Mi territorio es mi cuerpo: Mujeres indígenas con agenda propia

Por: Ana María Ocampo

El término frontera comúnmente se define como “una línea real o imaginaria que separa a un estado de otro”. Alrededor de esta acepción se establecen los límites que definen a un ciudadano de un país o de otro, las posibilidades de su desplazamiento y el esquema donde se enmarcan sus derechos y sus obligaciones. Pero, ¿qué sucede cuando ese concepto no tiene sentido en la realidad cotidiana?

“Los indígenas no tenemos fronteras”, menciona Ünãgükü Taüchina, una joven Magüta (Tikuna), habitante del municipio de Puerto Nariño, en el Amazonas colombiano, pero cuya labor se desarrolla en la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil. Así como ella, la vida de miles de indígenas en Colombia fluye entre uno y otro lugar, una y otra ciudad, unas y otras normas. Sin embargo, esta experiencia no es extraña ni novedosa; la concepción de la espacialidad, del territorio como algo más grande y superador de los tratados oficiales, es el reflejo de las cosmovisiones y de la conexión natural que estas personas establecen con los territorios. 

Esta forma de vida, que algunos juzgarían como “nomádica”, forma parte de la tradición propia de algunos pueblos indígenas. Esta es una de las múltiples características de estas culturas vivas, que se enfrentan a enormes retos históricos, sociales y geográficos. Los desafíos de incomprensión e integración por parte de gobiernos y otras comunidades tienen impacto directo en su memoria, sus realidades y su futuro. Además de esta ausencia de reconocimiento, las transformaciones se dan por cuenta de la globalización; la ampliación de las fronteras agrícolas e industriales; el surgimiento del turismo como fuente de ingreso y oportunidades para las nuevas generaciones; los cultivos ilícitos y el narcotráfico como orden económico de la región; e incluso de los conflictos armados y las decisiones políticas para terminarlos o recrudecerlos. Este es el escenario donde están inmersos los varios pueblos indígenas del país. 

El interés por caminar los territorios con las comunidades y el objetivo de vincular las voces de las mujeres indígenas, poco visibilizadas por los medios de comunicación tradicionales, motivaron el especial periodístico Ome, Pütchi, Poraû | Mujer, Palabra, Resistencia.

No obstante esta es la realidad de cerca de dos millones de colombianos, poco o nada se ha hecho para evidenciar las luchas y realidades de los pueblos indígenas de una manera digna. Los medios de comunicación, en su gran mayoría, no salen de los lugares comunes donde las historias de estos pueblos son narradas desde la tragedia o la miseria, y donde se privilegian pocas voces que no dan cuenta de la enorme diversidad y complejidad de los pueblos. 

El interés por caminar los territorios con las comunidades y el objetivo de vincular las voces de las mujeres indígenas, poco visibilizadas por los medios de comunicación tradicionales, motivaron el especial periodístico Ome, Pütchi, Poraû | Mujer, Palabra, Resistencia, de la iniciativa de cocreación periodística especializada en pueblos indígenas y grupos minoritarios Agenda Propia.  

El especial, lanzado el pasado mes de julio en la plataforma agendapropia.co, ofrece una mirada rica de las experiencias del ser mujer y habitar territorios en constante transformación. En él participaron diecisiete personas, entre periodistas, productores, mujeres y hombres indígenas y no indígenas, durante más de nueve meses. Se reunió un enorme repositorio de datos abiertos, que ofrece una mirada en profundidad a las caracterizaciones de los pueblos Wayuu, Gunadule y Tikuna en Colombia y en las fronteras. 

Desde Hojas de Inspiración y el proyecto Savias: Mujeres para el Futuro compartimos una videoconferencia para conversar con Edilma Prada, Directora de Agenda Propia; Nathalia Salamanca, editora de textos; Vanessa Teteye Mendoza, comunicadora y periodista indígena del pueblo Bora, y Ünãgükü Taüchina (Cindy Amalec Laulate), protagonista de una de las historias del especial. Hablamos del propósito detrás de este ambicioso proyecto y del esfuerzo por crear nuevos escenarios de diálogo sobre la realidad indígena en el país y la región. 

Mujeres indígenas conversando en una entrevista.

Ünãgükü Taüchina y Lourdes Firmino Araujo compartiendo el conocimiento de la partera tradicional del pueblo Tikuna, en la comunidad indígena de Umariacu II, en Tabatinga, Brasil. Foto: Vanessa Teteye.

 

Ana María Ocampo: ¿Cómo nace el proyecto de Ome, Pütchi, Poraû | Mujer, Palabra, Resistencia?

