She-Is: La marca social para mujeres de paz

Por: Ana María Ocampo

Cinco años han sido suficientes para que la Fundación colombiana She-Is se haya convertido en una alternativa productiva y social para las mujeres de Latinoamérica. Mediante programas de acompañamiento productivo; capacitaciones sobre emprendimiento y liderazgo, y reconstrucción de la memoria histórica, cientos de mujeres víctimas del conflicto armado o de comunidades vulnerables han encontrado nuevos caminos para encarar el futuro. Este logro cobra especial relevancia en el escenario de posconflicto de Colombia, pues ha evidenciado el poder de la fuerza femenina para construir paz.

Nadia Sánchez Gómez es su fundadora. Esta administradora de empresas, graduada de la Universidad Javeriana de Bogotá, descubrió durante su carrera el interés por el desarrollo y la Responsabilidad Social. A lo largo de su trayectoria, ha sido reconocida por su liderazgo y con la iniciativa She-IS está transformando comunidades en más de tres regiones de Colombia, Costa Rica, Panamá, México y Perú. Entre los galardones recibidos por su labor se cuentan: el Iconic Women Nurturing a Culture & Ecosystem for Innovation del Foro Económico Mundial y All Ladies League. Además fue elegida por el Departamento de Estado y la Casa Blanca como una de las mentes fuertes y brillantes de la Cumbre Mundial de Emprendimiento.

Adicionalmente, el pasado 6 de abril, en las instalaciones de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, recibió el reconocimiento Global Democracy Award de los Napolitan Victory Awards 2019. Esta distinción busca destacar a los mejores líderes y activistas que luchan en favor de la democracia, la libertad y los derechos humanos.

Mujeres de She-Is recibiendo un premio.

Ana María Ocampo: ¿Cómo llegó a trabajar con temas de desarrollo y emprendimiento?

Nadia Sánchez Gómez: Empecé estudiando Contaduría Pública, pero claramente no era lo mío. Me retiré en el séptimo semestre y empecé a estudiar Administración de Empresas en la Javeriana. Ahí encontré que el tema de Responsabilidad Social me interesaba mucho. De hecho, mi tesis fue sobre ese tema. Luego hice un MBA con enfoque a gestión de proyectos internacionales. Después me fui a Washington, donde trabajé con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en las áreas de desarrollo, cooperación internacional, trabajo con comunidades y proyectos bilaterales. Durante mi estadía en Washington aproveché para capacitarme y especializarme en Derechos Humanos. Pero, aunque siempre he estado trabajando y formando una base académica sólida sobre emprendimiento, desarrollo y desarrollo sostenible, es en el trabajo de campo donde he aprendido realmente.

¿Qué es She-Is y cómo nace la Fundación?

She-Is es una organización sin ánimo de lucro que nace con la idea de empoderar, potencializar y visibilizar a las mujeres que viven en poblaciones en situación de vulnerabilidad, son víctimas del conflicto o viven en zonas emergentes aún, sin posibilidades de acceder a oportunidades. ¿Cómo nace? En 2014, cuando estaba trabajando en Washington, se presentó una oportunidad para ser consultora y manejar proyectos sociales. Entonces presenté She-Is. Esta iniciativa se encarga de identificar ese tipo de mujeres y potenciar sus habilidades “blandas”, para que creen empresas y generen emprendimientos, más allá del asistencialismo o la caridad. Este proyecto se lanzó en el BID en Washington, donde infortunadamente no pasé a las siguientes rondas, pero ahí comenzó la historia.

El éxito del proyecto es que no es un modelo convencional asistencialista. Identificamos estos grupos de mujeres, las apoyamos para que entren en un proceso de ciclo productivo y les ofrecemos adicionalmente una marca social.

¿Cómo llegó She-Is a ser lo que es hoy en día?

Después de la presentación en el BID, llevé mi proyecto a la Casa Blanca y ahí fui elegida como una de las emprendedoras emergentes para participar en la Cumbre Mundial de Emprendimiento, que se llevaría a cabo en Kenia. Fuimos con el presidente Barack Obama y ahí fue realmente el punto de partida de She-Is como organización. El éxito del proyecto es que no es un modelo convencional asistencialista. Identificamos estos grupos de mujeres, las apoyamos para que entren en un proceso de ciclo productivo y les ofrecemos adicionalmente una marca social.

