El arte como expresión del alma: Alejandro Herrera Guiñazú

Por: Marian San Martin

Al artista plástico Alejandro Herrera Guiñazú sus amigos lo llaman “El Ale que vuela”. Recibió este sobrenombre porque es uno de los parapentistas con más trayectoria en Mendoza y desde hace veintiséis años ha volado de forma ininterrumpida.  En sus trabajos fusiona piedras y vidrio, creando obras capaces de conectar con la sutil historia la tierra: “He tratado de resaltar la belleza silenciosa escondida en estas hermosas piedras, agregando magia y transparencia a través del vidrio, pero manteniendo sus formas originales que me han inspirado” (de su trabajo Intervenciones).

Herrera Guiñazú entra dentro de esa categoría de “gente que vive de lo que ama y ama de lo que vive”. Ha obtenido importantes reconocimientos nacionales e internacionales, balanceando la fidelidad a sus sueños y sus dones en un hermoso equilibrio. En esta entrevista, nos invita a viajar de las piedras al cielo y a compartir su vuelo.

Marian: Desde tiempos inmemoriales existe una idea que asigna al arte la facultad de conectarse con niveles sutiles.

Alejandro Herrera: Por supuesto, el arte es una expresión del alma. En mi caso, lo que estoy transmitiendo es justamente una sensación, lo primero que sentís al verla. Y esa sensación procuro que sea similar a un “mensaje espiritual”. Ese es el real mensaje de esa obra y para transmitirlo hay un trabajo detrás que empieza con la meditación diaria, así como el trato con la piedra y el vidrio. Eso mismo se va exponiendo a la obra, con la intención de que sea lo primero que experimenta la persona cuando la ve.

Semilla de Isidris por Alejandro Herrera Guiñazú.

“Semilla de Isidris”

¿Como artista, te sentís parte de una época?

Sí, de la época del vidrio. Me siento uno de los pioneros en Mendoza, a pesar de que no lo soy, porque hay artistas que empezaron mucho antes. Me siento pionero en la forma como se plantea, con la responsabilidad con la cual se está haciendo el trabajo.

Hoy soy parte de un grupo de diez artistas seleccionados para representar a Argentina en Italia, en el Museo dell’Arte Vetraria Altarese, como exponentes del arte en vidrio contemporáneo del país. En el museo cuentan la historia de la inmigración italiana en la Argentina y cómo vivían los inmigrantes que trajeron las primeras industrias del vidrio. En ese contexto, un curador propuso contar cómo eso había impactado en la Argentina y fuimos seleccionados para donar una obra.

¿En el proceso creativo, sientes que la obra plasma una visión?

Sí, totalmente. En mi caso siempre es así, la gente habla de “un momento de creatividad”. Son distintos los nombres que usamos para ese momento donde llega esa información. Hay ocasiones en las que estás distraído o desconectado, entonces las ideas se pierden. Eso me ha pasado en varios momentos.

Hace días que he tenido el mismo sueño, del cual me han quedado colores, en un determinado orden, y lo tengo patente. En otros instante, esta experiencia me ocurre despierto y entonces es más divertido, porque puedo manejarlo e incorporar elementos. Esta experiencia requiere estar muy presente.

Ahora que han pasado varias series puedo mirar hacia atrás y darme cuenta de que existe en mis obras un hilo conductor. Tiene que ver con la conexión del ser humano con el cosmos o de este planeta con el cosmos.

¿Qué herramientas has ido encontrando y desarrollando para escuchar más esa parte tuya?

Desde niño siempre fui así. Desde mi nacimiento y hasta los nueve años viví en la montaña. A los cinco años, me decían “Brujito”, porque si a alguien le dolía el estómago yo iba a buscar la yerba paico y le decía “esto es para la panza”. Creo que hubo un momento, en la adolescencia, cuando me olvidé de esa conexión, puede haber sido por las relaciones sociales, la escuela, no sé muy bien, nunca fui al psicólogo (risas). Después volvió.

¿Cuándo comenzaste a volar en parapente?

Siempre fui muy aéreo. Mi mamá dice que me subía a los techos y a los árboles, para luego lanzarme. A los catorce años, vi que mi papá estaba haciendo el curso de parapente y dije: “Quiero hacer eso”. Él, con inocencia, no sabía lo que estaba haciendo y aceptó. Desde entonces nunca paré de volar.

