Innovadores, Ecologistas y Evolucionistas: 3 movimientos donde habita el futuro

En tiempos de grandes desafíos que amenazan la supervivencia humana, ¿cómo mejorar nuestra comprensión y dónde hallar las posibilidades de resolver los grandes problemas?
Innovadores, Ecologistas y Evolucionistas: 3 movimientos donde podría habitar el futuro.

En este artículo inaugural de Hojas de Inspiración, compartimos una reflexión sobre las diversas reacciones suscitadas por la pandemia. Nuestro desafío para comprender los problemas complejos, dinámicos e interdependientes (“Metaobjetos”). Y, por último, exploramos cómo los innovadores, ecologistas y evolucionistas pueden tener soluciones para hacer frente a un tiempo de enormes desafíos. Una invitación a sostener la paradoja; recuperar la agencia, y llevar la atención a los lugares donde nacen las oportunidades.

A veces, si te mueves con cuidado a través del bosque,
respirando como aquellos en las historias antiguas,
quienes podían atravesar un lecho de hojas relucientes sin hacer ruido,
llegas a un lugar cuyo único propósito
es incomodarte con pequeñas pero aterradoras peticiones,
concebido de la nada,
ese lugar comienza a conducirte a todas partes.

Fragmento de Sometimes, poema de David Whyte (2020)

¿La Caverna?: Brevísimo inventario de este año

Hace un poco más de un año, comenzaron a aparecer extrañas sombras en la pared. Algunos decidieron ignorarlas y seguir con las imágenes conocidas. Pero las anomalías fueron creciendo hasta convertirse en la nueva normalidad: vínculos, trabajo y estudio mediados a una pantalla; ciudades vacías, y un engranaje global veloz enfrentado a la desaceleración.

Los espectadores se quedaron encadenados y poco a poco se acostumbraron (es un decir) a las imágenes, con la esperanza de que el siguiente anuncio estatal diera paso a la vida de antes. Por otra parte, los entusiastas vieron señales de que la trágica y mecánica proyección de siempre había llegado a su fin. Se liberaron de sus cadenas y fueron hacia la hoguera que estaba detrás en busca: unos, de la utopía tecnológica o libertaria, y otros, del sueño ecológico o incluso mesiánico.

Por último, los visionarios avanzaron y encontraron la entrada de la Caverna. Sin embargo, no hallaron la utopía, sino el brillo enceguecedor y objetos desconectados. Entonces comenzaron a gritar: “Pandemia global, recesión, aumento de la desigualdad y la pobreza, nuevas epidemias, fin de las democracias, migraciones masivas, amenazas nucleares, crisis climática, pérdida de la biodiversidad…”. Sus ojos dolían por la luz y sus mentes aún estrechas por la cueva no podían concebir la totalidad de la nueva realidad. No obstante, fueron más allá de la tragedia. Estar afuera y descubrir el nuevo mundo les dio fuerzas para llamar a quienes estaban adentro.

¿Seremos capaces de pensar-sentir los “Metaobjetos”?

Nuestro tiempo es extraño y maravilloso… Es salvaje,
significativo, inspirador y terrible, y todo está ocurriendo
simultáneamente. Claramente estamos en un momento de
verdad.
Terry Patten (2018)

El 20 de marzo de 2020, en el periódico canadiense The Hamilton Spectator, apareció una caricatura de Graeme MacKay (mackaycartoons.net). Se hizo viral en redes sociales, y un año después continúa siendo uno de los mejores ejemplos sobre las dificultades que enfrentamos como humanidad para hacer sentido de la realidad (Sensemaking) y, sobre todo, coordinar respuestas globales al riesgo existencial de nuestro tiempo. 

En la imagen, a la izquierda, aparece una pequeña ciudad, con una viñeta que dice: “Asegúrese de lavarse las manos y todo estará bien”. A la derecha, se aprecian cuatro olas en crecimiento: la primera dice Covid-19; la segunda, recesión; la tercera, cambio climático, y la tercera, colapso de la biodiversidad”. Al comienzo de la pandemia, las noticias provenientes de los epicentros del virus, el desconocimiento científico, las restricciones y el fin de una vida como la conocíamos nos puso en modos de defensa y ataque. Con el tiempo, la sobreinformación y el predominio de las redes sociales exacerbaron tendencias previas: falsas noticias, teorías conspirativas, tribalismos y uso político de las crisis. El resultado, con contadas excepciones: el péndulo entre tiranía y caos. Pocos analistas, como el historiador Yuval Noah Harari, acertaron al afirmar que esta pandemia aceleraría y agravaría los procesos previos.