Edilma Prada: El proyecto nació de la idea de narrar la experiencia indígena en zonas de frontera. Teníamos la idea de que estaba pasando algo con los fenómenos migratorios, había situaciones de discriminación de un país a otro y teníamos la lectura de mesas editoriales con indígenas, donde habíamos identificado esos temas. En 2019, cuando se crea el proyecto, el tema de migración era muy fuerte. Y particularmente, por la situación que estaban viviendo los indígenas Wayuu y los indígenas de Venezuela que estaban viniendo a Colombia. Eso fue una alerta para nosotros de que teníamos que cubrir el tema, pero debíamos hacerlo desde una mirada más allá de la migración.

Nathalia Salamanca: En la metodología de Agenda Propia tenemos una etapa fundamental que llamamos “Diálogos de la palabra”. No es una mesa editorial tradicional, sino que es un encuentro con indígenas, hombres, mujeres, jóvenes, de los diferentes territorios con quienes dialogamos. En este caso, teníamos a indígenas de los territorios de frontera viviendo en Bogotá, y ellos nos contaron qué estaba pasando allá. El objetivo de estos diálogos es saber qué está pasando, tener un contexto real, y con eso evitar una conducta de los periodistas que es llegar con una idea fija y con los temas ya impuestos a trabajar. 

Edilma Prada: Luego de esa reunión salieron unos temas prioritarios y uno de ellos era la mujer. La mujer indígena, en el contexto de los medios tradicionales, no estaba siendo narrada y menos en los temas de frontera. Después, hicimos un trabajo de revisión documental para saber y entender cómo se había cubierto lo indígena en ese contexto y de ahí salieron algunas de las reflexiones más valiosas. Por ejemplo, entender que los indígenas no tienen fronteras, que son pueblos transfronterizos, pueblos binacionales y tri-nacionales. Pero también obtuvimos algunas recomendaciones sobre cómo cubrir lo indígena, no desde la emergencia o tragedia, que es como se ha cubierto tradicionalmente el tema, para dar dignidad a los pueblos y a sus luchas. Y así elegimos los pueblos y territorios que íbamos a cubrir: Tikuna, en la triple frontera amazónica entre Colombia, Brasil y Perú; Wayuu, entre Colombia y Venezuela, y Gunadule, entre Colombia y Panamá. 

“Hay un tema de corazón, difícil de explicar, pero asociado con la energía del momento. En términos periodísticos no es muy usual, pero es que aquí todo cuenta, la vibración, la energía con el personaje, si fluye, si no fluye. En un momento entendimos que tenemos que dejarnos llevar, escucharnos, dejarnos comprender e incluso reflexionar”. Edilma Prada

 

¿Por qué hablar de la mujer indígena en estos contextos?

Vanessa Teteye: Desde los primeros diálogos el tema de la mujer estaba en el centro de todas las temáticas. La mujer, su ejercicio de defensa, cómo visibilizar ese trabajo de las mujeres y que muchas veces no es reflejados en los medios de comunicación e incluso en los espacios propios. Además, dentro de la cosmovisión indígena, el territorio, la naturaleza y la tierra misma se asocian con la mujer. La mujer es la que teje y siembra, entonces es fundamental reconocer esa labor, es importante darla a conocer, ya sea desde su niñez, su juventud y también desde su experiencia como mayores, como tejedoras de espacios o desde sus conocimientos ancestrales. 

Edilma Prada: Con el ejercicio de contexto que hicimos surgió la pregunta: ¿Qué vamos a buscar para reportar de una forma diferente en cada uno de los territorios que elegimos? En la frontera de Colombia y Venezuela el tema fuerte era la migración, pero entonces lo importante para nosotros era buscar una líder indígena que tuviera esa conexión de ir y venir en su propio territorio. En la comunidad de la frontera triple del Amazonas, lo importante era salirnos de la narrativa tradicional desde lo exótico y turístico. Y en la frontera con Panamá, vimos muy importante hablar sobre el cambio territorial que se está dando en un lugar de selva y de mar. 

Esto lo logramos entender con el diálogo que tenemos con las compañeras indígenas, porque ellas son quienes tienen un conocimiento de su territorio, nos dicen qué elementos son relevantes y debemos destacar. 

Pero también hay un tema de corazón, difícil de explicar, pero asociado con la energía del momento. En términos periodísticos no es muy usual, pero es que aquí todo cuenta, la vibración, la energía con el personaje, si fluye, si no fluye. En un momento entendimos que tenemos que dejarnos llevar, escucharnos, dejarnos comprender e incluso reflexionar. De hecho, había días cuando debíamos parar para pensar qué era lo que queríamos como grupo. Creo que esas reflexiones hacen que esto sea distinto a la manera como se hace el periodismo tradicional. Yo he hecho periodismo durante quince años, he caminado y llegado a poblaciones con un personaje en mente, pero estos temas indígenas nos llevan a tener otro proceso, de respeto, dignidad, escucha y de caminar el territorio, de comprender los contextos, y si lo hacemos de la mano con periodistas o compañeros indígenas cambia totalmente la forma.

