La Rañatela: Cuando el trabajo regala alas

Por: Mauricio Manini Williams

Es difícil definir a La Rañatela en pocas palabras, porque cuando uno camina por este taller, las personas son tan variadas como sus labores. La música de fondo alterna entre cumbia y rock argentino, algunos jóvenes con gesto serio organizan bolsas para hacer serigrafías y a su lado personas mayores, pero con sonrisa de niños, dan la bienvenida a quien los visita. En la parte de la lavandería, un grupo de chicas acomoda la ropa, mientras sus compañeros trabajan en el sector de armado de rodillos. Algunos de ellos tienen discapacidad intelectual, otros motriz o auditiva, pero en este lugar comparten un sentido de dignidad potenciado por el trabajo.

La Rañatela, grupo completo de personas que trabajan.

 

En la Rañatela, las labores empiezan a las 8:30 a.m., aunque la mayoría llega veinte minutos antes, y terminan a las 5:30 p.m. Cuando la jornada ha concluido, la fundadora y Directora de este taller, Lorena Coria, habla con Hojas de Inspiración sobre los inicios de este proyecto que cumple diez años de existencia. Comparte sus motivaciones para integrar a personas con discapacidad y además contribuir al cuidado del medio ambiente.

“No podemos llegar a todos, pero sí buscamos la integración a través de las labores. Para mí el trabajo potencia la dignidad de las personas”.

Mauricio Manini: ¿Quién es Lorena Coria y qué es La Rañatela?

Lorena Coria: Soy Licenciada en Trabajo Social. Desde hace diez años, coordino la actividad de La Rañatela en Mendoza, una empresa social que funciona en el departamento de Maipú. Es un taller protegido de producción y a la vez una cooperativa de trabajo, que busca es dar trabajo a personas con discapacidad. Hoy tenemos setenta trabajadores con discapacidad y diez supervisores que acompañamos la tarea.

Nuestro objetivo es que la persona con discapacidad que no encuentra trabajo en otro lugar pueda hallarlo aquí. No podemos llegar a todos, pero sí buscamos la integración a través de las labores. Para mí el trabajo potencia la dignidad de las personas: se siente más digno comprar algo que pedir, por eso buscamos no dar el pan a la gente sino enseñarles a hacerlo.

Personas trabajando en La Rañatela, Mendoza.

 

¿Cuáles fueron las semillas de este proyecto?

Esta idea la traje de Italia. Allí existe una cooperativa con casi cincuenta años de trayectoria, La Ragnatela, palabra que significa tela de araña. Durante diez años fui parte de esta organización, y me dije: “Voy a llevarlo a mi país, porque nunca lo he visto”.

Creo en las casualidades de la vida, o mejor en las “causalidades”. En mi facultad nunca pensé en la discapacidad, pero lo cierto es que después de mí, mi mamá tuvo un hijo con discapacidad que vivió sólo siete días. Mi ahijado tenía fibrosis quística y falleció joven hace unos años. La hermana de mi ex marido tiene Síndrome de Down, trabajó y hasta hoy trabaja conmigo. De una forma u otra, el tema estuvo desde siempre.

¿Cómo te acercaste al modelo y cómo fue el proceso de adaptación al contexto argentino?

Con toda mi familia nos mudamos a Italia. Mientras estaba trabajando en limpieza, un día me hablaron de una cooperativa donde trabajaban con personas con discapacidad y me dijeron que necesitaban un supervisor. La mayoría lo tomaba como un trabajo temporal, pero yo estuve cerca de diez años. En 2009, mis familiares comenzaron a volver, les comenté que me gustaría llevar la idea y ellos me animaron a replicarla.

En Argentina busqué avales y golpeé puertas hasta del Ministro de Salud de aquel entonces. Pensaron que estaba “loca”, porque yo quería generar una fuente de trabajo, no una opción asistencialista. Desde el Municipio de Maipú lo impulsaron, los vecinos votaron nuestro proyecto para obtener financiación y empezamos a armarlo. En el Municipio de Maipú incluso llegué a ser Subdirectora de Desarrollo Social, pero renuncié porque mi proyecto de vida es La Rañatela.

Empezamos haciendo artesanías de cuero, no sabía de comercio y perdíamos dinero. Un día vino un hombre que nos ofreció dedicarnos a la serigrafía y trajo una cartera de clientes. Nos empezó a enseñar, nos vendió sus máquinas y salimos para adelante.