Un año después, nos enfrentamos a uno de los momentos más críticos en la existencia de la humanidad, pues desde varias orillas son posibles los colapsos. Por suerte, contamos con instituciones académicas robustas, una enorme capacidad tecnológica, sofisticados mecanismos de gobernanza y la posibilidad de conocer los saberes de otras culturas. En otros términos, tenemos recursos como nunca antes en la historia. Sin embargo, nuestras mentalidades, metáforas, maneras de estar juntos y habilidades para coordinar la inteligencia global no están a la altura del desafío. Hoy, con nuestra capacidad cognitiva, la baja resolución de los modelos de mundo y el desgastado nivel de discurso público resulta muy difícil, sino imposible, acercarse a los “Metaobjetos”. Este término proveniente originalmente de la lógica, ha sido usado en los últimos años en las ciencias sociales para referirse a los caminos para comprender desafíos caracterizados por: la multicausalidad, complejidad creciente e interdependencia. Esta perspectiva tiene el potencial de ofrecer mejores aproximaciones a problemas como la pobreza, la salud o la polarización. No obstante, es contraria a la simplificación, la búsqueda rápida de culpables y la circulación de soluciones unívocas.  

El llamado esencial de las voces lúcidas que nos convocan a ser conscientes de este tiempo de cambio puede resumirse en una consigna: aprender a sostener la paradoja.

Debido a la urgencia para abordar estos Metaobjetos, visionarios de diversas disciplinas y espacios hacen llamados sobre la inminencia de los riesgos; la necesidad de “entrenarnos” para ampliar la mirada, y la urgencia de actuar como “Equipo Humano” (Rushkoff, D. 2019). El llamado esencial de las voces lúcidas que nos convocan a ser conscientes de este tiempo de cambio puede resumirse en una consigna: aprender a sostener la paradoja. Es decir, tener la capacidad de reconocer las contradicciones como elementos previos a las síntesis; mantener las preguntas el suficiente tiempo (como en los koan japoneses), hasta que se logre el ensanchamiento de los puntos de referencia, y cultivar la suficiente templanza como para mantener el sentimiento trágico a la par del optimismo. Este último desafío se resume en la conocida frase de Martín Lutero: “Incluso si supiera que mañana el mundo se haría a pedazos, aún plantaría mi manzano”. 

La reactividad o la negación son respuestas esperables frente a estos Metaobjetos, especialmente en medio de la incertidumbre de la pandemia. A eso se le suma el día a día de nuestras normas sociales, el apego a nuestros modos de vida, el miedo al sufrimiento o la muerte, la preeminencia de juegos de suma cero o el sentimiento de impotencia frente a problemas impensables. Estas emociones y posturas no encuentran espacio para su trámite, y son caldo de cultivo de extremismos, tribalismos o nihilismos. 

En un tiempo de sinsentido, el sentido puede provenir de la responsabilidad y el encuentro. De la recuperación de la soberanía personal, la adquisición de competencias (cognitivas, emocionales y evolutivas) para comprender la realidad y del desarrollo de una agencia. Pero también del encuentro genuino, el cultivo de comunidades, el cuidado y el aprendizaje de formas de ‘imaginar’ futuros, donde sobreviven los humanos, la mayor cantidad de especies y el planeta (por lo menos, en lo que esté en nuestras posibilidades). ¿Por dónde empezar esta tarea nunca antes experimentada por la humanidad? Quizás asomándonos por las ventanas, para ver dónde está emergiendo: “El mundo más hermoso que conocen nuestros corazones” (Eisenstein, C. 2013). 

A modo de provocación y a sabiendas de que las clasificaciones son limitadas, demos un vistazo a tres movimientos donde el presente muestra oportunidades: los innovadores, los ecologistas y los evolucionistas. 

Un robot mirando a la cámara.

Los innovadores: ¿Nos salvarán los inventores?

