Fabiana Fondevila: La heroína del asombro

Por: Lakshmi

Ella me citó en un café en San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Me había invitado a su casa, pero después de pensarlo un poco, me dijo: “Mejor veámonos en un café al que voy a trabajar, porque mi casa está llena de hijos y mascotas”.

El lugar de encuentro tiene anexo un Museo del Juguete, al frente hay un prado donde pace un pájaro carpintero y la arboleda parece absorber los motores de los autos. Mientras la espero, me imagino a Fabiana escribiendo en este sencillo café, elevando su mirada para hacerla un poco más verde y regresando a las palabras, para de algún modo agradecer por “eso” que la naturaleza despierta en ella.

Llegó en vestido ocre, con pelo suelto y una sonrisa amplia. Traía un maletín abultado y me explicó que después de la entrevista se quedaría escribiendo. Entonces  percibí su deleite por esa cita íntima que viviría. Fabiana Fondevila tiene esa mezcla misteriosa que caracteriza a   las sabias (o como ella preferiría: las “savias”, “porque suena más cercano y terrenal”). Es tierna en el trato, pero firme en su actuar; demuestra sencillez al andar, pero es elegante en cada expresión; tiene una cercanía con la pureza de la infancia, aunque sus ideas son fruto del discernimiento de una intelectual.

Nació en el seno de una familia atea, pero ha navegado con rigor y entusiasmo diversas tradiciones espirituales. Sin embargo, ha encontrado en el asombro un camino hacia su sacralidad. Es facilitadora de procesos interiores profundos; no obstante, su consigna es pasar de la “inspiración a la acción”.

En su búsqueda por unir la inspiración con el servicio, esta reconocida autora y oradora  argentina ha sido parte de diversos proyectos de índole social. Entre ellos, colaboró con la doctora Mariana Attwell en la creación de la iniciativa “Voluntarios en Acción” del Hospital Italiano, que ofrece acompañamiento espiritual a personas en el final de su vida, y hoy trabaja con un equipo para diseñar Domos sustentables, para ofrecer servicios a las personas sin hogar de la ciudad de Buenos Aires.

Además de su extenso trabajo periodístico y su colaboración permanente en medios como la Revista Sophia, en 2018  publicó el libro Donde vive el asombro. En el 2017, su novela Ana despierta ganó el segundo Premio Sigmar para Literatura Infantil y Juvenil, y estas dos obras se sumaron a sus otros doce libros dirigidos a niños. Es creadora de talleres de trabajo personal donde ayuda a “dar a luz lo más auténtico de las personas para ponerlo a disposición del mundo”. Ha encontrado en el cultivo de las emociones esenciales como el asombro, la alegría, la compasión y la gratitud, claves para acompañar personas, grupos y organizaciones en procesos de armonización y fortalecimiento de vínculos.

Pero quizás su mayor virtud es inspirar a otros a “reconectarse con la naturaleza y vivenciar el misterio que habita en el corazón de la vida”. En esta primera entrevista de la iniciativa Savias, para Hojas de Inspiración, conversé con la escritora, la intelectual, la periodista, la analista, la mujer acompañante de mujeres, la humilde investigadora, la amante de los pájaros y la sensible buscadora espiritual.

Me conecté con lo “mágico” en la Naturaleza, lo mágico en el sentido profundo, no relacionado con el pensamiento mágico, sino con la maravilla, el asombro y el encuentro con aquello que se vislumbra en los fenómenos de la Naturaleza.

Lakshmi: En tu libro Donde vive el asombro invitás al cultivo de lo sagrado en la vida cotidiana a través de nueve estaciones. ¿Cómo se fue tejiendo la red en tu vida para llegar a comprender a conectarte con la existencia desde esta visión profunda? ¿Existió algún momento crucial?

Fabiana Fondevila: Para mí ha sido más un proceso, un cúmulo de experiencias que fue formando una visión. La visión se formula a posteriori, de la misma forma que cuando uno escribe y después se da cuenta de que hubo un hilo conductor. He sido una buscadora y durante mucho tiempo indagué en distintas tradiciones de sabiduría. Vengo de una familia mitad católica y mitad judía, pero mis padres eran ateos y no propiciaban este tipo de exploraciones. Entonces el camino fue largo, porque no tenía lugares donde abrevar.

En mi niñez y adolescencia sentí una gran inquietud y todavía conservo los diarios que guardan esas exploraciones. Al crecer, diría que dejé esta búsqueda en suspenso, para concentrarme en el mundo. Estudié Ciencias Políticas, preocupada por cuáles eran los sistemas que podían garantizar más justicia, equidad y defensa de derechos. Por más de dos décadas, ejercí con pasión el periodismo. Esta larga exploración en algún momento me empezó a quedar corta y sentí de nuevo una necesidad de ir a un lugar más hondo, más allá de las vicisitudes políticas y sociales.

