Alejandro Bianchi: Vinos entre tierra y cielo

Por: Mauricio Manini Williams

Cuentan que hubo tiempo cuando las viñas no estaban cercadas por alambres, no existían agroquímicos y los animales caminaban entre las vides de manera libre. La naturaleza se regía por sus propios ciclos y en su armonía generaba más vida. Si bien esta descripción suena poética, es un poco a lo que apunta la “agricultura biodinámica”, un método de agricultura ecológica que puede ofrecer interesantes claves para un sistema que sea más sustentable.

Nuestro protagonista se llama Alejandro Bianchi. Nació en una reconocida familia vitivinícola del sur de Mendoza (Argentina) y entre viajes y huertas descubrió este camino especial de relación con la tierra. Hoy dirige Finca Dinamia, una empresa productora de vinos finos, orgánicos y biodinámicos de alta gama. En su presentación nos recibe con la siguiente frase: “Si somos capaces de lograr una mejor calidad de vida para nuestros descendientes, seremos capaces de ganar gran parte de esta cruzada”.

Mauricio Manini: ¿Cómo comenzó esta aventura de hacer vino biodinámico?

Alejandro Bianchi: Siempre trabajé en el mundo del vino, pero viajando descubrí que había un movimiento importante de vinos orgánicos, de la mano de la sustentabilidad, con la idea de vinos y viñas amigables con el medio ambiente. Armé la finca entre el 2003 al 2005; la certificamos como la primera viña orgánica del sur de Mendoza, y después, en 2008, iniciamos el proceso de certificación de “biodinámico”. Este es un paso más allá porque toma entre 5 y 7 años certificarse.

Para tener un punto de comparación, en Argentina somos siete bodegas biodinámicas entre 2.700 que hay en el país. En el mundo hay cerca de 950.000 bodegas de vinos finos y 900 proyectos biodinámicos, es decir que no somos ni el 0,1%. En Europa ya hace muchos años se consume, pero ahora desde hace cuatro o cinco años hay mayor conciencia y son más conocidos.

Hay un sistema de alimentación en el cual creo: tiene que ver con el alimento sin intervención de agroquímicos.

¿Qué diferencia hay entre orgánico y biodinámico?

Ser orgánico es tener un cultivo libre de químicos que suelen usarse en fertilizantes, plaguicidas y herbicidas. Después viene ser biodinámico, que emplea un calendario agrícola que determina los días de cosecha, poda, abonado y curación de las plantas. Además, implica tener vacas, caballos, aves de corral, un ecosistema propio con el cual se elabora tu propio compost. Es un sistema agropecuario.

Con todo este proceso, lleva de cinco a seis años obtener una certificación biodinámica de la viña y después de eso se hace la certificación industrial. Yo presenté en 2011 el primer vino biodinámico del país. De treinta años que llevo en el negocio vitivinícola, quince han sido con lo sustentable.

Alejandro Bianchi en la bodega Biodinamia

Gentileza: Finca Dinamia.

De tantas corrientes en el mundo del vino, ¿por qué elegir esta?

Personalmente lo elegí porque vivo en una finca desde hace más de veinte años y porque como testigo de la vida tengo una huerta orgánica. Hay un sistema de alimentación en el cual creo: tiene que ver con el alimento sin intervención de agroquímicos. Tenemos un hospedaje aparte, Finca La Encantada, con una huerta a donde la gente va y cosecha su propio alimento, de manera que pueden cocinar con el alimento a mano.

¿Qué tanto influyen los alimentos con nuestra forma de pensar?

Influyen mucho. Si vivís en el microcentro comiendo solo fast food, ese tipo de alimentación no te va a generar un pensamiento elevado. La alimentación influye a partir de la síntesis físico-química digestiva relacionada con el sistema digestivo, y el cerebro se alimenta de esa síntesis. Hoy personas como Bill Gates o Leonardo DiCaprio apuestan a generar hamburguesas basadas en vegetales, con muy buena respuesta en los mercados.

El lema de la biodinamia o antroposofía es “dime qué comes y te diré cómo piensas”. En mi caso, si bien no soy vegetariano, tampoco me considero el argentino promedio carnívoro. Hoy hay muchas comidas sucedáneas que reemplazan a esos alimentos que implican matar a un animal. Yo en un principio tenía gallinas, conejos, un chancho, pero después decidí no matar más animales. Es todo un camino.

Estamos trabajando con todo un grupo conservacionista a nivel internacional, entre Argentina y Chile tenemos más de cincuenta bodegas orgánicas conectadas

¿Tus seres queridos te acompañan en este camino?

Mi novia tiene un proyecto relacionado, es pionera desde hace siete años elaborando chocolates naturales sin TACC, para veganos, celíacos y diabéticos. Estamos armando un nuevo proyecto: chocolate andino natural. Yo la conocí en una feria de vinos, al parecer es cierto que el vino y el chocolate van de la mano.

Aparte, mi hijo Nicolás terminó el colegio en Holanda y se dio cuenta de la importancia de la sustentabilidad. Trabajó en una granja con semillas orgánicas y ahora está en Córdoba terminando la carrera Gestión del Medio Ambiente.

¿Crees que los cambios en el medio ambiente obligan a readaptarse?

La temperatura ya está aumentando por el cambio climático. Por ejemplo, la calidad de la uva en varias zonas ya empezó a caer, el futuro apunta más a la Patagonia que a Mendoza. La recomposición de los viñedos tiene que ver con eso. Estamos trabajando con todo un grupo conservacionista a nivel internacional, entre Argentina y Chile tenemos más de cincuenta bodegas orgánicas conectadas.

Esta corriente orgánica y biodinámica, ¿se trata de una moda o de un verdadero cambio?

Esto no tiene vuelta para atrás. Cada vez la tendencia es más a consumir vino sin madera, la gente no quiere que se talen bosques de roble para darle gusto. La madera no es parte del vino, le da gusto, pero la realidad es que lo más difícil de hacer es vino de uva, es decir sin ninguna intervención. Es un desafío, por eso los vinos así son difíciles y más costosos, pero quien lo consume es un cliente más consciente.

Para cerrar la entrevista, ¿qué te inspira?

Me inspiró este proyecto mi pasión por los vinos en paralelo por la sustentabilidad, con la idea de lograr vinos de alta calidad. Tener una finca donde no usamos agroquímicos sino abonos naturales, plantas que curan y un proceso especial ligado a un calendario agrícola biodinámico.

Por un lado, es necesaria la parte comercial, porque sin eso no sustentas el proyecto. Por otro lado, me inspira creer que entre todos se puede generar un cambio de conciencia. Que la gente sepa lo que come, sea consciente de la energía y cuide el agua, porque es un bien muy preciado. Hacer todo en armonía con el universo, con todo ser vivo sobre la tierra, respetando los ciclos de la naturaleza.

Si quieres saber más de este proyecto, mira este video:

 

Foto de Portada: David Kohler, Unsplash.

 


Mauricio Manini Williams

Mauricio Manini Williams

Comunicador social, viajero latinoamericano de vocación periodística. Ha redactado para Diario Los Andes y otras publicaciones de su natal Mendoza. Diplomado en Herramientas Educativas para el Siglo XXI. Ha sido docente y capacita en oratoria y debate. Ha acompañado como coach el proceso de las charlas TEDxPaseoAlameda.

 

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Niños de Bakongo pintando en el suelo.