Gaby Herbstein y sus imágenes del espíritu

La fotógrafa argentina habla de su serie “Creer para ver”, transmitida por National Geographic.

El nombre de Gaby Herbstein resuena en los círculos artísticos de América Latina. Frente a su lente han posado íconos, modelos y personalidades, y sus fotos se han publicado en revistas internacionales como Harper’s Bazaar o Elle, pero su talento también se ha desplegado para evidenciar problemáticas sociales o ampliar la mirada sobre temas que rara vez encuentran lugar en los medios. Es en estos territorios donde la fotógrafa argentina extiende sus alas: conservación ambiental, mujeres originarias de Argentina u heroínas ocultas de la historia de su país. En 2020, cuando el Covid-19 apenas amanecía, asistimos como espectadores a la serie documental “Creer para ver”, un proyecto transmitido por la National Geographic. Esta nueva apuesta artística muestra a una Gaby fotógrafa, entrevistadora y realizadora, que viaja a distintas culturas en busca de mujeres y hombres que han dedicado su vida a la relación con el espíritu, el misterio y lo sagrado.

Conocer grandes maestros de la espiritualidad de distintas partes del mundo y unirlos en un mismo lugar, quizá para volver a mostrar que las fronteras y el espacio son sólo construcciones humanas, pero que en verdad: la separación no existe.

Gaby Herbstein es una de las fotógrafas más reconocidas de Argentina. Nació en Buenos Aires en 1969, y por su lente han pasado personalidades de diversos ámbitos, como Gustavo Ceratti, Natalia Oreiro y Ricardo Darín. Muchas de sus obras denotan su interés en dejar un mensaje a través de su creación, una apuesta por el arte comprometido con la transformación positiva y la inspiración para el cambio. Sus obras han estado expuestas en países como México, Brasil, Chile, Perú, Estados Unidos, Rusia, China y Japón, y ha publicado dos libros donde, desde el arte, ofrece una mirada crítica a problemáticas como la contaminación ambiental y la extinción de especies en el mundo.

En 2020, National Geographic estrenó su serie documental Creer para ver, donde entrevistó a grandes maestros espirituales del mundo. En esta entrevista con Hojas de Inspiración nos cuenta cómo nació el proyecto y cómo ha crecido con el paso de los meses.

Laura Becerra: ¿Cómo surgió la idea de hacer esta serie? 

Gaby Herbstein: Fue en un sueño muy vívido, donde no vi un documental sino un libro con páginas en movimiento donde yo fotografiaba a diferentes líderes espirituales. Pero después del primer viaje me di cuenta de que el material era demasiado y que excedía a la foto fija. Entonces armé un equipo y empecé a trabajarlo como video. Fue un proyecto muy vivo, nunca estuvo guionado y así como surgió de una manera tan natural, también fue sucediendo. Yo fui sintiendo que el universo me iba empujando a que me la jugara a hacerlo y que, si yo no lo hacía, no lo hacía nadie. Puse mis ahorros para que se llevara a cabo, y no era algo barato, porque había que ir a lugares lejanos, con un buen equipo para que saliera algo de calidad. 

Entonces, era yo quien tenía que creer en eso antes que otros. Así surgió el nombre también: si yo no creía en mi proyecto, no iba a ocurrir. Con esa confianza se me fueron abriendo puertas de lugares que nunca imaginé, como la del Vaticano para estar con el Papa Francisco; en Naciones Unidas y que luego decidan sumar su apoyo, o estar en el ashram de Sri Sri Ravi Shankar. Nada fue simple y llevó cuatro años de mucha paciencia y mucha preproducción. Fue un trabajo importante sostener un equipo autofinanciado, donde por momentos había cansancio, el presupuesto era bajo e iban cambiando algunas personas. Pasó de todo, pero lo importante es que hoy eso es una anécdota y ahora están disponibles los ocho episodios y nada más ni nada menos que en National Geographic.

Además de todo esto, parece sincrónico que haya salido justo en este momento tan desafiante a nivel mundial.

Sí, es algo que también agradezco, porque mucha gente lo apreció y valoró por eso. En realidad, la idea era que se estrenara en abril, y a una semana del estreno empezó la pandemia. Se retrasó dos meses su transmisión, porque el canal no tenía gente para ponerlo al aire. Realmente pensé que ya no iba a salir, pero después se acomodaron y creo que terminó siendo en el momento preciso.

¿Cómo surgieron los nombres de quienes deberían ser entrevistados?

Hice un trabajo de investigación que tuvo que ver con la idea de mostrar la unidad en la diversidad. Episodio tras episodio se puede ver que estos maestros tienen mucho en común y todos brindan herramientas distintas de acuerdo con su cultura. A todos les hice las mismas doce preguntas y busqué quiénes trabajan diferentes aspectos: canto, danza, un rabino, un sacerdote y chamanes en diversos puntos del planeta.

El capítulo de los chamanes es realmente revelador. ¿Cómo fue experimentar esta diversidad y poder?

