Sistema B: Empresas para el mundo

Por: Constanza Sofía Soler

Una mirada a los orígenes de las empresas comprometidas con las personas y el ambiente. La historia de un movimiento nacido en Latinoamérica con sustento norteamericano. Un Sistema que busca darle una vuelta al capitalismo, para hacerlo consciente, cuidadoso y regenerador.

De la misma forma en que los grandes movimientos han asentado sus principios en manifiestos, la comunidad global de líderes de B Lab propuso, en 2006, su propia declaración: “Imaginamos una economía global que utiliza los negocios como una fuerza para hacer el bien. Esta economía está formada por un nuevo tipo de corporación B Corporation que tiene como propósito generar beneficios para todos los interesados, no solo para los accionistas […] Para hacerlo, es necesario que actuemos con el entendimiento de que cada uno de nosotros depende de otro y, por lo tanto, somos responsables el uno del otro y de las generaciones futuras”.

Letras positivas escritas sobre un vidrio.

No es antisistema o anticapitalista, pero sí busca ser la evolución de un sistema que ha tenido hasta ahora como centro la maximización del retorno del dinero a los grandes accionistas. Haciendo esta aclaración, podemos contar su historia; reciente, pero con varias páginas por escribir. El primer personaje es Jay Coen Gilbert, un norteamericano apasionado del baloncesto, cofundador de la empresa especializada en vestimenta y calzado para baloncesto AND1. Al comienzo, Coen Gilbert y sus dos socios se plantearon la meta de “ser la número uno del mundo”. Lo lograron en tan solo doce años y su clave fue conocer a sus consumidores.

El objetivo de B Lab es inspirar a las B Corp (Empresas B) para dirigir el poder de los negocios, con el fin de resolver problemas sociales y ambientales.

Luego de su meteórico ascenso, en 2005 recibieron la propuesta de compra y los creadores decidieron vender AND1 para preservar la amistad por encima del negocio. ¿Cuál fue el siguiente capítulo? Un año sabático de Coen Gilbert, quien viajó por el mundo y despertó la motivación de que sus próximos años los dedicaría a “ayudar al emprendimiento a ser más exitoso cambiando el paradigma del sistema capitalista”.

Con dos nuevos personajes en el escenario, Bart Houlahan (ex presidente y CEO de AND1) y Andrew Kassoy, se inició el libreto de lo que hoy es su gran obra: B Lab, una ONG sin fines de lucro que se propuso revolucionar el concepto de empresa moderna.

El objetivo de B Lab es inspirar a las B Corp (Empresas B) para dirigir el poder de los negocios, con el fin de resolver problemas sociales y ambientales. Así, compañías de diferentes rubros asumen una rigurosa certificación, que los guía para dar ese giro y maximizar el retorno, ya no exclusivamente a los accionistas sino a las partes interesadas, empleados, comunidad y ambiente. Hoy hacen parte de esta comunidad más de 2.800 empresas certificadas en 67 países y dentro de estas organizaciones pioneras se encuentran, entre otras, las reconocidas marcas: Patagonia, Ben and Jerry’s o Danone.

Muchas personas reunidas en rondas realizando actividades del Dia B

Sistema B y el sabor de Latinoamérica

Al ser un movimiento en apertura y permanente cambio, las B Corp tuvieron su propia lectura e interpretación en Latinoamérica. En 2009, el abogado argentino experto en temas ambientales Pedro Tarak, hacía eco del Diagnóstico sobre la Salud de la Tierra de Johan Rockström, donde se presentó el estado de varios grandes ecosistemas planetarios y se habló por primera vez del “límite ecosistémico planetario”. Rockström puso en evidencia que tres de esos grandes ecosistemas (clima, biodiversidad y ciclo de nitrógeno) habían traspasado el límite. Lo anterior implicaba que aunque dejáramos de producir o hacer aquello que afectaba al ecosistema éste continuaría destruyéndose.