Soy tecnófilo. Cuando se me presenta un problema, siempre busco remedio en la tecnología. Por lo que respecta al cambio climático, sé que la innovación no es lo único que necesitamos. Pero sin ella no lograremos que la tierra siga siendo habitable. Las soluciones técnicas no bastan, pero son necesarias.
Bill Gates (2021)

Este año hemos sido testigos de excepción del movimiento de los innovadores. Casi en tiempo real fuimos siguiendo: diagnósticos, trayectorias del virus, medidas eficaces y, finalmente, la vacuna más rápida de la historia, con el uso de distintas técnicas. Los innovadores hacen frente a los problemas con entusiasmo y responden con ensayos, errores y prototipos. Emprendedores, científicos, inventores y tecnófilos han encontrado en la fragmentación, el pensamiento lateral, el ideal de progreso, el método científico y el mejoramiento continuo de sus estrategias más eficientes.

En su más reciente libro Cómo evitar un desastre climático, Bill Gates se adentra en el ámbito del cambio climático. En su prólogo, reconoce que no resulta convincente que alguien como él hable de este tema: es uno de los hombres más ricos del mundo, tiene un estilo de vida que supera el promedio de emisión de gases de efecto invernadero y no es un especialista en el tema. Sin embargo, cuando expone las razones por las cuales se involucra en este ámbito, se refleja la importancia de los innovadores: ha investigado el tema por quince años, dialogado con los científicos más respetados e invertido en decenas de compañías para encontrar soluciones de energías limpias, cemento sostenible o carne de fuente no animal, entre otras tecnologías.

Este es el ámbito del futuro donde más se invierte, pues los sectores de defensa, investigación espacial, farmacéutica o biotecnología representan activos geopolíticos.

Para los innovadores, las soluciones a los problemas y los futuros más brillantes son posibles gracias al poder de la inteligencia, la capacidad de la comunidad científica y el corto periodo entre innovación e innovación que está ganando la tecnología. Este es el ámbito del futuro donde más se invierte, pues los sectores de defensa, investigación espacial, farmacéutica o biotecnología representan activos geopolíticos. Los críticos de los innovadores cuestionan su defensa del progreso infinito en un mundo de recursos finitos, el uso de sus invenciones para profundizar juegos de poder o el punto ciego de las externalidades de los inventos. En su esquina más extrema, habitan los transhumanistas, quienes sueñan con la singularidad tecnológica y con los robots como la escala evolutiva posterior a la humana; los entusiastas de la ingeniería genética enfocada en generar superhumanos, o aquellos que confían en habitar otros planetas antes del colapso.

Los ecologistas: ¿Podremos anidar en la Tierra?

La degradación ecológica es una consecuencia inevitable de la mitología –yo la llamo Historia de Separación– que ha dominado los últimos siglos […] La esencia de la Historia de Separación es el ser separado en un mundo de otro. Desde que yo estoy separado de ti, tu necesidad de bienestar no me afecta. […] Si yo puedo ganar la competencia y dominarte, seré mejor y tú peor. Lo mismo ocurre con la humanidad en general con respecto a la naturaleza.
Charles Eisenstein (2018)

Las raíces de este movimiento se pueden llevar tan lejos en el tiempo como la historia de la humanidad, antes de que aparecieran los relatos de separación. Se encuentran en ese sentimiento íntimo de biofilia, no sólo en el sentido de pasión por lo viviente (Erich Fromm), sino en la consciencia de ser naturaleza. Sin embargo, una manifestación más cercana de esta experiencia puede encontrarse en el movimiento ecologista o ambientalista de las décadas de los 50, 60 y 70, especialmente en los Estados Unidos. 

El modo de consumo norteamericano posguerra, el avance en tecnologías nucleares, los vertimientos químicos en las aguas o los perjuicios de la industria petrolera, por ejemplo, sumados a la resistencia para otorgar derechos civiles de las personas afroamericanas y la Guerra de Vietnam, crearon las condiciones para la resistencia activa por parte de movimientos ecologistas, pacifistas, feministas, étnicos y de diversidad sexual.

La pasión, el rigor y la convicción de los ecologistas ha sido esencial para evidenciar problemáticas ambientales producidas por nuestro estilo de vida: los límites planetarios, el agujero en la capa de ozono, la deforestación masiva, la acidificación de los océanos, la sobrepesca, el derretimiento de los glaciares, la gran extinción de especies, la contaminación de acuíferos, las consecuencias de los monocultivos y los agroquímicos y, por supuesto, el calentamiento global, entre muchos otros. 

