Tomás de Lara: Un líder inspirado en la naturaleza

Por: Constanza Soler

 

Habrá una guerra sin la ceguera de Dios y el Diablo, y para que esa guerra empiece pronto es preciso matar a Sebastián y a Corisco… La tierra es del hombre, ni de Dios ni del Diablo.

 

Las frases son de la película Dios y el Diablo en la Tierra del Sol (1964), del director brasileño Glauber Rocha. Y resumen el espíritu de un filme que induce al despertar, a una rebelión del Ser contra los sistemas que lo oprimen. Cincuenta y seis años después, en el mismo país, hay alguien que califica (off the record) esta película del cinema novo como una de sus favoritas. ¿Quién es el osado hombre que se inspira en semejante artista? Se trata de Tomás de Lara, un joven emprendedor que no suma cuarenta años, y que bien podría ser autor del controvertido guión, pues sus acciones son dignas de películas de Rocha.

Tomás es protagonista de proyectos que tienen en común la colaboración, la rebeldía de creer y el nacimiento de una economía más justa y armónica. Es una de las figuras de Movimiento Sistema B en Latinoamérica; colíder de Ciudades+B/Cities CAN B; cofundador del espacio colaborativo Goma, y copresidente de ColaborAmerica, el festival que conecta personas bajo la causa de construir una cultura colaborativa. De Lara elige a Hojas de Inspiración para mostrar su lado B. En esta entrevista se despliega la apasionada vida de un líder latinoamericano para el mundo.

¿Quién es Tomás según Tomás?

Tomás es una persona sensible. A quien le importa la energía positiva y la buena vibra. Siempre trata de estar con energía para la gente, el trabajo que hace, la familia, la gente de la calle, los equipos y las charlas. Es una persona que trabaja desde hace nueve años por el impacto positivo del mundo. Cree en la fuerza de transformación positiva de los negocios por ser emprendedor, haber tenido empresas de tecnología y conocer bien el ámbito de los startups. A él le encanta la posibilidad de cambiar el mundo a partir de las empresas conscientes de su impacto social y ambiental, y desde ahí traer innovaciones que sirven para el bien común. Es apasionado de las artes, la música (jazz, clásica, árabe, persa, brasileña, electrónica, minimalista) y adora el cine. Incluso, estudió cine por un año en Barcelona.

En resumen, es una persona que percibe los distintos temas del mundo y viaja constantemente. Adora estar acompañado y aprende del diálogo con personas y movimientos. Busca probar, gusta del cambio y se adapta a la integración con distintos territorios, culturas y lenguas. Tomás es escorpiano y apasionado. Corre, nada, practica yoga y meditación. Y ahora más que nunca, explora el autoconocimiento.

Tomás de Lara hablando sobre un escenario azul.

 

¿Qué te obsesiona del mundo?

Me obsesiona la complejidad de la naturaleza y de la conciencia. La capacidad de la mente humana para percibir el Todo. El proceso cognitivo de percibir tiene la finalidad de darse cuenta del mundo externo para luego observarse, ser autoconsciente y, aún más, comunicar, crear símbolos y significados. Me obsesiona entender los misterios del mundo, la naturaleza y la belleza que es infinita. Observar cómo se repite en patrones áureos, circulares, que son virtuosos. Cómo es que hay sintropía en la naturaleza, que se sincroniza, es interdependiente y funciona en armonía. En la naturaleza no hay basura, todo se transforma, todo está en balance. La vida en la tierra me obsesiona porque es mágica. Es toda una armonía profunda entre los distintos ciclos naturales. Somos resultado de una colaboración mística divina. Somos todos seres divinos y conscientes de la belleza, somos testigos de la belleza de la vida.

