El arte de diseñar objetivos poderosos

Por: Oscar Niemetz

Cada comienzo de ciclo solemos fijarnos objetivos. Pasa el tiempo, muy rápido por cierto, y de los objetivos previstos, nada. No los cumplimos e hicimos poco para lograrlos. Íbamos a hacer deporte, a mejorar nuestro rendimiento laboral, a incrementar nuestras redes de contactos, a terminar nuestra carrera pendiente… Y nada.

Perdernos en el camino, olvidar nuestras metas, distraernos de nuestro plan y postergar (procrastinar es ahora la palabra de moda) son situaciones generalizadas. En este texto quiero esbozar algunas estrategias para generar y diseñar objetivos.

Vamos a suponer que me fijo el objetivo postergado de terminar y presentar una tesis de licenciatura. Cada año me he propuesto esta meta y la abandoné una y otra vez. Entonces digo: “Mi objetivo para los siguientes seis meses será terminar la tesis de la licenciatura”.

Como se ve claramente en este caso, sólo estoy diciendo “qué quiero” conseguir. Pero esto no es suficiente. Nuestro cerebro necesita otros ingredientes para producir la energía suficiente, que nos ayude a fidelizarnos con el objetivo. Además del “qué quiero”, será necesario responder otras dos preguntas:

1. ¿Cómo lo quiero?: La respuesta nos dará contexto, contenido, forma y fondo, imagen. Será el mapa para lograr el “qué”. Un auténtico organizador del camino por emprender. En el ejemplo de la tesis podría decir: “Quiero terminar la tesis de licenciatura en los siguientes seis meses, investigando autores europeos, leyendo dos horas todas las noches y escribiendo en las mañanas temprano”.

2. ¿Para qué o para quién lo quiero?: Responder esta interrogante generará sentido, propósito o misión (las palabras son sutiles, así que elegiremos aquella con la que nos sintamos más identificados). Cada iniciativa, por sencilla que sea, si tiene un “para qué o un para quién” será más simple de emprender. El propósito redobla nuestra determinación y cuando nos damos cuenta estamos llegando a metas que no estábamos seguros de alcanzar. Hace más de 80 años, Viktor Frankl hablaba de esto: darle sentido a lo que nos sucede. Volviendo al ejemplo que estamos siguiendo podríamos decir: “En los siguientes seis meses quiero terminar la tesis de licenciatura (qué) investigando autores europeos, leyendo dos horas todas las noches y escribiendo en las mañanas temprano (cómo), para mejorar mis posibilidades de crecimiento en la empresa (para qué)”.

Persona saltando debajo de un árbol en el amanecer.

 

Este objetivo está mejor formulado, pues contesta las tres preguntas. Además tiene un diseño personal, estudiado y proactivo, que suele ser motivador.

Pensemos en los objetivos y formulémoslos de esta manera, respondiendo a las tres preguntas, y veremos cómo será más fácil seguirlos día a día. Debemos fabricar las ganas y esta es una ayuda esencial.

Cuando tengamos los objetivos correctamente formulados, es conveniente iniciar el listado de actividades necesarias para cumplirlos. Las actividades nos acercan al objetivo último. Son pasos dentro del camino. Dentro del ejemplo que venimos siguiendo:

  • Conseguir un libro
  • Entrevistar a un experto
  • Consultar al profesor tutor de la tesis
  • Escribir un resumen en una semana

 

Diseñando objetivos poderosos

Una vez hemos generado nuestras metas de una manera consciente, proactiva y sobre todo apasionada, y lo hemos precisado a través de las preguntas: qué, cómo, para qué o para quién lo quiero, es tiempo de diseñar nuestro objetivo poderoso.

Los dos pasos iniciales son la expresión y el enamoramiento. Primero, nunca dejemos el objetivo en la cabeza y nada más: expresémoslo, escribámoslo o dibujémoslo. Saquémoslo del caos que suele ser la cabeza (llena de ruido, emociones y pensamientos) y pongámoslo en un papel que miremos permanentemente. Segundo, enamorémonos del objetivo: cumplamos las actividades programadas como si fueran un regalo que nos estamos haciendo. Sean las que sean, sintamos pasión por nuestras metas.

