De balcones, vínculos y aislamiento

Aplaudir: Chocar repetidamente las palmas de las manos una contra la otra como muestra de aprobación, admiración o acuerdo con una persona o con lo que hace.

Balcón: Plataforma que sobresale de la fachada de un edificio a la altura de un vano y está protegida por una barandilla o un muro bajo.

(Real Academia Española)

 

Por: Mauricio Manini

Al escribir estas líneas desde España, ya se ha cumplido más de un mes de aislamiento en esta y otras tantas tierras. Y de todos los temas que pueden abordarse, innumerables como las cosas que está cambiando esta pandemia, elegí llevar mi atención hacia un fenómeno que ocurre a diario desde el inicio del confinamiento a las ocho de la noche: el aplauso y las nuevas formas de sociabilizar a través de los balcones.

Llegué a España en octubre de 2019 y me instalé en un departamento de Granada, al sur del país. En cinco meses de estar aquí, no crucé palabra con mis vecinos, hasta que de repente un mensaje en un grupo de WhatsApp dio el aviso: “Hoy a las 20:00 horas donde sea que estés salimos a aplaudir al personal sanitario en esta lucha”. Ese mensaje inició un ritual que le pondría rostro y voz a los desconocidos con quienes convivimos en un mismo barrio. 

Fue así como a la izquierda de mi balcón conocí a Juanjo, un abogado joven que vive con su novia y con quien ya estamos planeando preparar un asado argentino, apenas termine la cuarentena. Intercambiamos teléfonos y hasta enviamos videos y memes sobre el coronavirus, con el ingenioso humor español.

A la derecha de mi balcón descubrí a Yolanda y a su familia. Es una señora simpática que ahora dedica su tiempo a confeccionar batas para el personal médico, como forma de mantenerse ocupada hasta que pueda regresar al trabajo. Me cuenta sobre los inquilinos anteriores y me da consejos para ocupar la mente, además de preguntarme cómo voy llevando el aislamiento.

“Aplaudimos todos los días a las ocho para sentir que no estamos solos y para fortalecernos en nuestro aislamiento”, Luis Ayuso, sociólogo.

En la terraza del frente, ya más lejanas, madre e hija salen a aplaudir con su perrita en brazos, de modo que la mascota también pueda ver a los otros aplaudidores y sumarse con algún ladrido. De fondo, resuena la canción Resistiré y algunos gritos de “¡Vamos!” o “¡Ya queda menos!” Este aplauso que al comienzo se ofrecía a personal médico y de enfermería, después se extendió a la guardia civil, los bomberos, los barrenderos y quizás a alguien más sin darnos cuenta

En una entrevista al sociólogo Luis Ayuso, de la Universidad de Málaga, le preguntaron si en este choque de palmas había también una necesidad de recuperar una sensación de pertenencia. Su respuesta fue: “Ese aplauso, en realidad, es un aplauso a nosotros mismos como sociedad. Hay una necesidad de ver al de al lado. Aplaudimos todos los días a las ocho para sentir que no estamos solos y para fortalecernos en nuestro aislamiento. El mayor castigo para el hombre es la soledad”. 

Balcones coloridos en Europa, con pared roja.

 

El alba entra por el balcón

Ya fuera en una terraza, una ventana o un simple hueco en la pared, los balcones han sido escenarios significativos de la cultura española, como se evidencia en su literatura. Lo anterior se evidencia en las palabras de Federico García Lorca en su poema Despedida

Si muero, dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas. (Desde mi balcón lo veo).

El segador siega el trigo. (Desde mi balcón lo siento).

¡Si muero, dejad el balcón abierto!

 

Un amigo argentino que vive Madrid me cuenta que en estos días su empresa adoptó el teletrabajo y las personas desde las ventanas de sus casas se suman a los agradecimientos. “De hecho, en los asilos de ancianos si hay balcón la gente del personal sanitario sale a saludar. A veces, a las 21:00 horas también suele haber gente haciéndole cacerolazo (un modo de protesta) al gobierno”.

Un “francotirador” con una pistola de agua; dos muchachos jugando paddle desde la ventana; un policía que baila una coreografía infantil, y mucho más…

Las nuevas formas de socialización van más allá de los aplausos, las conversaciones y las palabras de aliento. En uno de varios reportajes de la Radio Televisión Española (RTVE), se pueden apreciar pequeñas historias desde la calle hacia el balcón: un pintor que cambió sus temáticas para retratar ahora a seres queridos; una estudiante que intenta adaptarse al nuevo sistema virtual; las miradas curiosas desde las ventanas, y una pareja de músicos que ofrece recitales líricos ante los vítores de sus vecinos. 

Desde Barcelona, el periodista Albert Fernández publicó un artículo donde recopilaba algunas excentricidades sobre lo que llamó “entertainers” de balcón: “Los locos de las azoteas están dispuestos a practicar nuevas coreografías del apocalipsis. Uno de los grandes jefazos virales es el Dj Albert Valls, capaz de convertir su balcón en una verdadera discoteca, con sus luces y su humo”, narra el periodista.