Por eso mismo, me encanta el trabajo de la colaboración. Estudio mucho la biología y la ecología. Me inspiran para imitar sus procesos en empresas y en la sociedad. En esta última no estamos acostumbrados a colaborar, más bien estamos parados en el paradigma de la escasez y de la competición y tenemos que cambiarlo por el paradigma de la abundancia, la colaboración y la práctica sistémica, del entendimiento holístico, de mirar hacia el todo y entender cómo podemos cooperar o ser parte de un gran organismo siendo sostenedores de la vida del otro.

Estudio mucho la biología y la ecología. Me inspiran para imitar sus procesos en empresas y en la sociedad. En esta última no estamos acostumbrados a colaborar, más bien estamos parados en el paradigma de la escasez y de la competición y tenemos que cambiarlo por el paradigma de la abundancia, la colaboración y la práctica sistémica”

¿Qué sobra y qué falta en la Tierra?

Empecemos por qué le sobra: belleza, interdependencia, abundancia, colaboración, alegría, iluminación, claridad, vida, fuerza, profundidad, intensidad, misticismo, secretos, amistad, amor, conexión, vibración sutil, alta, baja, sonidos, paisajes, arte, creatividad, evolución. Y en cuanto a qué le falta diría que los seres humanos la entiendan, comprendan, se integren a ella, la escuchen, la amen y la valoren. Falta la conciencia de que esta armonía que es la vida en la tierra necesita un gran esfuerzo de reconexión, para el rediseño de todo nuestro sistema económico basado en la escasez y en el paradigma del crecimiento de la cantidad y no de la calidad.

Tomás de Lara hablando frente a una multitud.

 

¿Qué y quiénes te inspiran?

Aparte de la naturaleza y su complejidad, me inspira estudiar la vida, la evolución, la biología evolutiva, el micro y el macrocosmos.

Así mismo, me inspiran algunas personas como Satish Kumar, fundador de la institución Schumacher College, un gran activista de 86 años, un verdadero maestro con una hermosa energía y profundamente intelectual. Otro inspirador es Pedro Tarak, uno de los miembros fundadores de Sistema B en América latina, un ser movido por el corazón y la intuición. Es un ser profundamente humilde, sabio, con una visión de futuro increíble y capaz de mover montañas, empresas y personas con su humanidad y fortaleza. Estas dos personas me inspiran porque además de ser hermosas desde lo humano son potentes agentes de cambio.

Por último, quiero mencionar como inspiración a Fritjof Capra, uno de los pensadores sistémicos más importantes que aborda el mundo y la naturaleza de una manera especial.

Emprender es escuchar lo que es necesario y, más que mirar el futuro, es entender el presente; tener conciencia de lo que se requiere aquí y ahora, para así construir un futuro con valor (de calidad, técnico, ambiental y social) sistémico para el proceso”.

Si tuviera que pedir un deseo antes de trascender ¿cuál sería?

Mi último deseo sería ver que el mundo no es desigual. Por supuesto, existiría espacio para quienes quieran trabajar más el hacer y tener; para quienes quieran desarrollar más el ser y compartir, y todos los matices en el medio. Pero habría una base social mínima para que la gente tuviera acceso a un techo y a una comida saludable. Que no haya hambre, inequidad racial ni de género. Si eso pasara, si estuviera esta base, todo sería distinto, incluso la comunicación del hombre con la naturaleza porque se la valoraría más.

¿A qué atribuye ciertos colapsos político-institucionales en Latinoamérica?

Son el resultado de un sistema económico en crisis profunda y estamos viendo el comienzo de una respuesta de la civilización que no está contenta porque se ve dañada. Lo vemos claro en Chile, donde la inequidad es muy grande pese a tener los mejores índices macroeconómicos en comparación con otros países de la región.

Creo que vamos a ver más de estas crisis en 2020 y hacia delante, porque América Latina es una de las regiones con mayor concentración de dinero y poder en manos de pocos. Desde estos lugares se toman las decisiones con base en intereses propios y no del bien común o en armonía con los distintos sectores. Así mismo, se han marginalizado de los procesos a los pueblos originarios, quienes tienen la cosmovisión holística para aprender a integrar, a colaborar profunda y radicalmente en pos del bien común. Estos pueblos tienen la cosmovisión holística para aprender integrar, a colaborar profunda y radicalmente en pos del bien común.