Así reapareció la primera búsqueda, creo que de la mano de mi primer embarazo. Siento que hay puntos de inflexión donde frenamos el hacer y empieza a florecer el ser. Ahora que lo digo pienso en el “viaje de la heroína”, no en el sentido del heroísmo, sino en relación con ese recorrido que a veces hacemos las mujeres en la vida laboral. Al comienzo queremos encontrar un lugar en el mundo, tener una profesión o un cierto reconocimiento. Después de eso, cuando ya logramos algo de eso, suele aparecer un deseo más profundo, que al principio no tiene nombre y es difícil de asir. No obstante, en mi caso fue claro que era un impulso de tipo espiritual.

En esa búsqueda exploré el judaísmo, por mi ascendencia materna, y me encantaron algunos ritos, sobre todo el ánimo celebratorio de la vida. Después me acerqué al budismo, porque era una filosofía más libre de dogmas. Aprendí a meditar, pero me faltaba un aspecto más devocional. No terminaba de aterrizar y sentía frustración, porque lo que buscaba, en ese entonces, era un linaje al que pertenecer.

Retrato de Fabiana Fondevila.

¿Cuándo comienzas a encontrar tu sendero, dónde empiezas a “aterrizar” este impulso interior?

Después de estas búsquedas y otras más, comenzó a sucederme algo interesante. Para criar a mis hijos me había mudado a una zona más verde de la ciudad. Ahí empecé a reencontrarme con una vieja pulsión, un deslumbre con la naturaleza que había aparecido tempranamente en mi vida.

Me conecté con lo “mágico” en mi entorno, lo mágico en el sentido profundo, no relacionado con el pensamiento mágico, sino con la maravilla, el asombro y el encuentro con eso inasible que subyace a los fenómenos naturales. Tuve la oportunidad de compartirlo con mis hijos y ellos también se enamoraron de ese mundo. En esta experiencia no había credo ni era necesario albergar creencia alguna: era pura vivencia. En esta relación no hubo dudas, y allí me encontré con el misterio, con lo Divino.

Al comienzo de mi libro incluí un fragmento de una poesía de Mary Oliver, que sintetiza mucho: “Instrucciones para vivir la vida. Prestar atención. Rendirse al asombro. Contarlo”. Con eso solo hay una vida para mí. Si solo hacemos eso, a mí me alcanza.

Además de esta relación íntima con la naturaleza, ¿encontraste algunos mentores en tu camino de autodescubrimiento?

En mi camino me fui dando cuenta de que necesito una mirada capaz de englobar las dualidades, las luces y las oscuridades, la alegría y el dolor. Eso lo encontré en dos grandes autores que han sido mis luminarias, a veces los pienso casi como un padre y madre espiritual: el mitólogo Joseph Campbell y la poetisa Mary Oliver.

Campbell me abrió la puerta para entender el mundo desde una mirada mítica, que para mí es una visión más comprensiva y amplia de la vida. Tiene raíces profundas y espirituales, pero no exige ningún falseamiento de la realidad: permite hablar en términos de metáforas y arquetipos, no se limita a lo fáctico. Estas son figuras que habitan en nuestro inconsciente, en nuestra imaginación, y son enormemente nutritivas y verdaderas en lo profundo.

Por su parte, Mary Oliver, quien falleció el año pasado, significó encontrarme con alguien que ponía en palabras aquello que yo sentía. Sus poemas son una invitación a percibir el asombro presente en lo más pequeño y cotidiano.

En los últimos años, fue una tarea gratificante para mí traducir tantos poemas de Mary Oliver e introducir a tantos a su obra, que para mí fue un camino de ida. Hoy casi no necesito leerla, porque llevo puesta su mirada, que espeja la mía. Ella es una poetisa devocional y naturalista, y me enamoró esa conjunción de espiritualidad y naturaleza. Su obra denota devoción por el mundo natural, pero no lo edulcora; no es la visión de un universo bucólico, benévolo y perfecto.

Al comienzo de mi libro incluí un fragmento de una poesía de Mary Oliver, que sintetiza tanto: “Instrucciones para vivir la vida. Prestar atención. Rendirse al asombro. Contarlo”. Con eso solo hay una vida para mí. Si solo hacemos eso, a mí me alcanza.

Libro Donde Vive el asombro de Fabiana Fondevila.

En tu trabajo hay una reflexión e invitación continua a la gratitud. ¿Cuál es el lugar que ocupa este sentimiento en tu perspectiva espiritual y cuál es la relación con el asombro?

La gratitud también ha sido una emoción espiritual dominante. De hecho, mi primer libro iba a tratar sobre este tema, pero entonces encontré la obra del Hermano David, un exquisito divulgador de esta virtud, a quien tuve el privilegio de entrevistar, y con quien hoy me une una amistad que atesoro. Sigo cultivando la gratitud como práctica, pero con el tiempo me di cuenta de que en mí vivía con más intensidad el asombro, que de algún modo siento como un momento previo (y un gatillo) a la gratitud.

