Bioconstrucción: Habitar en armonía con la vida

Por: Ana María Ocampo Cuesta

Con el acelerado ritmo de crecimiento de las ciudades contemporáneas, donde casi con la misma rapidez que llegan nuevos habitantes a las urbes se alzan enormes torres o se crean zonas de vivienda en áreas donde antes había vegetación nativa, se fortalece en toda Latinoamérica un movimiento que le apuesta a otro ritmo de vida y de construcción. Se trata de la Bioconstrucción, una propuesta arquitectónica cuyas raíces se encuentran en lo más profundo de nuestras tradiciones y en el encuentro del ser humano con su entorno

Desde que los primeros grupos humanos se asentaron en comunidad, el uso de materiales que tenían a mano, como piedras, tierra, hojas y troncos de los árboles, pasando por el estiércol de sus animales de trabajo, se convirtió en la fuente principal para construir sus lugares de refugio y descanso. A medida que se fueron enfrentando a las condiciones ambientales, estos primeros constructores respondieron con innovaciones en la hechura de las paredes o en el tejido de los techos naturales, a la vez que fueron descubriendo nuevos materiales a su alcance que los mantuviera secos y seguros. 

Sin embargo, con el paso del tiempo y los nuevos desarrollos técnicos, estos materiales naturales fueron desplazados por criterios de durabilidad y se adoptaron opciones más resistentes, como el concreto, el hormigón y el acero. Así mismo, el crecimiento demográfico y los cambios sociales nos llevaron a desplazarnos masivamente hacia las ciudades y exigieron una respuesta que estuviera a la altura de las demandas.

No obstante la durabilidad y resistencia de estas innovaciones, el despertar de una consciencia ecológica y social en el Planeta ha vuelto a la escena la construcción originaria y natural. Esta alternativa llamada Bioconstrucción hace frente a la tendencia a la rapidez y el uso indiscriminado de recursos, y es un nuevo escenario dónde expresarse con creatividad, cuidado y eficiencia. 

En esta oportunidad, desde Hojas de Inspiración hablamos con el arquitecto Néstor Rafael Villabona Hernández, nacido en el departamento de Santander (Colombia), quien desde hace cerca de veinte años trabaja con el convencimiento de que este tipo de construcciones es la clave para un futuro más sano y sostenible. 

Esta alternativa llamada Bioconstrucción hace frente a la tendencia a la rapidez y el uso indiscriminado de recursos, y es un nuevo escenario dónde expresarse con creatividad, cuidado y eficiencia. 

 

El polo a tierra

Néstor Villabona estudió arquitectura en la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga, una de las ciudades más grandes de la región nororiental de Colombia. Desde muy temprano en su ejercicio profesional se interesó por cómo la arquitectura estaba atravesada por los factores políticos y cómo desde la construcción se podían modelar los planes a futuro de las comunidades

Así, con una especialización en Ordenamiento Territorial y con estudios en la formulación y planeación de proyectos, se unió al equipo de trabajo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y participó en un proyecto de gestión de soluciones de saneamiento básico para comunidades indígenas y rurales del departamento de Putumayo, al sur del país. 

Allí conoció de primera mano la vida de comunidades indígenas inga, cofanes y camëntzá, y se acercó desde la práctica a la conexión que ellas tienen con el espacio, la naturaleza y los materiales. Recuerda que “las comunidades trabajaron de la mano con los contratistas de la Alcaldía de Mocoa y la OIM, y exigieron el uso de materiales naturales como piedras y tierra, justamente para ayudar a filtrar las aguas negras, para que no llegaran desechos y más contaminación a los ríos”. Además, menciona una experiencia en particular que califica como punto de inflexión en su vida profesional. “En agradecimiento por este trabajo, los indígenas nos invitaron a participar en una ceremonia del yagé y, a pesar de lo que se ha estigmatizado esta tradición, es un tema en el que hay mucha química pura y física cuántica. Cuando se vive, uno empieza a entender cómo los indígenas comparten sus conocimientos y cómo los pasan de generación en generación, cómo se mantienen, cómo mantienen el lugar donde habitan tan bien conservado sin degradar la naturaleza y, además, lo sensibilizan a uno para respetar la naturaleza”.

