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El arte del encuentro: Hacia una pareja consciente

En esta nueva columna, la psicóloga argentina Noelia Centeno comparte claves y técnicas para sanar, comprender y crecer. La primera entrega está dedicada a los vínculos.

La vida no tiene manual de instrucciones ni reglas fijas. Sin embargo, existen brújulas y mapas para navegar los procesos de maduración psicológica, el despliegue de la potencialidad y los retos que supone vivir con otros. En este nuevo espacio de reflexión, la psicóloga Noelia Centeno compartirá visiones y prácticas para cultivar el autocuidado y el autoconocimiento. 

La pareja consciente es: encontrarse, mirarse, conectarse, disfrutarse, empatizar, acompañar, respetar, elegirse. Estar en pareja significa que dos personas deciden tomarse de la mano para caminar juntas en este divertido juego que se llama vida. Estar en pareja es saber que existe un otro al otro lado de la orilla. 

Una pareja consciente significa tener la certeza de que voy a hacer lo mejor de mí, para que esta relación funcione. Pero de la misma forma, voy a tener total confianza en que pondrás lo mejor de ti. Porque somos un equipo y nos elegimos. Sabemos que somos seres enteros que podemos complementarnos, pero nunca completarnos. Pues para completar a alguien lo estaríamos haciendo desde la necesidad, y la necesidad está más cerca de la dependencia que del amor. 

El amor mejora. Te suma. Te ayuda a pensarte y a mirarte. El amor es un espejo. El amor consciente es un maestro.

Sin embargo, nunca cubre la carencia de una parte que te falta, porque somos seres enteros y maravillosos. Nos unimos a otro ser entero y hermoso, y siento que junto a esa persona el tránsito por la vida será más ameno. Más liviano. Tenemos plena consciencia de que es mejor estar juntos, aun sabiendo que podríamos vivir sin el otro, pero preferimos su compañía.

El amor consciente no es idealización, es admiración. No es lo mismo, puesto que la idealización nos conecta con las propias expectativas sobre el otro, con mirar al otro desde mi necesidad. Idealizar es una forma de estar ciegos frente al otro ser, porque miro desde mi ego. Admirar, por el contrario, es enaltecer un aspecto del otro, sabiendo perfectamente quién es el otro. Admirar es sentir gratitud por las luces de ese otro que elijo para ser un par en mi camino. Sabiendo que una relación es un vínculo donde se requiere el hermoso trabajo de co-construcción. Lo anterior, a diferencia de un amor inconsciente, donde pensamos que el principio y desarrollo de la relación se basa sólo en la elección inicial, y no se requiere cuidado ni participación en armar un vínculo.

Incluso a veces exigimos garantías de que la relación no terminará, creyendo que la inversión del tiempo en la relación obligará al otro a quedarse a nuestro lado, para toda la vida.

Qué equivocación tan grande pensar que en las relaciones cada tanto no requerimos ajustar acuerdos según la evolución de la individualidad. Como si cada integrante de la pareja se mantuviera estático a lo largo de la vida. Como si no nos sucedieran situaciones que nos provoquen repensarnos. Modificar. Cambiar. Crecer. Diferenciarnos del que fuimos para ser una mejor versión. Porque creemos que en la pareja esto no repercutirá y exigimos al otro que sea inmortalmente aquel que fue alguna vez. 

Incluso a veces exigimos garantías de que la relación no terminará, creyendo que la inversión del tiempo en la relación obligará al otro a quedarse a nuestro lado, para toda la vida. Esta actitud deja entrever aspectos nuestros que nos conectan con una versión que no queremos ser, pues cuando no puedo ver al otro, a veces para cumplir mi deseo, chantajeo, manipulo, reclamo o exijo. Me enojo, a veces con el otro, pero en el fondo con nosotros mismos. Intentamos que la pareja sea como yo quiero y no lo que podemos ser dos. Entonces nos mentimos pensando en un amor ideal, un amor Disney, en vez de pensar al amor como algo real y auténtico.  

La pareja consciente que te invito a considerar es una unión de dos individuos (atención a la palabra: ‘individuales’), quienes encuentran un espacio en común para co-crear  un aspecto de la vida (intersección). Ese encuentro en ese espacio será maravilloso. 

Te propongo un ejercicio para hacer con tu pareja:

Siéntate frente a tu pareja.
Tómense las manos.
Mírense por un minuto a los ojos.
Observen sus facciones.
Su mirada.
Su sonrisa.

Durante mínimo dos minutos, cada uno debe expresar al otro por qué ha elegido a ese ser que tiene enfrente para acompañarle en su camino de la vida. 

Te pido por favor que evites decirle que los motivos son: “porque tú lo amas”, “porque tú lo quieres”. Sería ideal que en este ejercicio hables del otro como otro. Es decir, qué características tiene ese ser individual que mejora algún aspecto de tu vida o hacer el trayecto más fácil. 

Qué lindo se siente saber que el otro te ve, desde tu todo. Abraza al otro desde su individualidad.

Cultiva un amor libre, desde la libertad nace el encuentro.

Comparto este texto del psicólogo Fritz Perls:

Yo soy yo y tú eres tú
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas,
y tú no estás en este mundo para cumplir las mías.
Tú eres tú y yo soy yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,
y coincidimos, es hermoso.
Si no, pocas cosas tenemos que hacer juntos.
Tú eres tú y yo soy yo.
Falta de amor a mí mismo,
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falta de amor a ti,
cuando intento que seas como yo quiero.
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tú eres tú y yo soy yo.

Título original del texto: “I do my thing and you do your thing”. En: Perls, F. Gestalt Therapy Verbatim. 1969.


Créditos fotográficos: Portada: Nathan Dumlao; Foto 1: Sven Mieke, y Foto 2: Jeremy Bishop. Tomadas de Unsplash.

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