Para mí, el parapente no es un deporte tan peligroso como la gente cree. Considero que la clave es hacer las cosas con responsabilidad y respeto. Hasta ahora me ha resultado. No quiere decir que sea infalible, pero en veintiséis años que llevo volando, nunca he tenido un accidente. He estado a punto de tenerlo y siempre ha sido cuando le he faltado el respeto a la “Pacha”, a la tierra. Ella te da señales, los errores se dan cuando uno falta ese respeto.

¿Volviendo a tu obra, qué etapas podrías reconocer en ellas?

Reconozco etapas y todas están catalogadas en series. Ahora que han pasado varias series puedo mirar hacia atrás y darme cuenta de que existe en mis obras un hilo conductor. Tiene que ver con la conexión del ser humano con el cosmos o de este planeta con el cosmos.

Un camino violeta por Alejandro Herrera Guiñazú.

“Un Camino Violeta”

¿Cómo llegas a la técnica de vidrio y piedra?

Lo vi por primera vez en el trabajo de una de mis compañeras, en Estados Unidos, a donde fui una semana cada año durante cinco años. Ella había hecho un experimento con una piedra pequeña cortada por la mitad con un vidrio adentro, como un adorno. Eso me abrió la cabeza y salté a la escultura, que tiene otro concepto.

Ella había llegado a ese tamaño, porque un poco más grande se rompía. Los mismos profesores me dijeron que era imposible, y efectivamente, con el pegamento con el cual aprendí se rompía, porque el exceso de fuerza lo quebraba. ¿Qué hice yo? “Criollo” y con pocos recursos, experimenté con una resina de menor calidad. Entonces descubrí que esa menor resistencia hacía que no se rompiera. Hoy en día, la fábrica donde empecé a comprar el pegamento ya desarrolla uno para pegar vidrio con vidrio y en su página web hay una escultura mía como ejemplo.

¿En qué estás trabajando ahora?

En esta época, por primera vez desde que vuelo, me he tomado tres meses para volar. Es como si estuviera de vacaciones, pero me dije: “¿Por qué me tengo que ir de mi lugar para estar de vacaciones?” Entonces, si el día está bueno para volar voy a volar, mañana me dan ganas de hacer una escultura y trabajo un tiempo haciendo una escultura. El vuelo, personalmente, es lo que me carga la batería. Ahora estoy recargando.

“Intervención Violeta”

¿En tiempos de creación, cuál es el método de trabajo?

Soy muy metódico. Igual mis tiempos siguen igual, trato de no perderlos. Todos los días me levanto a las siete de la mañana, a las ocho estoy abriendo el taller, como si estuviera trabajando. Barro, preparo, ordeno, miro mis proyectos y voy haciendo un mínimo trabajo, pero que no se sienta como un trabajo. En cambio, cuando estoy produciendo, a las ocho sigo un plan de trabajo, trabajo tres horas en la mañana y tres horas en la tarde. Seis horas de pie es mucho tiempo.

¿Qué tan importante son la la constancia y la disciplina en tu trabajo?

Son necesarias. Todo depende de tu intención, si tu intención es poder vivir de esto es necesario que poner un mínimo trabajo, porque el trabajo rinde frutos. Ahora estoy volando, pero tengo un plan de trabajo y varias actividades planeadas para hacer cuando termine la temporada de vuelo. Mientas tanto, estoy a media máquina y tengo una gran parte de la obra hecha, porque trabajé con rigor durante el invierno.

¿Te reconocés como un crítico estricto de vos mismo?

Totalmente. Estoy casi al borde de la obsesión y creo que ese orden me ayuda a ordenar también la cantidad de personalidades que me habitan (risas). Siento que soy ordenado y quizás ese “casi obsesivo” es lo que mantiene mi equilibrio, totalmente personal. Todos tenemos una esencia, yo soy quien soy desde niño. Creo igual que mi esencia ha sido cuidada por esa vida en la montaña; por eso, para mí la vuelta a la “Pacha” es la forma. El suelo es el que te va a volver a conectar.

Fotografías: Nicolás Ferrara Burgos (Obras) / Alejandro Herrera Guiñazú (Parapente).

 


Mariángeles San Martín escribe para Hojas de Inspiración.

Marian San Martín

Licenciada en Comunicación Social. Enfocada en proyectos con Propósito, con especial atención en la filosofía quiropráctica, los saberes ancestrales y el enfoque integral del Ser. Ha trabajado en producción de cine y televisión, para proyectos de arte, cultura y organización social.

 

Noticias recomendadas
Contáctanos

Si tienes alguna sugerencia o si conoces alguna historia inspiradora.