La época de la transición: De la colaboración a la regeneración

Christian Tiscornia, pensador sistémico y educador ambiental, analiza la crisis climática y las posibles salidas.

El argentino Christian Tiscornia ha aprendido a ver la crisis climática desde varias aristas. Entreteje el fracaso del modelo del desarrollo, la desconexión con la naturaleza, la pérdida de cooperación, la pandemia o el papel de las pequeñas comunidades de forma que son claras las interdependencias. Pero no sólo teoriza con rigor, lleva este conocimiento a su historia como amante de la vida silvestre, abogado, viajero, educador y activista. Es el fundador de la Escuela de Sustentabilidad Quinta Esencia y de la ONG Amartya. En esta entrevista comparte su visión sobre sustentabilidad y reconciliación.

En los bordes del río, o bien de alguna laguna celeste de Mar Chiquita (localidad de la Provincia de Buenos Aires), habita la respuesta, el material para moldear los cimientos de un nuevo sistema. En esos bordes, el junquillo o la resaca conservan la fuerza necesaria para crear las condiciones conducentes a la vida. En tiempos de transición, de desmoronamientos e incluso de aplazamientos para la resiliencia, la sustentabilidad ya no es un punto de llegada; más bien irrumpe como un puente hacia el derrame que prometen los márgenes: la regeneración.  

En esos bordes también habita Christian Tiscornia, educador ambiental, abogado, Magíster en Política Social y Planeamiento en la London School of Economics y especialista en Derecho Comunitario por la Universidad de Salamanca. Su trabajo como docente especializado en Desarrollo Sustentable de la Universidad de San Martín, se complementa con su acción educativa y ambiental en dos innovadoras iniciativas: es el Fundador de la Escuela de Sustentabilidad Quinta Esencia y Presidente de la ONG ambientalista Amartya: Cultura Regenerativa.

Cuando Christian habla pareciera que su voz fuera el último eslabón del camino que recorre una micorriza (simbiosis entre un hongo y las raíces de una planta), o cuando se mueve es como si dibujara alas o sus pies pisaran la fórmula de la Tierra. Y, tiene sentido, porque como bien susurra, sin coherencia ni sintaxis, a lo largo de su encuentro con Hojas de Inspiración: “Nosotros, la naturaleza”.

“Tuve una infancia privilegiada y, ante todo, tuve mucho amor y contacto con la naturaleza, lo cual fue una enorme bendición”.

Constanza Sofía Soler: ¿Quién es Christian según Christian?

Christian Tiscornia: Soy un aprendiz de la naturaleza que intenta construir el mundo donde quiero vivir. Presiento que todos los seres que habitamos la Tierra podemos vivir de una forma mucho mejor y, por eso, estoy en la búsqueda de poder vivir esa experiencia de la mejor forma posible conmigo mismo, con el resto de los seres humanos y con todos los seres no humanos. Soy un buscador de un presente mejor, una persona muy privilegiada, nacida en una familia con mucho amor y posibilidades. Tuve una infancia privilegiada y, ante todo, tuve mucho amor y contacto con la naturaleza, lo cual fue una enorme bendición.

¿Siempre estuvo en vos esa idea de que existe un mundo mejor o fue una construcción?

Todo es una construcción. Voy a cumplir 50 años y sostengo que todo es un eterno proceso como las estaciones de la naturaleza. Y en cada una de las estaciones se aprende mejor a observar. Si uno observa se va agudizando la mirada y empezás a entender que todo está mágicamente conectado y hay una potencialidad de abundancia para todo. Quizás ese mundo siempre estuvo de forma inconsciente y cuando fui creciendo lo fui asumiendo con mayor consciencia. 

A los 23 años me recibí de abogado y con un amigo nos fuimos a California, Estados Unidos. Compramos una camionetita y vinimos manejando desde California a Buenos Aires. Ese viaje me terminó de despertar “el tercer ojo” y pude entender cuál era el ADN de Latinoamérica: un continente muy rico, con gran biodiversidad, con enormes bellezas de todo tipo y con patrones repetidos de injusticia. Esa experiencia temprana terminó de cerrar un primer círculo de cómo todo está vinculado sistémicamente; es decir: lo social, lo cultural, lo económico y lo ambiental.

¿Cómo pasaste de la observación a la práctica transformadora?

Hay cuestiones que no pueden ir separadas. Si tuviera que definirme, y retomando tu primera pregunta, con el tiempo me he transformado en un pensador sistémico. Así, puedo decirte, que tal como el pájaro tiene un ala derecha y un ala izquierda para mantener el equilibrio y poder volar, o de la misma forma en que existe en un mismo ser lo femenino y lo masculino, en el pensar y en el hacer ocurre lo mismo. Parte de la experimentación es pensar, parte de la experimentación es observar, parte de la experimentación es hacer. No va una sin la otra en ningún ámbito.