Vanessa Teteye: Cada una de las compañeras indígenas o no indígenas tienen un conocimiento que van aportando al proceso y como pueblo estamos enseñados a escuchar, escuchar para reflexionar. Cada quien va como soltando su aprendizaje y nosotros vamos escuchando. En la cosmovisión amazónica es “echar esos conocimientos en el canasto”. Entonces, al ver la experiencia de Luzbeidy Monterrosa Atencio (comunicadora y periodista indígena del pueblo Wayuu) o al conocer también a Olowaili Green Santacruz (comunicadora audiovisual indígena del pueblo Gunadule) en su proceso, tuve un sentimiento gratificante y aprendí de todas ellas. Y como lo mencionaba Edilma, es el trabajo de la mujer indígena, que es la realidad que estamos viviendo las mujeres, no solamente en el contexto occidental, sino también en el propio. Las mujeres hemos sido un poco segregadas en ciertos espacios y a partir de ese ejercicio y empoderamiento de las mujeres se han venido revelando el poder y la capacidad que tenemos. Ha sido grato y virtuoso como lo demuestran mis compañeras indígenas. Para mí ha sido una experiencia de tejido y de aprendizaje. Creería que es algo que otros medios de comunicación no tienen, la reciprocidad del aprendizaje.

Extenso río donde se cruzan caminos.

Unión de los ríos Amazonas y Loretayaco en el municipio de Puerto Nariño (Colombia), en frontera con Perú. Foto: Pablo Albarenga.

 

En la historia de Ünãgükü Taüchina (Cindy Amalec Laulate) viajaron hasta Puerto Nariño, municipio del Amazonas y puerto en la triple frontera. ¿Cómo eligieron este territorio y las historias que allí recogen?

Vanessa Teteye: En este caso, ya conocía a Cindy, de la Escuela de Formación Política de la OPIAC (Organización Nacional de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombia), donde estaba trabajando. En ese espacio de formación se revela el ejercicio de muchos jóvenes que es fundamental para el movimiento indígena e incluso social del momento. Estos jóvenes son quienes de ahora en adelante van a empezar a tomar decisiones. Cuando uno llega a este espacio y escucha las diferentes realidades del territorio, de los pueblos amazónicos (que somos sesenta y cuatro), se entiende mejor la otra cara de la triple frontera. Más allá de lo exótico, de lo bello que es Leticia, hay una realidad que está afectando a las comunidades a raíz del turismo y los principales afectados son los jóvenes. Ellos se encuentran en una situación donde no tienen trabajo, no tienen estudio, tienen una presión social fuerte, la globalización está llegando a sus territorios y no saben qué hacer. Ahí entra el trabajo de Cindy y supe que teníamos una buena historia. 

Ünãgükü Taüchina: Yo no sabía al principio en qué me estaba metiendo [risas]. Sólo sé que cuando hablamos con Vanessa le dije que contaran conmigo. Yo me ofrecí como la guía del grupo que venía a trabajar, y ahí fue donde me explicaron que me querían como la protagonista de una de las historias

Estuvieron tres días en la comunidad de San Francisco, en el municipio de Puerto Nariño, en la Reserva Tikoya, en el rancho de mis padres. De ahí los llevé a recorrer mi camino, la historia de mi proceso. Yo soy una mujer indígena que está participando en la red de enfrentamiento contra la trata de personas en la triple frontera. En el recorrido buscamos a las otras líderes quienes también están en la historia: a una partera, una antropóloga que también es Tikuna y a Katia.

Todos íbamos por una misma causa, queríamos visibilizar los procesos en el Amazonas. Lo que yo hago, hablar de la trata de personas en la triple frontera, es complejo. Esto nos hace preguntarnos como mujeres, mamás, comunidad y territorio cuál es el problema. En las comunidades el tema no se entiende con ese nombre, entonces cuando hablo con ellas lo hago en nuestro lenguaje propio. Empezamos por entender qué es lo ajeno, lo propio, lo apropiado y lo impuesto. Pero también por reconocer: ¿cómo nos cuidaban nuestros ancestros? ¿Cómo nos protegían espiritualmente? ¿Cómo nos enseñaban la protección? Porque si llego a hablar de explotación sexual y comercial de los niños no me van a hablar. Es algo que se conoce, pero no sabemos cómo expresarlo, tal vez hay temor y miedo. Sin embargo, cuando generamos ese diálogo ganamos la confianza y podemos compartir experiencias, hablamos sobre la globalización y escuchamos las problemáticas por las que hay que seguir trabajando. 

