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El impacto del cambio climático en cuatro ejemplos

Sequías, inundaciones, incendios y huracanes cada vez más intensos son solo algunas de las muestras del cambio climático. Nuestra supervivencia está en juego y es momento de accionar.

El panorama no es nada alentador: el aumento de las temperaturas a lo largo del tiempo fue cambiando los patrones climáticos y alterando el equilibrio de la naturaleza. Esto ocasionó -y lo sigue haciendo- cuantiosos daños a todas las formas de vida en la Tierra. En base a esto, toda acción para revertir este proceso destructivo es impostergable y nos involucra a todos

Empecemos por lo básico: el cambio climático hace referencia a los cambios a largo plazo de las temperaturas y los patrones climáticos. Pueden ser naturales, por ejemplo, a través de las variaciones del ciclo solar, sin embargo desde el siglo XIX las actividades humanas vienen siendo el principal motor del cambio climático, sobre todo por la quema de combustibles fósiles. Estos generan emisiones de gases de efecto invernadero que actúan como una “manta” que envuelve a la Tierra, atrapando el calor del sol y elevando las temperaturas.

Por eso hoy la principal causa del cambio climático apunta al calentamiento global, el cual tiene múltiples consecuencias negativas en los sistemas físicos, biológicos y humanos. 

Se piensa erróneamente que el cambio climático significa ante todo temperaturas más cálidas, pero ese alarmante aumento es apenas una parte. Dado que la Tierra es un sistema donde todo está conectado, las transformaciones de una zona pueden influir en otras tantas. Nada de lo que hacemos en el día a día es inocuo, de ahí que el compromiso de preservar nuestro ambiente sea una urgente responsabilidad de todos. Está en juego nuestra supervivencia, ni más ni menos.

Sequías

La temperatura de la Tierra aumentó en 1,1ºC desde el periodo anterior a la Revolución Industrial y no deja de subir. Va en camino de convertirse en el más cálido desde que hay registros, según advierte de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Mientras en algunas zonas llueve torrencialmente, en otras -muchas veces dentro de un mismo territorio- ocurre lo contrario: lo que se observa son sequías.

Chile es un claro ejemplo de ello. La zona sur de ese país atraviesa su peor crisis hídrica de los últimos 50 años. Afecta a 7 de sus 16 regiones, donde los sistemas de riego colapsaron y más de 30.000 animales murieron. La Oficina de Cambio Climático estima que las precipitaciones se redujeron en un promedio de 23 milímetros por década entre 1961 y 2018, en tanto que hay estudios que atribuyen entre el 12% y el 25% de la responsabilidad de este fenómeno al cambio climático causado por el hombre. También los glaciares están jugando su rol en las sequías, ya que concentran agua en época de lluvia, la congelan y la reparten a lo largo del año a través de los ríos a medida que se va derritiendo. 

Hasta 700 millones de personas corren el riesgo de ser desplazadas como resultado de las sequías de aquí a 2030.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 55 millones de personas en todo el mundo se ven afectadas por las sequías cada año y este fenómeno climático es ya el peligro más grave para el ganado y los cultivos. Las sequías no solo amenazan a las personas y sus medios de vida, sino que además aumentan el riesgo de enfermedad y muerte, impulsando la migración masiva. En la actualidad la escasez de agua afecta al 40% de la población mundial. Según la FAO, hasta 700 millones de personas corren el riesgo de ser desplazadas como resultado de las sequías de aquí a 2030.

Inundaciones

Otro de los efectos donde el calentamiento global se muestra con elocuencia son las inundaciones. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), entre 1970 y 2013 constituyeron en América Latina el desastre natural más frecuente y los investigadores indican que serán cada vez más intensas. A esto se suma el derretimiento de los glaciares. Perú, por caso, cuenta con la cadena de glaciares tropicales más grande del mundo y muchos de ellos se ubican cerca de zonas agrícolas y pobladas que corren, como efecto del cambio climático, el peligro de acabar inundadas.

Confirmando las causas y efectos del clima, el efecto de las lluvias extremas exacerba el riesgo de inundaciones, tormentas y deslizamientos de tierra, pero en algunos países éstas se alternan con prolongados periodos de sequía, lo que termina ocasionando un dañino estrés para las agriculturas locales

Huracanes más intensos

Debido al calentamiento del océano, que según estudios especializados absorben cerca del 90% del exceso de calor del planeta atrapado por los gases de efecto invernadero emitidos por los humanos, huracanes, ciclones, tifones, sequías, inundaciones, lluvias o nevadas incrementan su grado de violencia y son el reflejo más extremo del calentamiento global. Esto se traduce en muertes, heridos, desplazados y cuantiosos daños materiales.

