Covid-19: ¿Una pausa para el planeta?

Por: Constanza Soler

Existe un proverbio (sí, chino) que dice algo así: “El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Si cierro los ojos, puedo ver, sentir y oír que ese dulce movimiento de las alas de un ser tan ínfimo como la mariposa lo ha cambiado todo. He podido comprenderlo, porque he ganado tiempo y he recuperado silencio. Del aleteo surgió el caos, y después, la pausa. Abro los ojos y puedo verlo: el planeta respira y habla. Lo escucha, me escucha. Tiene aliento, tiene olor, tiene pulso, colores, forma, música, carne, espíritu… nombre propio. 

La idea del proverbio conlleva a la famosa teoría del “efecto mariposa”. Detrás de ella, complejos análisis matemáticos revelan: “Los errores íntimos tienen efectos catastróficos”. Aunque aún no hay certeza sobre el origen, pudo ser el estornudo de un ciudadano de Wuhan el aleteo que empezó a expandirse y hoy se siente en Europa, África, Oceanía, América. En ese estornudo, un invisible enemigo permanece sediento de contagio. Lo consigue: más de 3.5 millones de personas portan su nombre: Covid-19. El “remedio”: el confinamiento y el distanciamiento social obligatorio. Permanecemos en “cautiverio”, y el mundo del capital parece desplomarse.

Cuando empieza a bajar la polvoreda del terremoto, puedo verlo: el canal de Venecia tiene aguas cristalina y ha dejado al descubierto distintos tipos de peces. En Chicago, Edward y Annie, una hermosa pareja de pingüinos, recorren “con libertad” y sin miedo las instalaciones del acuario Sheed. Como ellos, grupos de animales salvajes han vuelto a salir, a mostrarse. Hay quienes dicen que, aunque para el ser humano estos días de encierro son extraños, para ellos “son típicos”. Las imágenes de la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) muestran que la concentración de dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire cayó drásticamente en Wuhan, China, el epicentro de la pandemia del Covid-19, transitando de un indicador que generalmente estaba en rojo o naranja a azul. La Agencia Ambiental Europea (EEA) también reconoce un cambio similar en Barcelona, Madrid y el norte de Italia. 

 

El 22 de marzo, Día Mundial de la Tierra, el Banco Mundial emitió un informe titulado “Día de la Tierra 2020: ¿la pandemia de COVID-19 (coronavirus) podría ser el punto de inflexión para las emisiones derivadas del transporte?, donde se rescata el alivio que ha significado para el planeta el menor uso de vehículos. Es que, según especifica el informe, “el transporte representa ya una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) vinculadas con la energía, y ese valor podría incrementarse al 33 % si no se modifican las políticas actuales”.

Para muchas personas sólo se trata de datos; para otros son sorpresa, y para algunos, oportunidades. Lo cierto es que allí han estado, incluso antes de que el científico estadounidense Wallace Broecker los popularizara bajo el termino de “calentamiento global” en un artículo de divulgación científica publicado en 1972. 

Si bien desde los orígenes de la Tierra han existido variaciones en el clima, lo cierto es que esta es la primera vez que estas transformaciones no son producto de la naturaleza, sino de la mano del hombre.

 

Es una pausa, tan solo eso

La pausa tras el aleteo de la mariposa me ha permitido ver únicamente una foto. En ella, hay alivio, se descansa. Pero si vuelvo hacia atrás, el caos sigue siendo caos y si voy hacia adelante, sólo puedo apreciar fimágenes de proyecciones desahuciadas. Elijo quedarme atrás y recordar cómo empezó todo. ¿Acaso este aleteo de la mariposa es fortuito o habrá en él un aviso sin aliento?

Según la Convención de Naciones Unidas por el Cambio Climático, el cambio climático es “el cambio de clima atribuido directa o indirectamente a la actividad humana que altera la composición de la atmósfera global y que se suma a la variabilidad natural del clima observada durante períodos de tiempo comparables”. Si bien desde los orígenes de la Tierra han existido variaciones en el clima, lo cierto es que esta es la primera vez que estas transformaciones no son producto de la naturaleza, sino de la mano del hombre. Tal es así que en el 2016, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas planteó la necesidad de nombrar una nueva era geológica: “el Antropoceno”.

 

Para la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el cambio climático es “el mayor desafío de nuestro tiempo por lo que nos encontramos en un momento decisivo”. Según sus propias radiografías: de 1880 a 2012 la temperatura media mundial aumentó 0,85 °C. Los océanos se han calentado, las cantidades de nieve y hielo han disminuido y el nivel del mar ha subido. De 1901 a 2010, el nivel medio mundial del mar ascendió 19 cm, ya que los océanos se expandieron debido al hielo derretido por el calentamiento. La extensión del hielo marino en el Ártico ha disminuido en cada década desde 1979, con una pérdida de 1,07 × 106 km2 de hielo cada diez años. El 2019 fue el segundo año más cálido registrado en la historia mundial y el primero en la historia de Europa.