Por eso me involucré tanto con este tema, mi territorio es mi cuerpo, mi cuerpo es mi territorio. Lo que quiero es seguir desde aquí, desde mi comunidad, desde mis ancestras, desde las médicas tradicionales, desde las parteras, llevar estos mensajes también a las comunidades indígenas, porque es importante concientizar y compartir el mensaje. 

“Ome, Pütchi, Poraû son tres palabras que surgen de tratar de definir a la mujer indígena. Mujer (Ome), desde su concepción de mujer. Palabra (Pütchi), porque nosotros, como pueblos indígenas, somos orales. Pero, también, la palabra teje, construye y sana… Y resistencia (Poraû), debido a las diferentes situaciones sociales y culturales que viven cada una de las mujeres”. Vanessa Teteye

 

¿Cómo escogieron el nombre del especial?

Vanessa Teteye: Me acuerdo de que salieron varias propuestas entre todas, pero una cosa que se puso en la mesa de discusión fue el llevar a lo propio. El especial, como lo habíamos venido manejando, tenía como tema resaltar lo propio, lo importante y lo particular de los pueblos indígenas. Entonces, ¿por qué no escribirlo en nuestra lengua?

Ome, Pütchi, Poraû son tres palabras que surgen de tratar de definir a la mujer indígena. Mujer (Ome), desde su concepción de mujer. Palabra (Pütchi), porque nosotros, como pueblos indígenas, somos orales. Pero, también, la palabra teje, construye y sana. La palabra tiene mucho valor para nosotros, aparecen en las oraciones, las curaciones y el canto. Y resistencia (Poraû), debido a las diferentes situaciones sociales y culturales, que viven cada una de las mujeres, como se refleja en el especial. 

A pesar de ese choque cultural, de esas imposiciones ya sean políticas y de estructuras que fragmentan el territorio, se sigue resistiendo desde la partería, el tejido, la lengua, el conocimiento de las medicinas, el conocimiento de los cantos o el saber del territorio. Es una resistencia de nosotros los pueblos ante la presión social, ante la globalización. Es una resistencia constante que viven todos los pueblos indígenas, pero a su vez es también una transformación

Buscar también qué define a la mujer indígena fue un ejercicio retador para mí y para mis compañeras indígenas. Porque salieron muchas reflexiones propias. Yo soy indígena, pero ¿cómo me defino? o ¿qué me representa? En esta oportunidad, más allá de dejar un titular o de dejar un especial, se generó una reflexión hacia ese ejercicio de la mujer, ya sea de la quien está escribiendo, quien está editando, quien está tomando la fotografía o desde la misma protagonista. Como una mirada distinta, que siempre ha estado, pero no se había evidenciado.

Ünãgükü Taüchina navegando sobre el río Loretoyaco desde Puerto Nariño hacia su comunidad.Ünãgükü Taüchina navegando sobre el río Loretoyaco desde Puerto Nariño hacia su comunidad, San Francisco, en una pequeña embarcación conocida como pequepeque. Fotos: Pablo Albarenga.

 

Por el momento, y mientras se normalizan nuevamente las condiciones de desplazamiento en el país, el equipo de Agenda Propia seguirá adelante realizando sus encuentros y Diálogos de la palabra de forma virtual. El trabajo alrededor del proyecto Ome, Pütchi, Poraû no termina aún, pues tienen planeado regresar a los territorios a compartir con las protagonistas y la comunidad los resultados de este trabajo. También esperan que el especial llegue a más lectores a través de más medios aliados, indígenas y no indígenas, para seguir construyendo y fortaleciendo una red de comunicación e información latinoamericana desde las diversas experiencias indígenas. 

Link del especial periodístico: https://www.agendapropia.co/mujer-palabra-resistencia/

 

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Mujeres indígenas con agenda propia.

Retrato de Ünãgükü Taüchina. Sobre su rostro ha dibujado figuras que representan los clanes a los que pertenece: Garza y Cascabel. Foto: Pablo Albarenga.

 


Ana María Campo

Ana María Ocampo

Comunicadora social y periodista de la ciudad de Bogotá. Actualmente es editora de la Revista Javeriana y, también, escribe para revistas especializadas en bienestar, talento humano y estilo de vida. Se está formando para aplicar herramientas de construcción de paz desde la cotidianidad, y en metodologías espirituales para la sana convivencia.

 

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