Esta es la primera marca social que empodera a este grupo específico de mujeres. Lo anterior nos ha permitido abrir canales de comercialización y crecimiento. De esta forma evitamos que caigan en la fase asistencialista y que en diez años o menos estén nuevamente en una situación de pobreza similar a la inicial. Este es un modelo exitoso porque reúne la parte empresarial con la social. Nos hacemos llamar “fundación”, pero somos un modelo disruptivo. Abrimos las barreras, creamos la marca y estos grupos van de la mano de nosotros con una historia.

¿Cuáles son los enfoques del trabajo de She-Is?

Tenemos cuatro líneas de trabajo. La primera es She-Is Mujer de Paz, que tiene en cuenta el contexto de posconflicto y engloba unidades productivas en diferentes zonas de Colombia. La segunda es She-Is Gaviotas de Paz, un proyecto de coaching y liderazgo, que empodera y orienta a las mujeres en el reconocimiento de la memoria histórica y su transición hacia el emprendimiento sostenible. La tercera línea de trabajo es el Centro de Investigación Silva, donde hacemos uso de la información del trabajo de campo, para producir material relevante en materia de política pública, sobre economía de la mujer, inequidad económica y movilidad social. También es un centro de documentación sobre apuestas productivas para el desarrollo económico de la mujer y la familia en el posconflicto. Por último, lanzamos una campaña que se llama She-Is Embajadoras y tenemos a tres embajadoras que trabajan en 13 países. Cada embajadora recibe la misión She-Is, que consiste en identificar y trabajar con mujeres en situación de vulnerabilidad; productoras o emprendedoras, o aquellas que necesiten apoyo en liderazgo económico y social.

¿En qué consiste la marca social?

Llevamos un año con la marca social. Nos ha ido muy bien, porque hemos logrado combinar la estrategia, la pasión y la metodología. Esta forma de proceder nos ha dado reconocimientos, pero nos interesa trabajar más allá de eso. Queremos seguir ejecutando nuestros proyectos y generar mayores impactos en más lugares.

Nosotros constatamos que esta marca social puede, más que vender sus productos, mostrar una historia, un nuevo proceso de transformación de víctima a empresaria.

¿Cómo escogen los grupos con los que van a trabajar?

Ese es un desafío enorme. Cuando regresé a Colombia, durante un mes fui a hacer trabajo de campo en el departamento del Magdalena, específicamente en: La Gran Vía, zona bananera, Fundación, Tasajera y Santa Marta. Ahí tomé la decisión de radicarme definitivamente en Colombia. Mi primera conexión fue con líderes de víctimas del conflicto armado. ¿Qué es lo más difícil? Que no están receptivas, porque creen que ofrecemos más de lo mismo. Encontramos muchos ejemplos de programas que se ejecutan a corto plazo, pero a largo las mujeres siguen en el mismo círculo de pobreza.

Después encontré que a la ciudad de Santa Marta estaban llegando desplazadas líderes de la etnia indígena wayú. Ellas llegaban a vender sus productos artesanales, porque estaban pasando muchas necesidades en su tierra. De esa comunidad identificamos a 25 familias. Fuimos a La Guajira de donde eran originarias e hicimos trabajo de campo. Luego de este trabajo de reconocimiento y empoderamiento, nos empezaron a contactar otras comunidades en Corinto, Tumaco y Cundinamarca, donde recién terminamos un trabajo sobre memoria histórica.

Ese primer acercamiento fue una gran experiencia de campo, y al lograr reconocimiento en tan poco tiempo comienzan a contactarte para incidir en otras comunidades. Quizás en estos otros lugares tienen una parte del ciclo, pero no el antes o el después, o tal vez ya tienen productos pero no la estrategia. Entonces nosotros constatamos que esta marca social puede, más que vender sus productos, mostrar una historia, un nuevo proceso de transformación de víctima a empresaria. A largo plazo, la idea es que cuando las personas vean la marca She-Is la identifiquen y sepan lo que se está haciendo.

Mujer de She-Is hablando con un micrófono.

Además de la capacitación productiva de estas mujeres, ¿hay otros proyectos en los que estén trabajando?

Claro que sí. A ellas les interesa tener su propio negocio, y ahí hago un paréntesis, lo más importante es que no queremos que muchas mujeres atomicen el mercado y que cien personas salgan a producir exactamente lo mismo. Ahí también radica una de las grandes diferencias, y es que enfatizamos en el tema de innovación social. Hay que saber interpretar qué quiere el mercado, cómo se transforma y qué producimos. Con las otras mujeres también generamos capacitaciones. Hay muchas líderes sociales que quieren intervenir en la política, educarse o aprender del tema de la tecnología. Entonces, lo que hacemos es generar una articulación con otras personas del fuerte.

