Un cambio radical para la humanización de la medicina

Por: Mauricio Manini

“Un doctor tiene la misión no sólo de prevenir la muerte sino también de mejorar la calidad de vida. Si tratan una enfermedad, ganan o pierden; si tratan a una persona, les garantizo que siempre ganarán”. Película Patch Adams, 1998.

Ignacio Torre, “Nacho”, como prefiere que lo llamen, se define como una persona que ama la ciencia y por eso es médico. No se trata de un galeno cualquiera, sino que a este también le preocupan aquellos sufrimientos que van más allá del dolor físico, es decir, aquellos dolores emocionales o espirituales que no cesan con un simple tratamiento. Fue por esta inmensa pulsión hacia lo profundo, que se formó en cuidados paliativos haciendo de la “gravedad” un instante más liviano. Asimismo, Nacho Torre es hoy un reconocido docente que defiende la idea de “humanizar la medicina”, acercando a doctores y pacientes.

Empecemos aclarando algo, ¿qué son los cuidados paliativos?

Son una rama de la medicina que busca abordar al paciente y a su familia desde el lugar que están transitando, ya sea alguna enfermedad crónica grave o con potencial posibilidad de muerte. Implican acompañar desde todos los aspectos del sufrimiento: físico, emocional o espiritual. Se trabaja con un equipo interdisciplinario cuya función es la de aliviar todo lo que sea pueda aliviar y prevenir lo que se pueda prevenir.

Si no te involucrás no podés conocer al paciente, si no lo conocés no lo podés ayudar.

¿Por qué entre tantos temas en medicina elegiste este?

Yo veía que en la medicina clásica faltaba un acompañamiento más humano, más profundo en la enfermedad. Tiene que ver también con mi historia personal. En un momento pensé en la religión como modo de vida y, en otro, me planteé estudiar psicología. En los cuidados paliativos encontré una ciencia médica con el acompañamiento espiritual como hubiera hecho desde la religión y el acompañamiento emocional como lo hubiera hecho desde la psicología.

Ignacio Torre hablando sobre cuidados paliativos en el sillon de su oficina

¿Se genera un involucramiento muy fuerte con el paciente?

Necesariamente. Justamente nos enseñan lo contrario, es decir, que uno tiene que tomar distancia, la distancia del escritorio, para no involucrarse y así no sufrir. Acá es necesario involucrarse, cuanto menos escritorio haya, mejor serán los resultados. Así, podés tomarle la mano al paciente, abrazarlo, escucharlo de cerca y generar otro tipo de intimidad. Si no te involucrás no podés conocer al paciente, si no lo conocés no lo podés ayudar. ¿Quién dice que está mal si estamos ante una de las cosas más complicadas que alguien puede vivir?

¿Hablás sólo de cuidados paliativos o de toda la medicina?

Yo soy un promotor de involucrarse en todas las ramas de la medicina. Estoy convencido de que hace falta un cambio radical que tiene que ver con la humanización de la medicina. Para eso, es necesario estar cerca de las personas. Muchas veces no es curar, sino acompañar, de costado y no de frente, no enfrentados.

Me hacés acordar a Patch Adams y su idea de tratar al paciente más que a la enfermedad…

Es así. Cada persona y su entorno te enseña algo. Después de acompañar a un paciente que fallece haces un balance de lo que te queda, y siempre algo aprendiste. Nos enseñan a que ese involucramiento está mal, ¿por qué?, si lo que le pasa al otro mañana me puede pasar a mí. La pregunta es cómo quiero que me traten si alguna vez me pasa eso. No nos enseñan a hablar de la muerte.

Y aquello de lo que no se habla es como si no existiera…

Se vuelve invisible. Nos creemos inmortales y vivimos como si no fuera a pasar. El que muere lento tiene la oportunidad de despedirse y de dejar las cosas ordenadas, pero si no tiene nadie al lado para hacerlo muchas veces también se queda sin ello. También el equipo médico sufre, porque no nos enseñan a lidiar con los pacientes que están en proceso de morir. Son pocas las facultades con cursos de cuidados paliativos, menos aún sobre el tema muerte.

Veo todos los días personas en situación de muerte pronta o potencial y, lejos de venirse abajo, se levantan y no pierden la esperanza de mejorar.

En ese sentido, ¿cuál es tu trabajo en la facultad de Ciencias Médicas?

En la UnCuyo dicto dos cursos. El primero tiene que ver con habilidades de comunicación y lo dictamos con un grupo interdisciplinario de docentes. Hablamos de empatía, profesionalismo, altruismo en medicina, abordaje de la vida sexual y afectiva. La comunicación entre pares siempre es un problema y el manejo de malas noticias es un gran agujero en la formación médica. Este curso tiene una metodología especial: trabajamos todo a través del teatro y representamos situaciones reales, en las que a veces el estudiante debe hacer de médico, de familiar o de paciente.

El otro curso es sobre evaluación y tratamiento del dolor, es decir, sufrimiento en general. En cuidados paliativos hablamos del dolor total, porque el dolor físico también repercute en el resto de las esferas de la vida. Por ejemplo, en la esfera social al no poder salir o, en la espiritual, con preguntas de por qué me pasó esto a mí. Por eso es tan importante tratar y calmar el dolor.

Hombre de la calle abrigado con frazadas en una clase con otras personas.

Algunos hablan de la muerte como posibilidad de un acto creativo, ¿a qué se refieren?

Dentro de la enfermedad y del proceso de partir, la gente busca expresar emociones que son muy fuertes. Desde la tristeza y el enojo hasta la paz cuando se acepta la situación y las cosas se encaminan. Parte de manifestar estas emociones se facilitan a través del arte, sea con dibujos, pinturas, tejidos o música. Esto influye mucho en el estado de ánimo. Un amigo, Alejandro Vázquez, trabaja con laborterapia y enseña a pacientes a tejer y bordar. Ellos pueden manifestar a través del arte las situaciones que están viviendo.

Para finalizar contanos, ¿qué te inspira?

Una de las cosas que más me inspira es la resiliencia de la gente. Veo todos los días personas en situación de muerte pronta o potencial y, lejos de venirse abajo, se levantan y no pierden la esperanza de mejorar. Es aplicable a todos los aspectos de la vida, esa capacidad de sonreír a pesar de los problemas, levantarse y seguir trabajando. Ahí pienso: “yo me quejo porque me quedé sin café en casa o porque tuve que hacer un trámite”. Creo que esas personas, mis pacientes, son grandes inspiraciones.

 


Mauricio Manini Williams

Mauricio Manini Williams

Comunicador social, viajero latinoamericano de vocación periodística. Ha redactado para Diario Los Andes y otras publicaciones de su natal Mendoza. Diplomado en Herramientas Educativas para el Siglo XXI. Ha sido docente y capacita en oratoria y debate. Ha acompañado como coach el proceso de las charlas TEDxPaseoAlameda.

 

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Niño sentado en un escritorio coloreando un papel.Abeja acercándose a las flores del cerezo, con fondo gris.