Pelotas “El Pase”, un gol comunitario

Algunos productos tienen precio, otros tienen valor; a unos los atraviesa el sentido de la mercancía, a otros los atraviesa el sentido de lo humano. La fábrica de pelotas El Pase nació atravesada por el sentido de lo humano, buscando generar una transformación social a través de un proceso productivo cooperativo y comunitario. ¿Habrá otra pelota más valiosa, más que éstas?

Este “gol comunitario” es una oportunidad de reinserción laboral y social para aquellos presos que manifiestan una voluntad profunda de darle un cambio positivo a su vida.

El Pase busca brindar una oportunidad de reinserción laboral y social a personas privadas de su libertad, de la Cárcel Las Tunas de Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires. Es llevado delante de manera colaborativa entre los internos y ciudadanos con compromiso social, como Martín Herrero, Paula Cardini o Sergio Hernández, que son algunos de los impulsores de este emprendimiento, además de otras personas que participan colaborando con necesidades puntuales, como asuntos de logística o de comunicación. También es fundamental el acompañamiento y buena disposición del personal del servicio penitenciario, muy comprometidos con la marcha del proyecto. Este sueño comenzó a gestarse en 2016, y hoy busca conformarse formalmente como una cooperativa.

 

Este “gol comunitario” es una oportunidad de reinserción laboral y social para aquellos presos que manifiestan una voluntad profunda de darle un cambio positivo a su vida. Busca generar vínculos y contacto con la sociedad en general, promover hábitos de trabajo, crear nuevas oportunidades para quienes se muestran predispuestos a cambiar el rumbo. “La base es la inclusión y la integración. Se trata de El Pase a la Libertad, el pase a un nuevo proyecto de vida”, comenta Paula, una de las impulsoras del emprendimiento.

En la fábrica se confeccionan pelotas de fútbol y de vóley, vulcanizadas y cocidas tanto para aficionados como también para uso profesional. El Pase ya es proveedor de más de 25 clubes de la zona, uno de ellos que juega en el Nacional B, lo que demuestra la calidad del trabajo que se realiza. El taller se encuentra ubicado fuera del penal, en el centro de la ciudad. Los internos asisten a su labor de lunes a sábado, haciendo muchos de ellos largas distancias para poder llegar. “El hecho de que la fábrica se encuentre fuera del penal es importante, ya que favorece la interacción de los presos con la gente, que se acerca a conocer el lugar, a ver y comprar pelotas, o simplemente a charlar con ellos. Lo más importante es que si ellos están predispuestos a cambiar podemos bajar las barreras de prejuicios que existen de uno y de otro lado, para luego poder vivir juntos en comunidad”, continúa Paula.

El Pase busca también ser un espacio de empoderamiento de todos los que conforman el grupo de trabajo a través de la participación horizontal en la toma de decisiones. 

El proyecto surgió por detectar la necesidad de los internos de contar con un “paso intermedio” entre “muchos años en la cárcel y la vida común” en sociedad. El paso por la fábrica ayuda a los jóvenes a dejar ciertos hábitos e incorporar otros, así como nuevos comportamientos y valores: respeto hacia los demás, trabajo en equipo, compromiso y dignidad del trabajo, responsabilidad, e interacción con las personas que se contactan o se acercan al lugar. Es por eso que la fábrica se constituye como “un PASE a la libertad”.

Hombre armando el diseño de una pelota.

 

El Pase busca también ser un espacio de empoderamiento de todos los que conforman el grupo de trabajo a través de la participación horizontal en la toma de decisiones; “la estructura organizativa consta de una comisión que se reúne como mínimo una vez al mes. Ese es el espacio donde mayormente se dan opiniones, se discute y se toman las decisiones sobre los pasos a seguir. Creemos que las formas de organización debieran regirse siempre bajo la cooperación”, agregan desde el emprendimiento. Hoy en día participan en El Pase seis internos, un ex interno, y tres o cuatro chicos que no han sido privados de la libertad, pero que también se acercan a trabajar. “La idea es que, tal como lo sugiere el nombre, los chicos pasen por La Fábrica. Durante ese proceso tratamos de acompañarlos, y si es necesario, después también; para que luego tomen las riendas de lo que quieren hacer, y así dar lugar y oportunidad a otros internos”, remarca Paula.

Las pelotas pueden pedirse por mail o en las redes sociales, han comenzado a hacer envíos a domicilio, habiendo enviado recientemente algunas pelotas por primera vez a nuestra provincia, Mendoza. “Deseamos seguir ayudando a personas que, a pesar de que han cometido errores, están dispuestas a cambiar de verdad, y que a veces no cuentan con herramientas o con puertas para poder hacerlo. Como dice Silvio Rodriguez: solo el Amor convierte en milagro el barro. Muchas gracias por contar lo que buscamos sembrar todos los días”, reflexiona Paula a modo de cierre.

 

Hombre tatuado cosiendo una pelota de El Pase.

 

La Fábrica de Pelotas El Pase es un proyecto gestado desde una concepción social, comunitaria y cooperativa, y con el rodar de las pelotas que fabrican gira la rueda de la transformación social. Que nos inspire entonces para emprender e innovar generando formas organizativas verdaderamente transformadoras, centradas en las relaciones de cooperación, hermandad y reciprocidad, en la búsqueda de una sociedad donde todos tengan la oportunidad de desarrollarse de manera plena y en armonía con los demás.

Contacto:
https://www.facebook.com/pelotaselpase
pelotaselpase@gmail.com


Santiago Clément

Ingeniero Agrónomo. Msc. Viticultura y Enología (UNCuyo).Emprendedor social; fundador de Vinos De Luz, organización productiva de base social. Co-fundador de Ympacto Positivo. Escritor de ficción.

 

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