Después de esa experiencia, reconoce, empezó a pensarse su profesión y su trabajo de una manera más profunda. De regreso a su natal Santander, descubrió personas y  proyectos donde había posibilidades de conjugar la arquitectura con un respeto profundo hacia la cultura y el entorno natural. Sin embargo, fue solo después de que el éxito de su empresa le pasara factura a su propia salud que tomó la decisión de transformar su práctica arquitectónica en una herramienta de cambio y difusión de mejores prácticas. 

Detalles del insterior de una casa hecha con bioconstrucción.Casona El Tabacal.

 

Diálogos con la tradición

A casi tres horas desde Bucaramanga, hacia el norte del departamento de Santander, se encuentra el municipio de Barichara. Esta población fue declarada Patrimonio Cultural del país en 1978 y Monumento Nacional. También fue declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la UNESCO, dadas sus “características arquitectónicas, históricas, ambientales y de identidad”. Este municipio cuenta con construcciones de finales del siglo XVIII y se destaca por haber mantenido el estilo y el uso de materiales como piedra y barro en las edificaciones. 

Esta pequeña ciudad colombiana es un referente en el uso de la piedra y generaciones enteras de artesanos que la trabajan mantienen viva la tradición gracias a los proyectos que allí se desarrollan. Por su cercanía con la ciudad de Bucaramanga, este municipio ha sido también un destino de descanso para los bumangueses. Gracias a esta cercanía, Néstor llegó también a aprender y a acercarse mucho más al uso de materiales tradicionales

“En 2011 fui a Barichara y trabajé en la restauración del edificio de la Alcaldía de la ciudad. En la meca de la piedra y la tapia, ese edificio tenía una fachada con imitación de piedra. Las personas que la construyeron habían usado resinas en lugar de la piedra tradicional del lugar. Eso, para mí, era una burla. Pero la Alcaldía nos permitió hacer la restauración y recuperar la tapia original, utilizar cagajón, obtenido del estiércol de caballo, una especie de arcilla propia del lugar y cal viva”. En el proceso, recuerda Néstor, incluso hallaron unas piezas en piedra que habían sido talladas hacía varias décadas. En este proceso de restauración, el arquitecto se encontró con personas expertas en el uso de la piedra y de materiales tradicionales de la zona, con quienes descubrió un nuevo acercamiento a la bioconstrucción. 

Más recientemente, ha trabajado en un proyecto de grandes dimensiones en la ciudad de Villa de Leyva, ubicada en el departamento de Boyacá, en el centro del país. Se trata del Ecoparque Conscientia Universalis, una propuesta que pretende recuperar, a través de la experiencia, elementos de la tradición histórica, cultural y productiva de la región. Para ello, han construido puentes en piedra de la misma forma como los primeros pobladores lo hicieron, y establecieron terrazas de cultivo siguiendo las enseñanzas de los pueblos indígenas que allí habitan, con el fin de que las nuevas generaciones encuentren una conexión más cercana con sus propias raíces. 

También ha trabajado en la construcción de una casona comercial en el municipio de Piedecuesta, en Santander, que se llama El Tabacal. Esta casona fue construida en materiales naturales y siguió las recomendaciones de construcción tradicionales de la zona. Con este proyecto Néstor y su empresa participaron en la Bienal de Arquitectura de Argentina en 2018 y en los Lafarge Holcim Awards para construcciones sustentables del año 2019. 

Ecoparque Conscientia Universalis, Villa de Leyva (Colombia).Ecoparque Conscientia Universalis, Villa de Leyva (Colombia).

 

Respuestas en clave natural

Es evidente que la bioconstrucción no es un tema nuevo. Además de la larga tradición que se remonta a las primeras poblaciones humanas, en la década de los setenta, en Europa, se le dio nombre a esta corriente arquitectónica y de ingeniería que retomaba el uso de materiales naturales para conseguir construcciones ecológicas, sostenibles y resistentes. Pero, factores como la crisis ambiental global, el surgimiento y la consolidación de movimientos conscientes como la permacultura, y un necesario retorno hacia una economía circular, son los que han contribuido a que la bioconstrucción tenga un lugar cada vez más relevante. 