Un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático  plantea que el hecho de que América Latina sea escenario de estos fenómenos complejos determina que su interacción con el calentamiento global contribuya a generar las condiciones propicias para que sus impactos sean desastrosos.

De los 66 ciclones que se detuvieron o ralentizaron su movimiento en los últimos 70 años, prácticamente la mitad lo hizo en las últimas tres décadas.  

Efecto del calentamiento global, el incremento de la temperatura de los océanos y la subida de los niveles del mar llevan a prever que los huracanes serán cada vez más fuertes y devastadores. A su vez, la comunidad científica advierte una tendencia peligrosa: los ciclones se han tornado más lentos y esto aumenta las posibilidades de daños

Datos de la NASA señalan que de los 66 ciclones que se detuvieron o ralentizaron su movimiento en los últimos 70 años, prácticamente la mitad lo hizo en las últimas tres décadas.  

En América Latina, Puerto Rico se erige como una de las áreas más afectadas. Así lo refleja el huracán María que, en septiembre de 2017, dejó más de 4.600 muertos y millares de heridos y desplazados. 

Incendios

El cambio climático está secando la vegetación, haciendo que los paisajes naturales sean más inflamables y, de esta manera, aumenta la probabilidad de incendios más extensos y peligrosos. A medida que el clima se calienta, los episodios de sequía, temperaturas altas y baja humedad se vuelven cada vez más frecuentes y extremos. Además de tener un fuerte impacto en la producción de alimentos y la economía en general, estos fenómenos meteorológicos elevan el riesgo de incendios forestales.

La duración de la temporada de incendios se viene manifestando significativamente en muchas regiones del mundo desde la década del 80. A nivel mundial se ha alargado,  en promedio, un 27%, con aumentos más notables en la Amazonia (94%), bosques occidentales de América del Norte (70%) y la cuenca mediterránea (55%). Los recurrentes y devastadores incendios en California (Estados Unidos), España e Italia, son una muestra concreta de que el cambio climático amerita una mayor acción por parte de todos los gobiernos.

Cada grado adicional de calentamiento global alimentando el riesgo de incendios es un nuevo llamado de atención que ya nadie puede desoír.

El panorama es claro (más bien, oscuro en su impacto) y contundente, pero frente a esta debacle ambiental tampoco podemos quedarnos de brazos cruzados. El sitio Sostenibilidad.com ofrece una serie de acciones sencillas que todos, en mayor o menor medida, podemos poner en práctica y así activar grandes cambios para un desarrollo sostenible.

  1. Reducir  emisiones. Siempre que se pueda, usar cada vez menos el auto propio. Optar por medios de transporte sostenibles, como la bicicleta o el transporte público.
  2. Ahorrar energía. No dejar nunca en stand by los electrodomésticos. Ajustar el termostato, tanto para la calefacción como para el aire acondicionado.  
  3. Poner en práctica las 3 ‘R’ de la sostenibilidad. Reducir: consumir menos y de manera más eficiente. Reutilizar: aprovechar los mercados de segunda mano, para dar otra oportunidad a aquello que ya no se usa o hacerse con algo que se necesita y otra persona desechó. Reciclar: envases, residuos electrónicos, etc. Se puede ahorrar más de 730 kilos de CO2 al año sólo con reciclar la mitad de la basura hogareña.
  4. Adoptar una dieta baja en carbono. Esto supone consumir de manera más inteligente. Implica reducir el consumo de carnes y aumentar el de frutas, verduras y hortalizas. Consumir productos, de proximidad y de temporada. Incorporar más productos bio porque en su producción se usan menos químicos. Evitar los embalajes excesivos y los alimentos procesados. 
  5. Actuar contra la pérdida de bosques. Evitar todo lo que provoque riesgos de incendio. Y, especialmente, plantar un árbol. En toda su vida puede absorber hasta una tonelada de CO2.
  6.  Exigir a los gobiernos. Plantear que se tomen medidas hacia una vida más sostenible proponiendo acciones a su alcance: promover energías renovables, regular el correcto etiquetado de productos, promover un transporte público más sostenible, gestionar correctamente los residuos, entre otros. 

Créditos fotográficos: Portada: Tobias Rademacher, Foto 2: Misbahul Aulia, Foto 3: Johnm Middelkoop, Foto 4: Pexels.

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