Lo que vayamos a hacer, lo haremos por nosotros mismos, no por la familia, amigos o entorno. Aunque ellos puedan ser los beneficiarios directos, somos nosotros quienes libremente, llenos de alegría, “decidimos” trabajar en determinados objetivos.

Una vez comprendidos y aplicado estos dos pasos, será posible indagar con mayor profundidad y claridad nuestros objetivos. A continuación quiero compartir cinco claves que debería tener su objetivo para ser poderoso y ayudarlo a no desertar en el camino.

1. Debe estar siempre formulado en términos positivos:

Nunca formule objetivos como: “Quiero ser menos ansioso” o “No quiero trabajar en eso”. Nuestro cerebro no reconoce el “NO” y, por lo tanto, no ayudará en el proceso. Esta puede ser una de las explicaciones de por qué nos cuesta tanto hacer dieta o dejar de fumar. Decimos a nuestro cerebro “No debes comer” o “No debes fumar”, y cuando nos damos cuenta, estamos con el dulce de leche en la mano o el cigarrillo entre los dedos.

2. El objetivo debe estar definido y evaluado según evidencias basada en los sentidos:

Esto significa que nuestra visión debe estar perfectamente clara desde nuestro aspecto sensorial. Qué queremos ver, oír, tocar, oler, saborear, etc., cuando logremos el objetivo propuesto. Cuanto más claras estén para nosotros las evidencias, más fácil será nuestra elección del camino para lograr el objetivo.

3. El objetivo debe ser iniciado y mantenido por la persona que lo desee:

En la primera parte del artículo mencionamos la importancia del “para qué y para quién”. Sin embargo, cuando planteemos objetivos deberíamos hacerlo siempre sabiendo que son nuestros propios objetivos y no los de otra persona. Lo que vayamos a hacer, lo haremos por nosotros mismos, no por la familia, amigos o entorno. Aunque ellos puedan ser los beneficiarios directos, somos nosotros quienes libremente, llenos de alegría, “decidimos” trabajar en determinados objetivos. Lo anterior lo sabremos fácilmente: esforzarse en el trabajo que requiere nuestro objetivo nos llenará de alegría y motivación.

4. El estado deseado debe preservar cualquier subproducto positivo del estado presente:

Suena complicado, pero no lo es. Tenemos un estado actual y pretendemos estar en otro estado. A este último lo llamaremos “estado deseado”. Si hemos pasado tiempo sin trasladarnos de un estado a otro, aún cuando pareciera que el estado actual era malo, quizá tenía algo bueno. Por ejemplo: tenemos sobrepeso y no decidimos adelgazar durante mucho tiempo. Hoy nos proponemos hacer dieta. Preguntemos: “¿Qué cosas buenas tenía para mí tener sobrepeso?” Tal vez nos calmaba la ansiedad comer chocolate o nos protegía del mundo. Cada uno en el fondo lo sabe. Es necesario aclararlo muy bien, porque no queremos llegar a estar delgados pero angustiados.

5. Apropiadamente contextualizado para encajar con la ecología del sistema que lo rodea:

Podemos proponernos los objetivo que queramos, pero es importante recordar que vivimos en grupos humanos (o en equipos, preferiblemente). Un cambio en nosotros producirá cambios en el entorno donde nos movemos. Ser ecológico significa respetar ese entorno que se verá modificado por nuestra intervención. Siguiendo el ejemplo de la persona con sobrepeso que quiere adelgazar, debería pensar que su familia no está a dieta, si no él. Por ello, no debería exigirles que omitan postre para que él no se tiente.

Con este conocimiento de Diseño de Objetivos, puede ponerse a trabajar y verá cómo comienza a apasionarse con los propósitos y no los abandona en el camino.

Recuerde la frase de Henry Ford: “Si cree que puede o si cree que no puedes tiene razón”.


Oscar Niemetz

Coach de equipos, Coach psicológico integral y pratitioner en PNL. Consultor de empresas y fundador de Potencia Ene, consultora de coaching y PNL. Propone en sus formaciones un trabajo sinérgico y sistémico para enriquecer el observador interno de la vida.

 

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Cascada de agua en la selva verde.