Peregrino: Del campo colombiano al Camino de Santiago

Ángel Custodio Rodríguez protagoniza el documental web “Rumbo a Santiago”. Este caminante comparte su travesía por uno de los peregrinajes más importantes del mundo.

Ángel Custodio Rodríguez nació en Colombia. Es profesor de educación física, atleta y maratonista amateur. Nació en los campos de Colombia y decidió emprender una travesía por el mítico Camino de Santiago de Compostela. Su historia y motivaciones llamaron la atención del autor de esta entrevista, quien le invitó a protagonizar el documental web Rumbo a Santiago. En este diálogo entre el caminante colombiano y el realizador argentino, se evidencian la importancia de la voluntad, las raíces profundas, el peregrinaje  y el sentido de vida.

El Camino de Santiago es como una vida en 30 días.
Mucha gente se la toma en serio y otros no tanto.
Y cada uno, a lo suyo va.

Peregrino anónimo

¿Cuándo inicia una travesía? ¿Al dar el primer paso, al pensarla o con los pasos finales de otra anterior? El colombiano Ángel Custodio Rodríguez  caminó por las rutas de su país y Venezuela, y luego marchó hacia el Camino de Santiago de Compostela, una de las sendas históricas y religiosas más importantes de Europa. Su historia inspiró el webdoc titulado Rumbo a Santiago.

A sus 55 años, él se define como “una persona que nació para triunfar en la vida mientras dure el tiempo que ella disponga”, y aclara: se triunfa tanto en la victoria como en la derrota, siempre y cuando uno se ponga en marcha. “La felicidad y el disfrute están en el camino”, comenta al iniciar esta entrevista desde su hogar en Colombia. Este presente, se alterna constantemente con recuerdos del viaje a pie entre Francia y España que dio origen al documental.

Amanece en Saint Jean Pied de Port (Francia), junto a los Pirineos franceses. Estamos a más de 800 km de la catedral de Santiago de Compostela (España), donde según la tradición descansan los restos de Santiago el Mayor, discípulo de Jesucristo. Un hombre da un paso e inicia en Francia el primer segundo, del primer día, de un nuevo viaje a pie por ese camino. Un viaje que en realidad empezó en los campos de Gachancipá, Colombia, hace 55 años.

Mauricio Manini: ¿Dónde inició tu historia de vida, tu camino mayor?

Ángel Custodio Rodríguez: Podemos decir que mi travesía comenzó en Sudamérica, país Colombia, departamento Cundinamarca, municipio Gachancipá y vereda San Bartolomé. A mi padre no lo conocí y mi madre me trajo al mundo, pero sólo estuvo unos meses conmigo. Me dejó junto con mi hermano Eduardo (apenas mayor), al cuidado de mi abuela materna, María Dolores Garzón González.

Era una zona rural, no había luz eléctrica ni acueducto, teníamos que buscar el agua a 1 o 2 km en vasijas. Para la educación primaria debíamos caminar en total 8 km diarios, hasta que mi abuela donó una porción de tierra de la finca para que construyeran una escuela que hasta hoy sigue en pie. Ella me enseñó los valores del esfuerzo, la disciplina y el ejemplo de trabajo. Era una mujer muy fuerte.

¿Hacia dónde apuntaba tu camino en ese entonces?

Mi hermano Eduardo desde chico tuvo vocación religiosa, tenía claro hacia adónde iba y logró su ordenación sacerdotal en 1996. Yo soñaba con ser futbolista, pero un día participé en una carrera de atletismo en la escuela y llegué primero. Después me inscribí en una carrera en mi pueblo y la gané con apenas diecisiete años. Entonces dije adiós a mi pelota de caucho. Eso me motivó y empecé a practicar atletismo de resistencia. Seis años después de terminar la primaria, empecé el bachillerato por radio.

Fue muy duro: entrenaba de mañana, trabajaba en las labores del campo durante el día y estudiaba de noche a la luz de las velas. No teníamos los recursos económicos para ir al colegio y elegimos estudiar a través de la radio, que funcionaba con pilas. Con mi hermano comprábamos los fascículos de las clases, tomábamos las lecciones y cada seis meses presentábamos las validaciones en un solo examen.

“Fue muy duro: entrenaba de mañana, trabajaba en las labores del campo durante el día y estudiaba de noche a la luz de las velas”.

Con un ir y venir de peregrinos desde la Edad Media, los pueblos del norte de España presentan una gran variedad de paisajes, comidas e incluso idiomas. Los campos de Navarra y La Rioja se cubren de coloridos viñedos, pero el clima cambiante, los largos caminos y las subidas de Castilla y León son solo algunos de los desafíos por superar.

Hasta llegar a Santiago debiste superar varios retos, ¿cuáles enfrentaste en tu vida después de la secundaria?

Entrar a la universidad fue muy difícil. Durante tres años intenté ingresar a la carrera de Educación Física en Bogotá, la capital de Colombia. Estaba convencido de que quería estudiar eso, pero mi formación previa era muy escasa: ¡Imagínese que nunca había visto jugar baloncesto o vóley!