En Washington conocí un grupo de colombianas que me habló de un modelo llamado Code For It, creado para enseñarles a las personas con educación básica a programar en dos meses. Es bonito saber que podemos articular estas comunidades donde vemos mucho talento para que sean programadoras. Obviamente, estamos a la vanguardia de las necesidades del mercado, pero no podemos acaparar todo y en cambio generar articulaciones. Ahí está la importancia de trabajar con alianzas y equipos, porque hay muchas necesidades de estas mujeres y no necesitan atomizar el mercado con más emprendimientos de lo mismo, sino cubrir necesidades del mercado.

¿Qué estrategias adelantan para medir el impacto de este trabajo?

Estamos trabajando para generar esos índices, que realmente se vea el porcentaje. ¿Cuánto le cuesta al Estado tener a las víctimas por cuántos años? Todo el proceso de reparación. ¿Cuánto le cuesta generar un proceso por dos años, abandonarlo y volver a empezar? Pero si hay un proceso que sea continuo, un ciclo de vida, ¿cuánto les va a disminuir en costos? Apostarle a la mujer, sobre todo en este tema de emprendimiento y de empoderamiento económico, inevitablemente reduce las tasas de violencia de género, desempleo y desigualdad. Y la economía, ¿cuánto aumenta? Esos tipos de índices son los que estamos tratando de trabajar para caracterizar los beneficios.

Ante todo debemos apoyar el trabajo en equipo, trabajar en conjunto, porque sin integración el país se polariza más de lo que está, y los afectados no somos nosotros ni los políticos, sino las comunidades en el territorio.

¿Qué impacto ha tenido su trabajo en las políticas públicas?

En el conflicto armado colombiano, la población más vulnerable han sido las mujeres y los niños. De los siete millones de desplazados [cifra aproximada hasta el 2016], el 52 % son mujeres. Con esta población el Estado ha trabajado en una fase inicial de apoyo y beneficio económico, pero no nos podemos quedar ahí, porque podrían continuar toda la vida como víctimas. Lo anterior no significa dejar de reconocerlas como víctimas, pero sí que debemos generar una transformación de victimización a mentes productivas, empresarias, educación y talento. Colombia produce talento, economía, empresas, y ahora cómo se da este proceso con las mujeres que se reinsertan a la vida social y con las nuevas víctimas que van a aparecer. Creo que es un trabajo necesario, porque eso hace parte de un país en desarrollo. No seguir generando víctimas ni re-victimizándolas, sino darles un proceso de transformación.

Mujeres vestidas con diferentes colores en Colombia.

 

Después de nuestros primeros acercamientos vimos que no había transversalidad del tema de la mujer en los diferentes programas, y que había muchas propuestas en las políticas públicas, pero al momento de ejecutarlas se quedaban cortas. Así que empezamos a generar recomendaciones enfocadas en cambiar el chip asistencialista por uno en el que se generen programas duraderos. Un ejemplo claro: todas las estrategias país van a cuatro años o según el período presidencial, ¿por qué no plantear una estrategia a 20-30 años? Así los programas no están sujetos al período electo de alcalde o gobernador, sino que las próximas alcaldías lo pueden seguir.

Nosotras nos declaramos apolíticas, pero este es en el medio en el que nos movemos, y más ahora en un escenario de posconflicto, donde el tema es cómo se trabaja el enfoque de la paz desde los territorios. ¿Cómo es esa nueva inclusión laboral? ¿Cómo es ese nuevo escenario de globalización? Hay que cambiar muchas cosas, pero ante todo debemos apoyar el trabajo en equipo, trabajar en conjunto, porque sin integración el país se polariza más de lo que está, y los afectados no somos nosotros ni los políticos, sino las comunidades en el territorio.

Este artículo es el resultado de una alianza comunicativa entre la Revista Javeriana y Hojas de Inspiración.

Fotos: Cortesía She-Is.


Ana María Campo

Ana María Ocampo

Comunicadora social y periodista de la ciudad de Bogotá. Actualmente es editora de la Revista Javeriana y, también, escribe para revistas especializadas en bienestar, talento humano y estilo de vida. Se está formando para aplicar herramientas de construcción de paz desde la cotidianidad, y en metodologías espirituales para la sana convivencia.

 

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Abeja acercándose a las flores del cerezo, con fondo gris.Camino a Yanamura en Mendoza.