A veces no sabemos cómo tratar a alguien con discapacidad, porque no tuvimos la fortuna de tener alguien con esta condición en nuestras familias. Y digo fortuna, porque lo es, aunque no lo parezca.

¿Qué cambios percibes en tus trabajadores?

Primero, muchos no creían que se les fuera a pagar. Ahora, los escuchas decir con orgullo que pagaron las compras del supermercado o “pongo el despertador temprano como mi hermano, porque yo también voy a trabajar”. Tenemos personas de cincuenta y siete años que antes eran vistas como niños. A veces no sabemos cómo tratar a alguien con discapacidad, porque no tuvimos la fortuna de tener alguien así en nuestras familias. Y digo fortuna, porque lo es, aunque no lo parezca.

Es un trabajo gratificante y variado: hay algunas personas que discuten y son más susceptibles, pero también hay otras que trabajan incluso más rápido que los supervisores. Es necesario reconocer que como todo taller es difícil llegar a fin de mes, abrir las puertas es costoso y a veces hay que salir a buscar ese dinero. Lo lindo es ver a los compañeros, porque son todos iguales, viven de ello, es su vida y la gente nos elige. Muchas personas vienen a golpear nuestras puertas: somos setenta y tenemos más de sesenta en lista de espera.

Mujeres con discapacidad trabajando.

 

Medio ambiente e integración

Con una labor constante, con altos y bajos, La Rañatela es una organización que genera ingresos, promueve un cambio cultural y se ha comprometido con el ambiente. Esta coherencia ha llamado la atención de grandes bodegas, cadenas de supermercado y municipios, que han comprendido el poder de la compra para contribuir al cambio social.

¿Después de diez años, crees que existe mayor inclusión?

Se habla más del tema que hace diez años, la inclusión está puesta sobre la mesa. Han venido varias empresas a aprender. Hace un par de años hicimos un convenio con Trivento y todos sus empleados vinieron a trabajar cuatro horas La Rañatela.

A veces no sabemos cómo tratar a alguien con discapacidad y poder estar cerca de ellos te “abre la cabeza”. Te ayuda a ver que son iguales que vos. Somos todos iguales, lo único que debemos hacer es animarnos a conectar con estas personas.

Lo ideal sería que las personas comprendieran cómo se producen estas bolsas y quiénes están detrás. Así los consumidores podrían escoger por el proceso que hay detrás y no sólo por la opción más económica.

¿Cómo surgió la iniciativa de hacer bolsas reutilizables o “ecobolsas”?

Conocimos a Bea Pelisari (referente en discapacidad), una uruguaya que vino a conocernos, vio nuestro potencial y nuestra capacidad para ofrecer bolsas. La empresa Átomo quería hacerlas y en Mendoza ninguna empresa las hacía. En enero de 2010, hicimos las primeras 7.200 bolsas. Después trabajamos con Carrefour y durante varios meses llegamos a hacer 70.000 al mes.

Lo ideal sería que las personas comprendieran cómo se producen estas bolsas y quiénes están detrás. Así los consumidores podrían escoger por el proceso que hay detrás y no sólo por la opción más económica. Soñamos que alguna empresa nos haga parte de su proceso de producción, como ocurre en Italia, porque vender por separado a distintas empresas es inestable.

Algunas compañías van tomando conciencia, pero creo que hay que convencer más a las personas. Necesitamos una mayor toma de conciencia.

¿Qué inspira a Lorena Coria?

Me inspira que la gente tenga trabajo. No me imagino un lunes sin ir a trabajar. Me inspira la igualdad de oportunidades frente al trabajo y poder crear una red más grande que pueda dar posibilidad a esas personas. Y no me refiero sólo a las personas dentro del taller. Eso me inspira, que todos tengamos la oportunidad de ganar nuestro dinero para poder vivir.

Fotos: Cortesía de La Rañatela.

 


Mauricio Manini Williams

Mauricio Manini Williams

Comunicador social, viajero latinoamericano de vocación periodística. Ha redactado para Diario Los Andes y otras publicaciones de su natal Mendoza. Diplomado en Herramientas Educativas para el Siglo XXI. Ha sido docente y capacita en oratoria y debate. Ha acompañado como coach el proceso de las charlas TEDxPaseoAlameda.

 

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