 ¿Cuál es tu mirada del presente que estamos atravesando como planeta?

Creo que estamos en una época claramente de transición. Entendiendo lo terrible que es para muchos seres humanos transitar esta pandemia, creo que es una enorme bendición porque nos permite dar con la introspección, reflexionar, entender, ir a las causas y no sólo a las consecuencias. Estamos en un momento en el que hay que repensar absolutamente todo. El hombre crea las normas de convivencia porque quiere vivir en armonía, en paz y evolucionar. Y, claramente, las normas con las que estamos viviendo no nos llevan a la paz sino a una enorme fricción. Creo que ha caído brutalmente el velo y nos vamos dando cuenta de que nuestros sistemas de alimentación, producción, educación, política y creencias pudieron haber funcionado hasta acá. Hacia adelante hay que hacer una transformación profunda, hay que animarse a observar los patrones que se repiten, observar lo que subyace para no seguir pateando la misma piedra.

Dicen que las soluciones de ayer son los problemas de hoy, por eso a los problemas de hoy hay que buscarles soluciones de hoy. Hay que repensar con un enfoque holístico e incorporar en la ecuación otros factores que nunca se incorporaron. Por eso insisto en tener una mirada sistémica, entendiendo que somos un ser vivo más dentro de un universo de seres vivos. El día que entendamos las leyes naturales vamos a crear leyes humanas que hagan simbiosis como hace una micorriza con una raíz o como hace una abeja con el néctar y la flor; es decir, vamos a generar vínculos y leyes que nos permitan convivir de una forma más armónica. Lo importante es pasar de una era de la competencia y del individualismo a una era de la colaboración profunda.

“Lo que aún no tiene respuesta es cuál sería el nuevo modelo, porque lo interesante es que para el próximo estadio necesitamos utilizar la inteligencia colectiva para construir nuevas reglas de juego con la mayor cantidad de gente posible pensando”.

Hablar de sustentabilidad parece ser una moda entre muchos líderes políticos-empresariales. Pero en tu caso y el de Quinta Esencia ha sido un trabajo de muchos años. Entonces, da la sensación de que quienes tienen grandes responsabilidades, muchas veces terminan corriendo detrás de las respuestas…

En mi caso es absolutamente igual. Puedo compararme con gente que viene años luz delante mío y que son mis maestros. Todo es proporcional, depende de qué estemos mirando. Todo es un eterno proceso. En algunas cosas entendemos más y en otras, poco o menos. Pero la realidad es que lo que está ocurriendo ya no es una cuestión de ideología o política sino fáctica que viene siendo advertida por la ciencia. En el 2019, se cumplieron 50 años del primer sobregiro económico del planeta. Es decir, hace un poco más de 50 años la humanidad empezó a vivir a consecuencia de un sistema de producción y consumo degenerativo; a producir y consumir más recursos naturales, y a consumir y emitir más gases de efecto invernadero de los que la Tierra puede absorber.

Lo que vemos en micro, por ejemplo, un riachuelo ya no contaminado sino directamente sin vida, es lo que estamos haciendo en macro con el planeta entero. De lo que se está dando cuenta la humanidad por el impacto masivo de las consecuencias de este sistema es de que está destrozando, rompiendo todo. Lo que aún no tiene respuesta es cuál sería el nuevo modelo, porque lo interesante es que para el próximo estadio necesitamos utilizar la inteligencia colectiva para construir nuevas reglas de juego con la mayor cantidad de gente posible pensando. El nuevo modelo no va a venir de Quinta Esencia, Greenpeace, algún joven por el clima, algún político neozelandés iluminado o algún Pepe Mujica, sino de la participación ciudadana que observa que: en este sistema roto, convive un mismo sistema que está floreciendo y ofrece un montón de respuestas.

Quinta Esencia brinda algunas respuestas posibles dentro de un ecosistema de cientos de actores donde las respuestas ya están. Ahora hay que tejerlas, bucear entre el sistema roto y el sistema en flor. Los empresarios y políticos están corriendo detrás de una zanahoria equivocada y están forzando un sistema roto. En las cuestiones centrales no hay diferencias, nadie propone soluciones alternativas.

Sos un viajero y has vivido en distintos países, ¿has visto alguna comunidad o país que sea modelo para la construcción que tenemos que dar?