Fue una locura y un lugar increíble: la República chamánica de Tuba, el único sitio de Rusia donde está permitido el chamanismo y donde hay más chamanes que gente común. Todos son practicantes del Kumey, el canto de garganta, y es algo que hacen desde chiquitos. Es increíble esa vibración que podemos generar con la práctica y su poder sanador. Yo misma lo comprobé. Es realmente muy fuerte y haberlo experimentado fue alucinante.

“Frente a experiencias así creo que aparece una versión más pura de una misma. Pero de ahí en más, el tránsito de la propia vida a partir de la apertura de consciencia es de lo que se trata el camino. Está todo para practicar y tomar acción”.

En el plano personal, ¿qué ocurrió en vos a lo largo de este proceso de realización de la serie?

Realmente fue algo que superó mis expectativas. Todos estos maestros confiaron en mí sin conocerme, para que pudiera llegar a transmitir lo que ellos quieren compartir con la humanidad. Eso fue una gran responsabilidad en el producto final, porque no es fácil contar las historias de cada uno en los treinta minutos que dura cada capítulo. Y también considerando el tiempo que tuve con cada uno de ellos. Por ejemplo, con Ravi Shankar fueron 45 minutos por reloj, porque es una persona súper ocupada. Estuvimos ocho días en su ashram esperando hacer la nota. En ese poco tiempo debíamos contar su historia y luego armar un relato para llegar a transmitir el concepto. 

Internamente fue muy movilizante, pero creo que es un camino. Vi muchas cosas de mí que no sabía. Frente a experiencias así creo que aparece una versión más pura de una misma. Pero de ahí en más, el tránsito de la propia vida a partir de la apertura de consciencia es de lo que se trata el camino. Está todo para practicar y tomar acción ahí aparecen las elecciones y el libre albedrío

¿Qué estrategias empleaste para mostrar ese rasgo intangible de cada personaje?

Fue un verdadero desafío. En un primer momento, me negaba a aparecer en cámara; los fotógrafos no solemos ser muy amantes de mostrarnos. Pero fui entendiendo que era la manera: contar en primera persona y hacer sentir al observador toda esta experiencia desde mi lugar, mi sinceridad y simpleza. Nunca hubo guión, las cosas iban surgiendo en cada lugar. Por eso también las voces en off son mías. Creo que si hubiera sido distinto le habría quitado emotividad. Por supuesto, elegimos a cada maestro con anterioridad, pero no sabíamos con qué nos íbamos a encontrar.

Considerando el origen del proyecto y los desafíos de llevarlo a cabo, ¿te preguntaste en algún momento por qué fue a vos que te llegó el mensaje para hacerlo? 

Muchísimas veces, porque yo no venía de ese ámbito. Llegué a la conclusión de que era por mi perseverancia, porque confiaron en que lo iba a hacer, dirigir y realizar. Estoy agradecida por eso y fue algo que tuve muy presente en los momentos difíciles. Si me habían elegido lo tenía que terminar como fuera. El Universo nos va poniendo a prueba.

¿Sentís que este proyecto llegó en este momento de tu vida por algo específico? 

Yo no sabía que estaba preparada para llevar a cabo algo así y me llegó después de un recorrido que ya estaba haciendo. Hace tiempo colaboro con fundaciones, mi obra tiene una orientación hacia temas similares, por decirlo de alguna forma, y además venía con un importante trabajo interno. Por eso creo que fue el sueño y por eso estuve ahí. Mi libro Estados de Conciencia [galardonado con el Prix de La Photographie de Paris en el 2015] también lo visualicé en un sueño y así empecé a hacerlo.

¿Cuál fue tu relación personal con maestras y maestros?

De cada uno tomé cosas, porque todos se brindaron incondicionalmente. Todavía sigo en contacto con algunos de ellos, como por ejemplo con la abuela Margarita [fallecida el pasado 25 de enero de 2021], quien me pidió que hiciera la búsqueda de visión por cuatro años, y ya realicé dos. Para mí eso fue un regalo increíble, que ella se haya detenido en mí. También sigo en contacto con Héctor Falcón, con la Abuela Niña, con Ravi Shankar y su equipo.

Respecto a lo fotográfico ¿hay idea de generar un libro o muestra de la serie?

Ambas, pero una vez que termine la segunda temporada, porque no está cerrado el círculo aún. Considero que falta un maestro musulmán, un budista tibetano, un sufí, quizá alguno de África o de Japón. Quisiera ir a la Nación Q´ero y a la selva peruana. Yo pensaba hacerlo en 2020, pero la pandemia me frenó porque se trata básicamente de un proyecto de viajes, pero por supuesto, cuando sea el momento se dará.

Si quieres ver el documental ingresa a: Cree para ver.

Créditos fotográficos: Cortesía de la entrevistada.

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Es mujer española y amante de Latinoamérica. Ha transitado por empresas, artes y caminos interiores. Es la co-creadora de Wisdom Health, una respuesta creativa a la crisis presente.