Un gran número de visionarios ha ido más allá para adoptar formas alternativas de vida en comunidades o ecovillage. En estos experimentos sociales se busca experimentar un modo de vida respetuoso con los ecosistemas.

Además de su importante labor de denuncia y resistencia, su contribución también ha sido visible en el ámbito de la conservación, la educación ambiental y la regeneración. Incluso, un gran número de visionarios ha ido más allá para adoptar formas alternativas de vida en comunidades o ecovillage. En estos experimentos sociales se busca experimentar un modo de vida respetuoso con los ecosistemas, donde exista conciencia del consumo y los residuos, se garantice el cultivo de los propios alimentos y se forme a las generaciones venideras en formas de vida armónicas con el entorno. Se trata de: anidar en la tierra

Gracias a la valentía de estas mujeres y hombres, hoy existe un Acuerdo de París, y potencias antagónicas como EE.UU. y China se han comprometido a colaborar en la reducción de emisiones. Gracias al esfuerzo de esos primeros activistas, jóvenes como Greta Thunberg tienen hoy el conocimiento, la agencia y la capacidad de red para hacer oír sus demandas.

Las críticas al movimiento vienen de la dificultad para escalar las soluciones sostenibles, en especial en países de rentas bajas; la resistencia cultural a adoptar estilos de vida en armonía con la naturaleza; la ausencia de propuestas plausibles para resolver problemas como el transporte o la logística globales, y la ausencia de soluciones de transición a corto plazo hacia economías más locales, orgánicas y sustentables.

Grupo de personas en el bosque, mirando la luz.

Los evolucionistas: ¿Es posible sentir y actuar en la evolución?

En el espacio de la presenciación, los muros caen y nace una nueva arquitectura de colaboración y relación. Al enfrentarnos a los complejos retos de nuestro tiempo, enseguida nos damos cuenta de que ninguna empresa ni nación puede hacer nada por sí sola, por lo que las soluciones duraderas deben incluir todo un ecosistema global de interlocutores y actores.
Otto Scharmer (2009)

La Tierra es hasta ahora el único lugar conocido donde la física se convirtió en química, luego en biología y después en cultura. Damos en ocasiones por sentado los millones de instantes cuando el caos dio lugar al orden para pasar nuevamente al caos. Combinación, fallo, adaptación, selección, competencia, reproducción, cooperación, sinergia y emergencia de órdenes nuevos. Las teorías y evidencias de los evolucionistas han dado lugar no sólo a la certeza de que somos naturaleza, sino que somos polvo de estrellas (Carl Sagan).

Algunos investigadores, filósofos y activistas han querido llevar esta idea desde las ciencias evolutivas a la transformación cultural para crear nuevos futuros. Con diferentes grados de rigor y éxito, han querido emplear términos como “epigenética” (estudio de la relación entre las influencias genéticas y ambientales en la expresión de los genes) o “emergencia” (el surgimiento de propiedades o procesos de un sistema que van más allá de la suma de partes), al ámbito de las posibilidades de participar activamente de la evolución, a través de modificaciones en los ambientes y las conductas.

Este entendimiento de evolución, que rastrea no sólo los patrones profundos de la adaptación sino de emergencia, apunta a vías en las cuales nosotros –colectiva e individualmente– podemos activamente y conscientemente participar en este profundo movimiento de Gran Desenvolvimiento. En lugar de ser meramente empujados y arrastrados por las corrientes superficiales del día, tenemos la capacidad de influir intencionalmente en el curso de esta emergencia (Patten, T. 2018)

Lo que podría parecer una fantasía tecnológica de los innovadores, se ha convertido en una convicción de: biólogos, psicólogos, sociólogos, maestros, científicos cognitivos, políticos y, aún más interesante, comunidades. Las investigaciones abarcan un amplio rango: desde cómo el entrenamiento emocional, cognitivo o las prácticas contemplativas pueden cambiar funcional y estructuralmente el cerebro para prevenir enfermedades físicas y psicológicas (ejemplo: Healthy Minds). Pasando por las transformaciones de regímenes alimenticios y reeducación de hábitos en comunidades, para influir en la longevidad con calidad de vida (ejemplo: Blue Zones). Continuando con cambios en el uso del lenguaje, la autopercepción o la interacción social para mejorar la toma de decisiones colectivas (ejemplo, Circling and We Space Movements). Hasta experimentos de gobernanza en ciudades que cambian la cultura ciudadana (ejemplo, Antanas Mockus en Colombia), y experiencias globales de diálogo que invitan a miles de personas a crear colectivamente (ejemplo, Presencing Institute).