Desde hace algunos años, los científicos vienen investigando el asombro y lo describen como aquello que acontece cuando nos encontramos con algo tan vasto en tamaño, número o cualidad que nos detiene. Nos frena y nos obliga a reconfigurar nuestros esquemas mentales. Frente al asombro necesitamos volver a pensar, porque eso que estamos viendo no se ajusta a nuestra comprensión. Retenemos el aliento, como si quisiéramos hacer lugar para eso que no entra. Esa ha sido una constante en mi vida desde muy niña, esa sensación de que todo me sorprende, me maravilla y no hay cansancio. Cada día el pájaro me vuelve a maravillar como la primera vez.

El asombro nos obliga a volver a pensar, a reconfigurar nuestros esquemas mentales, porque eso que estamos viendo no se ajusta a nuestra comprensión. Retenemos el aliento, como si quisiéramos hacer lugar para eso que no entra.


En la iniciativa Savias: Mujeres para el futuro buscamos comunicar y cultivar la inteligencia, cuidado y acciones de las mujeres en distintos ámbitos de la sociedad. En un artículo publicado en la revista Sophia resaltabas el papel de los mitos y nos invitabas a las mujeres a reinventarnos las veces que nuestra alma así nos lo pidiera. ¿Qué pequeñas llaves puedes sugerirnos para comenzar este proceso de exploración y recreación?

Una idea es hacernos buenas preguntas. De hecho, la autoindagación es una camino espiritual de primer orden. Me siento cerca de ese camino, porque cada vez que nos hacemos ciertas preguntas las respuestas son nuevas. Preguntas como: ¿Quién soy en este momento de mi vida?, ¿quién quiero ser?, ¿qué es lo que más me motiva?, ¿cuál es mi anhelo más profundo?, ¿qué es lo que me enoja del mundo? ¿cuál es el mapa que estoy siguiendo? o ¿quién me lo dio? Cada vez que nos hacemos esas preguntas, comienza a gestarse una nueva forma de estar en el mundo.

Otra llave es la exploración mítica, a través de los arquetipos. ¿Cuál es el mito viejo?, ¿qué presupone? o ¿desde dónde puedo fundar un mito nuevo, que le haga honor a la persona que quiero ser? También suelo indagar en la sombra, en la imaginación y en los sueños, que como decía Freud son “el camino real” al inconsciente. Necesitamos entrar en ese océano, en ese lugar donde el ego no es tan hegemónico y uno puede bucear en esas aguas más hondas.

Fabiana Fondevila y Lakshmi en Buenos Aires.

Si tuvieras que mencionar a algunas “Savias” en Argentina, ¿quiénes son esas mujeres que despiertan tu admiración?

Es difícil, porque hay mujeres interesantes en todos los campos. Pero me gustaría mencionar a dos que para mí están en el “panteón” y no son suficientemente conocidas. La primera, se llama Cielo Escalada. Una mujer valiente y encantadora, que vive y trabaja desde hace muchos años en Ciudad Oculta, en Lugano. Hace más de dos décadas, frente a las condiciones difíciles de vida, junto a otras mamás del barrio creó el Comedor y Guardería La Buena Voluntad. Desde ahí fue generando espacios de ayuda, apoyo escolar, talleres y hoy es un lugar maravilloso, un bálsamo para las familias del barrio. Nos queremos mucho y siempre que puedo la invito a hablar a distintos lugares. Para mí es un estandarte y aunque no ha estudiado filosofía ni habla de espiritualidad, encarna valores esenciales como pocas personas que conozco.

La otra “Savia” que viene a mi mente es Mariela Fumarola, quien lidera la organización Caminos Solidarios. Es la referente número uno de los Sin Techo en Buenos Aires y desde hace veinte años camina las calles conociendo y ayudando a las personas en situación de calle, no desde la beneficencia, sino desde la camaradería y la amistad.

Estas mujeres me despiertan una admiración inagotable, porque no hay distancia entre lo que piensan, lo que sienten y lo que hacen. Casi la definición de una buena vida, ¿no?

 

Para conocer más de Fabiana Fondevilahttps://www.fabianafondevila.com

Fotografías Fabiana: Alejandra López (@alejandralopezfotografa) Fotografía Fabiana y Lakshmi: Ananda Arena.

 


Lakshmi Devi

Nació en Inglaterra. Conferencista, escritora y maestra de meditación. Directora Internacional de la New Future Society. Desde hace 25 años estudia y comparte prácticas para incrementar el bienestar. Es la creadora de Deleite Profundo y cocreadora de #MEME Maratón de la Calma.

 

Noticias recomendadas
Contáctanos

Si tienes alguna sugerencia o si conoces alguna historia inspiradora.