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El comienzo del duelo: Sanar el corazón roto

Noelia Centeno nos guía a través de las distintas etapas de la ruptura amorosa. Un viaje de aprendizaje desde el sufrimiento hasta el renacimiento.

¿Qué se siente tras una ruptura amorosa? ¿Cuáles son los primeros pasos del duelo? ¿Cómo cultivar el arte de olvidar? Este texto explora las distintas etapas del corazón roto. Un encuentro con el dolor que tiene el potencial de ampliar nuestra mirada y convertirnos en nuevos seres.

“Es tan corto el amor, y tan largo el olvido”, dice un poema de Pablo Neruda. De esa sensación de sentirse en las nubes, de encontrar a tu otra mitad, de esa obsesión y esa ‘droga’ que es el enamoramiento, al dolor en el alma cuando una historia que parecía ser irrompible se termina

Es difícil olvidar y dejar atrás aquella relación que alguna vez sentimos propia. Incluso sabiendo que el otro no nos pertenece y el vínculo es patrimonio de dos personas que se eligen. Y precisamente, esta elección es el sostén de la relación. Se dice que a un vínculo entran dos, pero que basta uno para que deje de existir

La mente, a veces, se asusta de volver a empezar 

Un día –nunca es de un día para el otro; cuando uno mira hacia atrás se da cuenta de que el final se viene gestando desde hace tiempo– uno de los dos, o los dos, le otorgan el punto final a la relación. Ya no existen puntos suspensivos, uno de los dos se anima a decir: “Hasta acá llegué, se terminó”. Y entonces la mente, que a veces es más lenta en procesar, la mente que tiene un tiempo emocional diferente al tiempo real; la mente que vaga y se resiste al cambio de olores, situaciones conocidas, tonos de voz… La mente, a veces, se asusta de volver a empezar.

Nuestra cabeza se resiste a los corazones rotos: es torturada por mensajes dolorosos y preguntas de ¿por qué?, autorreproches, culpas y desazón. En últimas, no quiere vivir ese final. No lo acepta y nuestras neuronas nos envían constantemente mensajes y recuerdos llenos de emociones vividas. Al principio, el cuerpo tiene pánico al olvido, luego la desesperación del dolor lo obliga a trabajar en asumir el final. La vida con ese otro, el proyecto y las ilusiones quedan destruidos, hechos trizas. Entonces, el olvido se convierte en el puente que nos rescata con dignidad y nos conduce hacia la construcción de una nueva vida que nos lleva al reencuentro con nosotros mismos

El duelo por amor se inicia y el dolor emocional de un corazón roto va cicatrizando, pero no podemos olvidar y aparecen recuerdos que activan lo vivido. Rumiamos el pasado y los recuerdos se imponen al presente. Canciones, olores, gustos o lugares que nos recuerdan al otro parecen intactos. Esos estímulos nos enfrentan a la difícil tarea de olvidar aun habiendo olvidado

No es fácil reconstruir un corazón roto. El difícil arte de aprender a olvidar, se trata de recoger pedazo por pedazo, sin ganas de hacerlo. Quizás en ese proceso apenas pasa el aire, la cabeza se nubla, los pensamientos son difusos y el objetivo, el único objetivo, es no sentir más dolor. A veces el sueño está interrumpido. Me refiero a todos tipos de sueños, a dormir, por supuesto, pero también a las ilusiones, proyectos, expectativas que se tenían con ese otro, que ya no están más. Y esto duele. 

En el proceso de olvidar, nadie muere, pero no es fácil sostener un corazón roto. El aprendizaje se logra cuando miramos hacia atrás y sentimos una profunda gratitud con la persona que nos acompañó. Sentimos haber tenido suerte por el tiempo que invirtió ese otro en mí. Somos lo que somos gracias a todos los seres que pasaron por nuestra vida. 

El dolor de perder nos aproxima al placer de ganar

El Kintsugi es una técnica japonesa que consiste en reparar cada cicatriz o grieta de una cerámica con oro. Es el arte de convertir una pieza única aparentemente rota para volverla algo hermoso y memorable.

Bañar con oro las roturas del corazón, llenarlas de aprendizaje y gratitud, es hacerlas brillar. Es aceptar que nuestros dolores, aunque sean indeseados, nos acercan a vivir. El dolor de perder nos aproxima al placer de ganar. Y en cada pérdida exista la posibilidad de apreciar la ganancia de haber compartido con ese otro; que algo nos enseñó, nos dejó o sembró en nuestro interior. Cuando pase el tiempo, cosecharemos todas las semillas que otros, a través de un vínculo, dejaron en nosotros. Es verdad que no es fácil empezar de vuelta, pero uno nunca comienza de nuevo siendo quien fue; uno sale de los duelos del corazón de otra forma. Y ese ser nuevo que sos hace que tu reconstrucción sea a través del perdonar al otro y a uno mismo. Hace que aceptés que dejar de amar no es culpa de nadie, es algo que sucede. Ojalá pudiéramos elegir de quién, cuándo y cómo enamorarnos. Ojalá pudiéramos volver a elegir a esa persona que consideramos valiosa y que nos da mucha pena perder. 

El amor es algo que sucede y nos sorprende, pero también, con ese mismo asombro, a veces deja de suceder. Y no queda más que aceptar y transitar para transformar el dolor en gratitud. Olvidar es un arte. Un esfuerzo que vale la pena practicar cuando el corazón se derrumba. Cuando una relación se termina, cuando la vida te pide que sigas adelante

Deseo que tus olvidos sean aprendizajes transformados en jazmines que nacen desde las grietas de un corazón roto. Este artículo empezó con una frase del Poema XX deVeinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) escrito por Pablo Neruda. Comparto sus últimos versos:  


[…] Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
 
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
 
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
 
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
 
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
 
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
 
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.


Créditos fotográficos: Portada: Kristina Tripkovic, Foto 1: Noah Sillimant, Foto 2: Riho Kitagawa, Foto 3: Serkan Göktay.

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