Los sucesivos informes de la ONU recalcan: “Debido a la concentración actual y a las continuas emisiones de gases de efecto invernadero, es probable que al final de este siglo la temperatura media mundial continúe creciendo por encima del nivel preindustrial. Así, los océanos se calentarán y el deshielo continuará. Se estima que el aumento del nivel medio del mar será de entre 24 y 30 centímetros para 2065 y de 40 a 63 centímetros para 2100 en relación al periodo de referencia de 1986-2005. La mayoría de los efectos del cambio climático persistirán durante muchos siglos, incluso si se detienen las emisiones” 

 


Pie de video: Video: El Secretario General, António Guterres, pide actuar contra el cambio climático.

 

El cambio climático trae consigo cambios impredecibles en los ecosistemas y su principal responsable es el modelo agroindustrial moderno y la expansión indiscriminada de la frontera agrícola. Los ecosistemas que mutaron a espacios de producción agrícola desde 1950 a 1980 fueron mayores a los del período 1700 a 1850. Es decir, en menos de treinta años hemos modificado más ecosistemas que en ciento cincuenta años. 

Según datos de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en los últimos cien años la pérdida de especies vertebradas fue mayor que la de los ochocientos años anteriores. Es decir, que, en el último tramo de la humanidad, hemos perdido tierras, hemos perdido una inmensa cantidad y variedad de biodiversidad y vamos camino a perder a nuestra propia especie. El 8 de agosto del 2019, la ONU alertaba: “La seguridad alimentaria se verá cada vez más afectada por el cambio climático futuro a través de la disminución del rendimiento agrícola, especialmente en los trópicos, con el aumento de los precios, la reducción de la calidad de los nutrientes y las interrupciones de la cadena de suministro. Veremos diferentes consecuencias en diferentes países, pero habrá un impacto más drástico en los países de bajos recursos en África, Asia, América Latina y el Caribe”. 

Los ecosistemas que mutaron a espacios de producción agrícola desde 1950 a 1980 fueron mayores a los del período 1700 a 1850. Es decir, en menos de treinta años hemos modificado más ecosistemas que en ciento cincuenta años. 

De regreso al aleteo de la mariposa. El estornudo de un ciudadano de Wuhan con un enemigo invisible camuflado, tampoco es casual, sino más bien consecuencia. En el artículo titulado: “Contra las pandemias, la ecología” y publicado por Le Monde Diplomatique en su edición de marzo, se argumenta: 

“Mal que les pese a los artículos que valiéndose de fotografías señalan a la fauna salvaje como punto de partida de epidemias devastadoras, es falso que estos animales estén especialmente plagados de agentes patógenos letales preparados para contaminarnos. En realidad, la mayor parte de sus microbios conviven con ellos sin hacerles ningún daño. El problema está en otra parte: en la deforestación, la urbanización y la industrialización desenfrenadas con las que hemos dotado a esos microbios de medios para llegar hasta el cuerpo humano y adaptarse”.

 

Y la reflexión continúa con soberbia precisión: 

“La destrucción de los hábitats supone una amenaza de extinción para muchas especies, entre ellas plantas medicinales y animales en los que nuestra farmacopea se ha basado tradicionalmente. Las que sobreviven no tienen más elección que dirigirse a los reductos del hábitat que la implantación humana les deja libres. Como resultado, crece la probabilidad de contacto próximo y repetido con los humanos, permitiendo así a los microbios huésped pasar a nuestros cuerpos, donde pasan de ser benignos a convertirse en agentes patógenos letales”.

 

Molinos de viento en el campo covid-19

 

Revolución verde o extinción

La foto pierde la pausa y empieza, aunque lento, a acelerarse. Hay quienes dicen que el Covid-19 llegó para cambiarlo todo, pero aquellos que han estado desde el día cero con la consciencia en el cambio climático saben que la lucha no termina, por el contrario, recién empieza. Y en esta lucha, el reloj tiene las horas contadas. 

Como lo ha expresado Greenpeace Argentina:

“El Covid-19 representa un peligro para la humanidad y el planeta. Las medidas temporales que se tomaron para enfrentar esta pandemia no parecen una respuesta duradera al desafío del cambio climático. Durante décadas, la tendencia general fue hacia un aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero, y las políticas implementadas están lejos de ser suficientes. Para reducir de manera sostenible las emisiones de CO2 debe revisarse el funcionamiento económico de nuestras sociedades, basado en actividades contaminantes y en la ampliación de las desigualdades”. 