De hecho, en América Latina desde hace ya algunas décadas en países como Argentina, Chile, México y Colombia se han consolidado redes de expertos, centros de formación y proyectos de investigación, con los cuales se busca difundir y promover las construcciones y un estilo de vida más consciente. “La bioconstrucción requiere del uso de materiales que se puedan descomponer cuando la construcción llegue al final de su ciclo de uso. Por ejemplo, la madera certificada que provenga de fuentes no contaminantes ni que afecten otros ecosistemas, piedras o tierra pura sin tratamientos como calor, ya que cuando se somete a estos cambios pierde la vida. Pero, la bioconstrucción le apunta, sobre todo, a tener espacios saludables”, precisa el arquitecto Villabona

Bajo la premisa de una búsqueda constante de soluciones enfocadas en una vida más sana, la arquitectura también se ha nutrido de las propuestas sobre sostenibilidad. En este sentido, temas como los materiales que se utilizan, la fuente de las materias primas, la huella ambiental en el proceso de construcción o de demolición, así como los efectos posibles que pueda tener la vivienda en la calidad de vida y en la salud de sus habitantes cobran cada vez mayor relevancia. 

Como explica Néstor Villabona, la tierra es un material vivo que respira, se expande y contrae cuando entra en contacto con la humedad y el aire, así que su uso en las construcciones permite que las viviendas respiren.

“Nuestro planeta tiene campos electromagnéticos propios que tienen efectos sobre nuestro cuerpo. Pero, si a eso le sumamos los campos electromagnéticos que se producen artificialmente con las tecnologías de conectividad, con los electrodomésticos que tenemos en nuestras casas y con los materiales que utilizamos, podemos tener mayor cantidad de problemas en la salud. Pero, la tierra misma, como material de construcción, nos provee de aislamientos para estos campos electromagnéticos”. Así mismo, como explica Néstor Villabona, la tierra es un material vivo que respira, se expande y contrae cuando entra en contacto con la humedad y el aire, así que su uso en las construcciones permite que las viviendas respiren.

Estas cualidades les permiten a las viviendas que se construyen con estos principios arquitectónicos contar con sistemas integrados de bioclimatismo. “En este caso, desde la concepción de los proyectos, se trabaja para que la vivienda ofrezca confort térmico a sus habitantes. Por ejemplo, si estamos en un clima frío, se utilizan paredes de roca que capten el sol de la tarde y puedan soltarlo como si fueran radiadores naturales y así mantener la temperatura cálida al interior durante la noche. O, en el caso de climas más cálidos, se usan tierras que aíslen la temperatura externa”. 

Casona El Tabacal, Piedecuesta (Colombia).Casona El Tabacal, Piedecuesta (Colombia).

 

Retos para el imaginario

De acuerdo con un estudio reciente de la Organización de Naciones Unidas y su división de hábitat, alrededor del mundo aproximadamente el 40% de la población habita viviendas construidas con materiales naturales como la tierra. Pero ¿por qué, a pesar de ser parte de la tradición de muchas culturas y comunidades, no es todavía un tipo de construcción popular o masiva?

En primer lugar, reconoce Néstor, “tenemos una fuerte desconexión con los saberes ancestrales de nuestros pueblos indígenas y pueblos originarios”. En sus prácticas y en sus saberes se encuentran muchas de las soluciones a problemáticas comunes de la construcción, pero estos conocimientos no son validados ni valorados por personas afuera de las comunidades. 

A esto se suma la falsa asociación que se ha hecho entre este tipo de construcciones y la pobreza, la falta de acceso a soluciones de saneamiento básico y a una vivienda digna. “Esto tiene que ver, también, con un afán social de demostrar poder o riqueza a través del lujo. Estas viviendas y construcciones le apuntan justamente a lo opuesto, al valor real, a la seguridad, a la tranquilidad, a la sostenibilidad”. 

Pero, además, los bioconstructores se enfrentan a un sistema que no parece reconocer el valor de este tipo de edificaciones. “Primero, la tierra no es reconocida como un material adecuado para las autoridades, entonces cuando se buscan licencias o se pretende registrar una construcción de estas surgen más requerimientos y obstáculos para obtener los permisos necesarios”.

Otro de los obstáculos es la financiación. Desarrollar proyectos grandes de vivienda que cumplan con estos requerimientos es posible cuando existe un capital, por lo menos para adquirir y adecuar el terreno. Pero, el acceso a fuentes de crédito no es sencillo en el sistema bancario tradicional. Es por este motivo que Néstor y un amplio grupo de bioconstructores en América Latina esperan que esta situación mejore con la llegada de la banca ética a la región. “Esta propuesta está alineada con los principios de la bioconstrucción y esperamos que haya más oportunidades para hacer de las construcciones ecológicas y saludables una realidad para más personas no sólo en Colombia sino en toda Latinoamérica”. 

Fotos: Cortesía del arquitecto Néstor Villabona, ABC Crear.

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