Cuando entré, a los 27 años, mis compañeros conocieron mi historia y me ayudaron mucho. Algunos me invitaron a almorzar o me regalaran ropa o zapatillas; otras personas me dieron hospedaje, y la universidad me daba el restaurante. Mi proyecto de grado lo realice con niños habitantes de la calle, me identificaba con ellos porque, como yo, habían sido abandonados por sus padres.

En 1998 comencé a trabajar como profesor de Educación Física en las escuelas rurales de mi pueblo. Ser docente es una oportunidad para compartir conocimiento y para aprender. Al igual que en las travesías, uno aprende con la práctica. Además es un espacio para motivar a otros. Hubo un alumno, Oscar, con talento para el atletismo y logré motivarlo para que participara en carreras: ganó a nivel nacional, quedó segundo en un evento suramericano en Argentina y gracias a eso hoy está becado para seguir sus estudios superiores.Ya de mayor, para festejar mis 50 años, tuve el reto de hacer a pie un poco más de 650 kilómetros desde mi natal Gachancipá hasta San Cristóbal, Venezuela. Fue un mes entero de caminata, pero lo logré con el apoyo, las oraciones y buenas energías de mi hermano, amigos, compañeros y alumnos. Con eso supe que podía aceptar un desafío mayor y así me preparé para una nueva travesía hacia Santiago de Compostela.

Ya sea en tus viajes previos o en el Camino de Santiago, ¿cómo se superan los obstáculos que aparecen en una travesía?

Creo que las claves en mi vida para afrontar cualquier obstáculo han sido: disciplina, fe y vocación. Cada obstáculo es un reto por superar. Uno puede estar al final de una carrera e ir último, pero si se convence puede decidir no abandonar. Lograr eso también es un triunfo.

También es importante prever obstáculos y eso te lo da la experiencia. Por ejemplo, no usar zapatillas nuevas porque generan ampollas, o secar en una noche las zapatillas mojadas rellenándolas con papel periódico.

En momentos difíciles, como una noche en España de mucho frío donde no tenía cobija en un albergue, pensaba en todo lo que ya había recorrido y en las personas que estaban pendientes del viaje. Me mentalicé en que al otro día y en el siguiente albergue estaría todo bien.

La peregrinación es una oportunidad para reflexionar sobre la propia vida, un espacio para la espiritualidad con sus largos caminos, templos y monumentos. Ya en Galicia, con paso firme bajo la lluvia o la nieve, Ángel avanza hacia su meta para agradecer y valorar todo lo que la vida le ha enseñado. Resuenan a lo lejos las campanas de Santiago de Compostela.

A nivel personal, ¿qué te sorprendió del viaje?

Muchas cosas, como la comida, los idiomas, la hermosa sensación de verme rodeado de nieve o inspirar después a un estudiante que contó mi experiencia en su tesis de maestría en Granada, España, con un documental interactivo. También me sorprendió la soledad de varios pueblos, aunque ello también me ayudaba a reflexionar y en ese sentido creo que es una amiga.

Muchos me preguntan si no me aburría o si estoy loco por haber caminado tanto tiempo solo. Yo digo que la soledad no es una tristeza sino un apoyo para pensar en el pasado, el presente y el futuro, valorar lo que uno aprendió, saber cómo se siente hoy y qué espera para adelante. 

“A mí me inspiran los logros alcanzados hasta aquí, muchos que parecían imposibles. Nadie en mi pueblo había hecho el bachillerato por radio, eso “no se podía”, menos aún cursar en una universidad”.

¿Cuál consideras que ha sido el aprendizaje más importante de este camino?

Creo que me sirvió para reafirmar una idea, y es que cuando uno se propone una meta, en la medida en que se comprometa y luche por ella, se puede alcanzar. Hay que planificar bien desde los planos económico, mental y físico; saber cuánto dinero y esfuerzo le puede costar a uno, pero lo principal es la motivación interna y aceptar el desafío.

A mí me inspiran los logros alcanzados hasta aquí, muchos que parecían imposibles. Nadie en mi pueblo había hecho el bachillerato por radio, eso “no se podía”, menos aún cursar en una universidad. En un principio, sí, los sueños se ven como imposibles, pero cuando uno empieza a dar pasos y ve que puede, entonces la sumatoria de esas cosas terminan dándoles forma.

Y cuando uno mira los logros que ya alcanzó, pequeños o grandes, entonces ve que se pueden lograr muchas otras cosas más. Al principio creía en la suerte, hoy creo que uno se la genera buscando, insistiendo, sudando, no esperando sacarse la lotería. No es suerte, es constancia.

Introducción Rumbo a Santiago:

Documental completo: http://www.rumboasantiago.com/

Créditos fotográficos: Portada: Jorge Luis Ojeada, Unsplash / Foto 1: Cortesía Ángel Custodio Rodríguez. / Foto 2: Fotograma de la crónica: “Ángel Custodio Rodríguez: el caminante incansable”, Canal Capital, Colombia.

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