Con más crudeza, el sociólogo y activista norteamericano Jeremy Rifkin, creador de libros como la Sociedad de marginal cero o La civilización empática y profeta del agotamiento del sistema capitalista, anunció en una reciente nota publicada en la revista digital española Ethic: “Estamos ante la amenaza de una extinción y la gente ni siquiera lo sabe”. En su relato, el asesor de gobiernos y corporaciones mundiales mencionó al Green New Deal, un conjunto de políticas públicas verdes destinadas al combate del cambio climático y la crisis financiera mundial inspirada en el New Deal lanzado por el ex presidente de EE.UU., Franklin D. Roosevelt a raíz del crisis de 1929 y en el inicio de la Gran Depresión.

De esta manera presenta este pensador este nuevo gran acuerdo verde:

“Lo primero que debemos hacer es tener una relación distinta con el planeta. Cada comunidad debe responsabilizarse de cómo establecer esa relación en su ámbito más cercano. Y sí, tenemos que emprender la revolución hacia el Green New Deal global, un modelo digital de cero emisiones; tenemos que desarrollar nuevas actividades, crear nuevos empleos, para reducir el riesgo de nuevos desastres. La globalización se ha terminado, debemos pensar en términos de glocalización. Esta es la crisis de nuestra civilización, pero no podemos seguir pensando en la globalización como hasta ahora, se necesitan soluciones glocales para desarrollar las infraestructuras de energía, comunicaciones, transportes, logística”.

Los términos para enfrentar los desafíos que significa el cambio climático, recrudecen. “Limitar el calentamiento a 1,5 °C es posible según las leyes de la química y la física, pero para ello se necesitan cambios sin precedentes”, dijo Jim Skea, copresidente del grupo de trabajo III del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Los escenarios hacia adelante son radicales, revolucionaros o no son. El Green New Deal aparece como alternativa. El plan que ha impulsado la dirigente y médica alemana Ursula von der Leyen, en los parlamentos de la Unión Europea y que ha irrumpido en el Congreso de Estados Unidos de la mano de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, propone descarbonizar la economía y reconciliar el progreso con la salud del planeta garantizando una economía limpia de emisiones cero.

“Tenemos que emprender la revolución hacia el Green New Deal global, un modelo digital de cero emisiones; tenemos que desarrollar nuevas actividades, crear nuevos empleos, para reducir el riesgo de nuevos desastres. La globalización se ha terminado, debemos pensar en términos de glocalización”. Jeremy Rifkin 

“El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Quizás ese aleteo sea una oportunidad en medio de una cadena de errores “íntimos”. Revertirlo se torna imposible porque nadie regresa a punto cero. Todo se transforma en función de los propios desafíos. La humanidad enfrenta la posibilidad última de cambio. O caminamos diferente, o nos caminarán encima. Con una sensibilidad exquisita, el fotógrafo, director y activista francés Yann Arthus -Bertrand nos regala el documental Terra, y en los últimos minutos, su guion nos recuerda la esencia: 

“Desde que existe el hombre, la historia de los seres vivos ha sido moldeada por su consciencia. Si se da un nuevo enfoque a la vida que nos rodea, si se restablece la consideración y el respeto por los demás seres vivos, se puede transformar mucho más. Ahora me estoy acordando, salvaje no quiere decir bárbaro, salvaje no se opone a la civilización, salvaje significa, simplemente, aquel que habita el bosque. Defender lo salvaje, defender el bosque es, en cierto modo, defender mi historia, mi planeta, mi casa interior. Cuanto más observo este mundo salvaje, más entiendo. Es el punto de referencia que falta en mi camino, sólo enemistado con mi civilización logré derrotar el hambre, proteger a los míos. Pero hoy esta carrera me está destruyendo. Si aprendo de nuevo a vivir en armonía con esta vida salvaje, me renovaré como ser humano por el propio bien y el de los míos, protegeré a mi propia especie. Ese amor por los seres vivos lo llevo en alguna parte de mi ser. Es ese amor que aún habla con mi alma de niño, es ese amor el que me estrecha el corazón cuando siento el vacío de la muerte. Déjenme, entonces, abrir los ojos ante el mundo y mirarlo con respeto”.

 


Fotos: Portada, Fateme Alaie;  foto 2: Jasper Wilde; foto 3, Rawfilm (Unsplash). Foto 1: NASA.

 


Constanza Soler

Coordinadora Editorial de Hojas de Inspiración. Comunicadora Social, especializada en Sostenibilidad. Ha sido colaboradora de los medios Los Andes, El Sol, Filosofía Aquí y Ahora y el Canal Encuentro. Ha acompañado iniciativas con propósito como Quinto Impacto y Mendoza+B.

 

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