Es compleja la pregunta. En este momento, te podría decir que me encanta Nueva Zelanda o Noruega. Pero en el año 2020, se murió el concepto de países desarrollados. No existe ni un país en el planeta, y sostengo mi opinión con fundamentos científicos, que sea desarrollado, porque no existe aquel que no destruya ecosistemas para poder evolucionar y progresar. Por supuesto que hay alguno mejor que otro. Hay aspectos de Uruguay, Noruega, Costa Rica o Nueva Zelanda que me gustan, pero la política en sí está perdida, porque se sigue entendiendo el desarrollo como el progreso económico. Estamos en el 2021 y el índice mundial que mide el desarrollo del bienestar humano no incorpora la huella ecológica, por eso Noruega es el número uno hace años. Sin embargo, el día que incorporen la huella ecológica, Noruega se va abajo porque su nivel de consumo es muy alto. A ellos les funcionará muy bien el sistema, pero por el impacto que generan en el resto de la humanidad, en este planeta que es único, resulta ser un modelo económico no transferible globalmente.

Si los cambios no son radicales, vamos al colapso. Es desalentador ver que quienes tienen grandes responsabilidades están corriendo detrás de una falsa zanahoria. Sin embargo, ¿qué podemos hacer desde las pequeñas comunidades?

“Nosotros estamos generando un modelo alternativo en micro con una mirada sistémica. Trabajamos en un municipio entero que se llama Mar Chiquita y en esas 300 mil hectáreas articulamos con la educación, con todas las escuelas, con los productores agropecuarios, con el turismo responsable, con la regeneración de los suelos, la matriz energética, la colaboración comunitaria”.

Puedo decirte lo que hacemos nosotros. Del laberinto se sale por arriba y creo que hay que generar las condiciones conducentes a la vida como diría mi querido amigo, Daniel Wahl. Nosotros estamos generando un modelo alternativo en micro con una mirada sistémica. Trabajamos en un municipio entero que se llama Mar Chiquita y en esas 300 mil hectáreas articulamos con la educación, con todas las escuelas, con los productores agropecuarios, con el turismo responsable, con la regeneración de los suelos, la matriz energética, la colaboración comunitaria. Los ingredientes están todos sobre la mesa, ahora hay que mezclarlos de una manera distinta. Porque si seguimos haciendo siempre exactamente las mismas mezclas nos va a dar el mismo resultado. Entonces para que haya abundancia hay que jugar de forma distinta. Todos debemos entender que solamente me va a ir bien si le va bien al de al lado y así sucesivamente. Y en un país tan polarizado como el nuestro es importante entender que un pájaro no vuela con una sola ala, que se necesitan las dos para alcanzar el equilibrio. Eso es toda una construcción.

Lo único que nos hace contemporáneos es entender las problemáticas de nuestra época y si estamos dispuestos a operar sobre ellas mismas. La sustentabilidad no puede ser solamente instalar cinco paneles solares, producir composta, plantar tomates orgánicos y no comer carne. Es una cuestión política, filosófica, comunitaria, que tiene que ver con cómo construís lo común, cómo estás dispuesto a dar y recibir, cómo constantemente somos maestros y aprendices. Lo primero que tenemos que hacer es observar y entender dónde estás, como dice la permacultura.

En definitiva, las soluciones se encuentran en los bordes. Cuando se encuentran dos ecosistemas muy distintos, en el borde, es donde se produce la magia. Recogí ayer en la laguna el junquillo que es el borde y es magia. Todos nosotros estamos en el borde del sistema porque sabemos que no funciona más, que no ofrece respuestas verdaderas. 

En esta especie de “abuso” en el empleo de la palabra sustentabilidad, ¿podés resignificar el concepto?

Cuando arrancamos con Amartya ya veníamos desde otras organizaciones que trabajaban con la sustentabilidad. En el 2000 la sustentabilidad era un punto de llegada; es decir, queríamos llegar a una sociedad sustentable. Hoy, con casi 20 años de camino, la sustentabilidad ya no es más un punto de llegada, porque si analizas el concepto de desarrollo sustentable, las futuras generaciones no van a recibir el planeta que nosotros recibimos. Estamos transitando la sexta extinción masiva de especies por lo que la sustentabilidad, eso a lo que mucha gente se empieza a subir, no es un punto de llegada. No digo que no sea importante, pero ya no es un puerto de llegada, no es suficiente. Es más bien un puente hacia una nueva visión regenerativa del progreso, que nos habla de la necesidad de restaurar el daño que hemos realizado y de reconciliarnos con la naturaleza de la cual formamos parte. Con esta visión regenerativa, inspirada en la sabiduría de la naturaleza, podremos ir creando las condiciones necesarias para que la vida pueda florecer en todas sus dimensiones.

Créditos fotográficos: Cortesías del entrevistado y de la Escuela de Sustentabilidad Quinta Esencia.

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