Los evolucionistas consideran que momentos como: la Era Axial (periodo que vio surgir figuras como Sócrates, Confucio o Buda), el Renacimiento, la Ilustración o, más recientemente, movimientos de reivindicación de derechos de minorías, fueron emergencias culturales, donde unas ideas lúcidas sobre el presente, acompañadas de poderosas psicotecnologías y aplicadas por personas lo suficientemente creativas (live players) fueron capaces de virar el rumbo de barcos que iban directo al iceberg. Las dudas sobre los evolucionistas radican en la lentitud de los cambios culturales, la dependencia del compromiso de los participantes para la transformación y la realidad de que (como en la evolución molecular y biológica) es imposible saber las consecuencias de la creación colectiva.

Los evolucionistas consideran que momentos como: la Era Axial (periodo que vio surgir figuras como Sócrates, Confucio o Buda), el Renacimiento, la Ilustración o, más recientemente, movimientos de reivindicación de derechos de minorías, fueron emergencias culturales.

A modo de cierre:

Estos tres movimientos: innovadores, ecologistas y evolucionistas son valiosos retoños, que susurran en medio de la vorágine de noticias, las publicaciones de redes y el énfasis en la tragedia cotidiana. Es una tarea urgente, individual y colectiva, valorar e integrar los aprendizajes de estos visionarios, que están saliendo de la “Caverna”, para enseñarnos a comprender los Metaobjetos.

Aunque resulta evidente, vale la pena insistir que en cada ámbito existen personas virtuosas, brillantes, rigurosas y capaces de concebir integraciones. Hay, por ejemplo, innovadores con compromiso ambiental, que trabajan por el evolucionismo personal y cultural. Pero más allá de los entrecruzamientos, es urgente la aparición de diálogos públicos de buena fe sobre las posibilidades, límites e integraciones. Y es aún más fundamental, traer a la cotidianidad estos caminos de aprendizaje, que valoran la complejidad y la antifragilidad. Lo anterior, para comenzar a reconocer las grandes olas (los desafíos verdaderos), cultivar la valentía para hacerles frente y animarse por la oportunidad de vivir en este instante de cambio.

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Posdata: Hoy comenzamos una nueva etapa en Hojas de Inspiración y nuestro compromiso es compartir con ustedes “Voces e ideas sobre las oportunidades del presente”. Invitaremos a personas de diversos ámbitos y posiciones diferentes para ayudarnos a Ampliar la Mirada. Compartiremos reflexiones que nos invitan a mirar en esos espacios donde la actualidad muestra su mayor creatividad. Buscaremos más preguntas que respuestas, para juntos: sostener la paradoja.

Compartiremos reflexiones que nos invitan a mirar en esos espacios donde la actualidad muestra su mayor creatividad. Buscaremos más preguntas que respuestas, para juntos: sostener la paradoja.

Referencias: 

Eisenstein, C. 2013. The More Beautiful World Our Hearts Know Is Possible (Sacred Activism). California: North Atlantic Books.
Eisenstein, C. 2018. Climate: A New Story California: North Atlantic Books.
Gates, B. 2021. Cómo evitar un desastre climático: Las soluciones que ya tenemos y los avances que aún necesitamos España: Plaza & Janés.
Patten, T. 2018. A New Republic of the Heart: An Ethos for Revolutionaries. California: North Atlantic Books.
Rushkoff, D. 2019. Team Human. New York: W. W. Norton & Company.
Scharmer, O. 2017 (2009). Teoría U. Liderar desde el futuro a medida que emerge. Editorial Eleftheria: Barcelona.
Whyte, D. 2020. David Whyte: Essential. USA: Many Rivers Press.

Créditos fotográficos: Portada: Rubén Guillén. [email protected], cortesía para Hojas de Inspiración. Foto 1: Joshua Sortino.  Foto 2: Alex Knight. Foto 3: Markus Spiske. Foto 4: Daan Stevens.

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