¿Tengo el control?

Por: Carolina Martín

Creí, y aún hoy me confundo, que tenía todo el control. Que, si pienso de cierta manera, la realidad seguirá esa forma; si hago una actividad, resultará como la tengo pautada; si hago una afirmación, obtendré la respuesta deseada; o si rezo a Dios, me “tiene” que escuchar. Muchas veces terminé contracturada y con otros síntomas por esta lógica.

Y me preguntaba: ¿será que no me funciona la mente?, ¿que no soy un ser tan elevado como para manifestar mis deseos? o ¿que Dios no me escucha siempre? Estas preguntas me acompañaban. Pero no solo eso, a veces recibía opiniones de personas, con excelentes intenciones, que me juzgaban o me daban explicaciones sobre porqué no pude obtener lo que buscaba. Y me sentía como una “simple mortal” que no pudo evitarlo ni controlarlo, porque simplemente sucedió.

Si acepto y abrazo la vida, el camino se aliviana, incluso cuando sucede aquello que no quiero.

Antes de continuar, quiero señalar dos aspectos fundamentales. Primero, el control es una ilusión. Solo controlo mi actitud ante la vida y sus circunstancias. Segundo, las afirmaciones, el entrenamiento de la mente y la oración son recursos valiosos, pero dentro del contexto adecuado. Son como el abono con el que nutro el resto de mi trabajo espiritual. Un trabajo amoroso y delicado, que reconoce en el plano del espíritu la existencia de un Misterio y aprende a ir junto a él. Aun sin saber de qué trata.

Si acepto y abrazo la vida, el camino se aliviana, incluso cuando sucede aquello que no quiero. Es volver a mirarme en lo que soy. En palabras de la psicóloga transpersonal Virginia Gawel: “un magnífico humanito”, con todo lo que está a mi alcance hacer y con una nueva mirada sobre la Vida. Ya no como algo por controlar, sino como un espacio de tiempo donde puedo disfrutar, sentir dolor y aprender de las experiencias.

Ahora, en lugar de quejarme o contracturarme porque la vida no obedece a mis deseos, voy a pensar frente a cada situación: ¿qué puedo aprender? Si me quejo o me enojo pierdo energía. Si acepto y abrazo la vida, el camino se aliviana, incluso cuando sucede aquello que no quiero. Por supuesto, puedo quejarme algunos minutos al día, pero evitar sostener la negatividad por largo tiempo. En cambio, me concentro en las bendiciones que están desplegadas a mi alrededor, esperando encontrarse con mi mirada.

Dandelion soplado al viento con control en un atardecer.

 

Además, ajusto la mirada para reconocer que lo que sucede es para mi bien más profundo. De lo contrario, las cosas pasarían de otro modo. Dios, el Universo, la Vida o el nombre elegido por cada uno tiene un plan perfecto y yo lo desconozco. Y está bien que así sea. En este espacio comparto mi esfuerzo personal por seguir aprendiendo a ir con la vida. Aprendiendo a decirle un Sí grande y agradecido, por todas sus bendiciones. Aunque no siempre sean las bendiciones que “yo” pensé que merecía.

Agradecida a la Vida.

 


Carolina Martín

Licenciada en Ciencias Psicopedagógicas (UCA). Diplomada en Coaching Ontológico. Especialista en autocuidado en el dolor. Ha cursado formaciones en PNL, Práctica en Vínculos y Emociones, Cuidado Contemplativo al Final de la Vida y Comunicación Afectiva. Es docente e investigadora universitaria.

 

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