo lo brindado. Luego pone en un soplo, en cada quintu mensajero, el pedido de lo que desea. La ofrenda se completa con los frutos tomados de ella y las mejores semillas que se han elegido sembrar para el nuevo ciclo que comienza. Una vez lista la ofrenda se entrega al fuego, preparado en un hoyo en la tierra, en una especie “boca para que Pachamamita coma”.

Quintu de hojitas de cosa.

 

Adrián lo describe de la siguiente forma: “La ofrenda es devolver y agradecer: De todo lo que tomamos agradecemos: animalitos, comidita o el pájaro que está volando, todo cumple una función, así está hecha la vida”. Así mismo, él considera que el establecimiento de una fecha específica para celebrar a Pachamama es probablemente algo impuesto y reciente, pues en realidad cada día ellos están agradeciéndole: “¿Por qué yo debo dar las gracias sólo en agosto? ¿O la madre tierra dice hasta tal fecha doy? Ella siempre da, todos los días es Pachamama Raymi. Las ofrendas son una forma de reconocerla, de devolver lo que nos da, ser conscientes de lo que hemos tomado por mucho tiempo y de lo que yo hago por su cuidado”, reflexiona.

El concepto andino de Ayni no sólo es reciprocidad, sino que requiere la conciencia del propósito de restaurar el equilibrio.

Considero que las ceremonias y los altares son “mapas” que nos ayudan a conectar con lo sagrado y a hacernos conscientes todos los días del valor de la vida y la importancia de cuidarla en cada uno de nuestros actos. El 1 de agosto, día de Pachamama, hice mi ceremonia personal trabajando en mi jardín, levanté mi altar en ese pedacito de tierra al desmalezar, podar y limpiar mis plantas.

El concepto andino de Ayni no sólo es reciprocidad, sino que requiere la conciencia del propósito de restaurar el equilibrio. ¿Qué damos para hacer Ayni? lo mejor que hemos tomado. El Ayni es la manifestación del bienestar y la vida, la manifestación del Ser como extensión de la Pachamama.

De ahí la importancia de la conciencia y la responsabilidad de hacernos cargo de lo que tomamos: ¿Para qué estoy haciendo lo que hago? ¿Para qué estoy tomando esto que tomo? Y sobre todo, ¿cómo voy a devolverlo? La invitación es a que en cada acción, cada elección, todos los días, vivamos en sagrada ceremonia con cada una de nuestras relaciones.

 


Mariángeles San Martín escribe para Hojas de Inspiración.

Marian San Martín

Licenciada en Comunicación Social. Enfocada en proyectos con Propósito, con especial atención en la filosofía quiropráctica, los saberes ancestrales y el enfoque integral del Ser. Ha trabajado en producción de cine y televisión, para proyectos de arte, cultura y organización social.

 

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Mujeres vestidas con diferentes colores en Colombia.Fachada de La Rañatela, en Maipú, Mendoza.