La preocupación de Tarak y su posterior certeza de que la política no salvaría al planeta, lo llevaron a encontrar nuevas respuestas de la mano de las decisiones económicas. El argentino estaba convencido de que si cada decisión económica se integraba a lo social y ambiental entonces esas respuestas podrían acelerarse.

La respuesta para él estaba en las empresas. Unió sus intenciones con las de la colombiana María Emilia Correa y los chilenos Gonzalo Muñoz y Juan Pablo Larenas. En sintonía con la teoría de que no hay inventos, sino interpretaciones de lo ya creado, en el 2011, mientras protagonizaba una exposición sobre emprendedurismo en la Universidad Torcuato Di Tella, un norteamericano del público mencionó que en su país ya existían estos conceptos y se agrupaban en B Lab. Los cuatro amigos viajaron a EE.UU a conocer la experiencia americana y en alianza con B Lab fundaron Sistema B.

Si bien la certificación no será la responsable de cambiar la economía, sí es el primer paso para funcionar de una forma más consciente.

¿Cómo se mide el impacto?

Con el lema: “Ser las mejores empresas para el mundo”, Sistema B invita a las empresas a evaluarse, compararse y mejorar, a través de su sistema de medición propio.

Este sistema de medición, cuyo posible desenlace es la certificación, concibe un modelo de Triple Impacto, que genere tanto valor económico como socio-ambiental. El primer paso es que las empresas midan su impacto, a través de una herramienta online de gestión gratuita y confidencial.

Los interesados deben contestar cerca de 160 preguntas sobre su forma de operar. El cuestionario está segmentado en cinco áreas de impacto: medio ambiente, trabajadores, gobernanza, comunidad y clientes. Todas las evaluaciones son distintas y se adaptan a cada empresa, de acuerdo con su rubro y tamaño.

Si bien la certificación no será la responsable de cambiar la economía, sí es el primer paso para funcionar de una forma más consciente. Por eso, este viaje de reflexión de la empresa busca inspirar y guiar la gestión hacia decisiones empresariales con valores de impacto, que inspiren, innoven e integren.

Gente festejando en Sistema B.

Presente y futuro de Sistema B

Gracias a la capacidad inspiradora de los fundadores; al entusiasmo de empresarios comprometidos con lo social y lo ambiental desde tiempo atrás, y al dinamismo de empresas que se han contagiado de esta nueva forma de hacer negocios, la B Latinoamericana ha dado inmensos frutos. Desde su fundación hasta la fecha, se han creado oficinas de Sistema B en Argentina, Brasil, América Central, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú y Uruguay. Se han certificado más de 470 empresas; han realizado la medición de impacto 2.670 organizaciones; se han formado como multiplicadores B y Académicos B cerca de 4.000 personas, y lo más interesante, tres ciudades han apostado por convertirse en Ciudades B: Río de Janeiro, Santiago de Chile y Mendoza (Argentina).

Este movimiento de empresarios con visión ética está buscando, a través de una Nueva Economía integradora y consciente, hacerle frente a las problemáticas sociales y ambientales. A partir de una certificación, están redefiniendo el sentido del éxito en la economía partiendo del rol de los negocios, con formas disruptivas, inspiración y una ética del cuidado. Sistema B. El objetivo último no es sólo la certificación, sino que busca crear un ecosistema favorable para que las empresas de Triple Impacto puedan desarrollarse, operar y profundizar su impacto positivo. Por eso, se abre al diálogo con otros ámbitos, como la academia, lo público y la ciudadanía, y está adquiriendo la fuerza necesaria para soñar nuevos y mejores mundos.

 


Constanza Soler

Coordinadora Editorial de Hojas de Inspiración. Comunicadora Social, especializada en Sostenibilidad. Ha sido colaboradora de los medios Los Andes, El Sol, Filosofía Aquí y Ahora y el Canal Encuentro. Ha acompañado iniciativas con propósito como Quinto Impacto y Mendoza+B.

 

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Joven con zapatillas fucsias sobre el asfalto mojado.