Entre otras curiosidades que relata Fernández se encuentran personas cantando (¿gritando?) a capela temas pop internacionales; músicos que tocan a distancia la banda musical de la película Titanic; una muchacha que grita a los transeúntes para que vuelvan a sus casas; un “francotirador” con una pistola de agua; dos muchachos jugando paddle por la ventana; vecinos jugando al bingo desde lejos; un policía que baila una coreografía infantil y mucho más…

 

Volviendo a Granada, una amiga y periodista chilena llamada Francisca me cuenta que casi no había conocido ningún vecino hasta que iniciaron las salidas a aplaudir: “De hecho, en el edificio de enfrente, que tiene unos veinte pisos, nunca había visto a nadie. Al principio de los aplausos vi tres personas, después seis, y así cada día más gente sale a las ventanas a aplaudir y nos saludamos. Faltan diez minutos para las ocho y ya ves gente asomada a los balcones esperando”. 

En el barrio de Francisca hay hasta un vecino que se encarga de la música, con el himno español y Resistiré a pleno, seguido de Color Esperanza” o algún tema de reguetón. Incluso, en los días de Semana Santa sonaron las marchas religiosas referidas a esos días, pues en Granada las procesiones son una impronta cultural. 

 

El contraste italiano

Según el mapa interactivo de la Universidad Johns Hopkins al 18 de abril, España contaba con 191.726 casos y 20.043 muertes, y junto a ella el país más afectado en Europa era Italia, con 172.434 casos y 22.745 fallecidos. Si bien los italianos poseen una cultura latina bastante similar a la española y fueron los primeros en sorprender con sus cantos en los balcones, la preocupación, el dolor y el miedo reemplazaron poco a poco el entusiasmo. 

“Ahora si sales incluso con una razón justificada parece que estuvieras cometiendo algo equivocado, hay un aire pesado”, Daniele de Bérgamo, Italia 

Así me lo confirma Daniele, un estudiante italiano que conocí en uno de sus viajes por Andalucía. Él vive en Bérgamo, la zona más afectada del país, y agradece estar bien con su familia, mientras cursa la universidad de manera online. “Básicamente, al principio en casi toda Italia la gente cantaba, salvo precisamente en las áreas más afectadas, o sea aquí en Lombardía. En las demás regiones probablemente la gente no se veía tanto en peligro”, explica.

Daniele cuenta que las escenas más vistas en los medios fueron en el centro y sur de Italia, pero mucho menos en el norte. La tensión individual se trasladó al ámbito social: “Ahora si sales incluso con una razón justificada parece que estuvieras cometiendo algo equivocado, hay un aire pesado. En un grupo de mi pueblo, la gente empezó a colgar fotos de gente que está afuera ‘sin motivo’, según ellos”. El tema económico parece ahora una preocupación tan fuerte como la sanitaria. 

Balcones con muchas plantas.

 

Federica es otra amiga italiana, aunque de Florencia, en el centro del país. Ella aclara en principio que las realidades son distintas en zonas con mayor desventaja económica como el sur, aunque hay iniciativas del gobierno y de ciudadanos que colaboran para comprar alimentos a los más necesitados. En cuanto al aislamiento, considera que “sobre todo las personas mayores son reacias a quedarse en casa (¡incluyendo a mi abuela!)”.

Respecto a los balcones, la joven cuenta que en algunos pueblos cantan el himno, pero “ya no está el entusiasmo que había al comienzo”. De todas formas, los italianos “han entendido el arduo trabajo que hace el personal sanitario y lo complementan de otra forma, como algunos chefs famosos que se han puesto a disposición para cocinarles”. Otro gesto es la bandera tricolor, que se refleja en balcones y en la iluminación de iglesias y monumentos como el Ponte Vecchio de Firenze. 

“Lo importante ahora es quedarse en casa, esperar que todo vaya mejor y pueda acabar rápidamente”, concluye Federica. Lo mismo espero yo desde mi hogar, saliendo cada día a las 20:00 al balcón y aplaudiendo con mis vecinos para agradecer y darnos fuerzas unos a otros. 

Fotos: Manuel Peris Tirado/Nrd/Simone Baldo, Unsplash.

 


Mauricio Manini Williams

Mauricio Manini Williams

Comunicador social, viajero latinoamericano de vocación periodística. Ha redactado para Diario Los Andes y otras publicaciones de su natal Mendoza. Diplomado en Herramientas Educativas para el Siglo XXI. Ha sido docente y capacita en oratoria y debate. Ha acompañado como coach el proceso de las charlas TEDxPaseoAlameda.

 

Noticias recomendadas
Contáctanos

Si tienes alguna sugerencia o si conoces alguna historia inspiradora.

Nenas jugando en la playa de Perú con tablas de windsurf.