 

Siendo emprendedor, ¿cómo definirías el emprender?

Emprender es un acto de amor. Amor por lo nuevo, la innovación, el hacer algo distinto y con valor. Por crear algo que sea “sostenible”, se sostenga en el tiempo y la vida en la Tierra. Que sostenga y potencialice la evolución de otras personas. Emprender es crear algo que tiene sentido, además de conectar e integrar personas, procesos, productos y servicios. Es un acto que tiene vida y es evolutivo. Emprender es escuchar lo que es necesario y, más que mirar el futuro, es entender el presente; tener conciencia de lo que se requiere aquí y ahora, para así construir un futuro con valor (de calidad, técnico, ambiental y social) sistémico para el proceso.

¿Cuál fue tu primera acción de impacto?

La primera vez que hice una acción de impacto consciente fue hace unos nueve o diez años. Frente a tantos desafíos sociales, nos enfocamos en hacer software en la web con impacto positivo y fundamos la empresa Engage, que duró cerca de tres años.

Ese emprendimiento nos permitió comprender que todos buscábamos estar en libertad. Por ello, la hicimos en red y horizontal. Fue una empresa que no tenía jefes, cada uno elegía trabajar por proyectos y se buscaba la forma de llevarlo adelante y ganar lo anhelado. Requirió mucha experimentación y conocimiento inter e intrapersonal. Nos dimos cuenta de que esta acción de impacto inspiró a otras personas, por lo cual, desde ese momento, empezó mi compromiso con emprender para crear valor integral y hacer que la sociedad y la economía fueran más integradas, humanas y sensibles.

¿Para qué existe Sistema B?

Este Movimiento existe para que las empresas puedan hacer fuerza de transformación positiva y sea posible crear un mercado con la lógica de generación de bienes comunes. La labor de Sistema B es muy importante porque reconoce las empresas que están buscando medir su impacto socioambiental y a partir de ese conocimiento buscan la evolución año tras año, para ser las mejores para el mundo y no sólo del mundo.

Sistema B está abierto a todos los ciudadanos, empresarios, académicos, gestores públicos y formadores de opinión. Se denomina así porque propone una manera de trabajar sistémicamente, a partir de la cual las empresas sean parte central de la actividad de cambio. Sistema B existe para cambiar el sistema económico y establecer una nueva cultura empresarial donde las empresas sean fuerzas de transformación positiva.

“Si entendemos dónde hay sinergia y simbiosis para conectar creativamente, podremos potenciar nuestro trabajo, hacer menos daño, tener una economía baja en carbono, ser circulares y dejar de producir basura

¿Con qué desafíos cerraste el 2019?

ColaborAmérica vivió su cuarta edición y escogimos la temática “El arte del encuentro”, que propuso el encuentro con uno mismo, el divergente, el convergente y la naturaleza. Entendemos que esas cuatro dimensiones del encuentro son las que tenemos que tener en cuenta para que nuestra civilización evolucione hacia la armonía. ColaborAmérica fue un éxito e incluimos al Museo del Mañana, el museo más importante de ciencias de Brasil.

Por otra parte, con Ciudades+B sumamos siete nuevas ciudades en el 2019: Córdoba (Argentina), Asunción (Paraguay), Barcelona (España) y Edinburgo (Escocia). Cada una de ellas está en proceso de construcción de la iniciativa, articulando sus diferentes actores y buscando financiación para impulsar el proyecto. Las cuatro están enfocadas en el gran llamado para la utilización de la SDG Action Manager, la nueva plataforma del Movimiento B en alianza con Pacto Mundial de las Naciones Unidas, donde se mide la actuación de las empresas en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

¿Cuál es su concepto clave para este 2020?

Reconocimiento y suma de sinergias de distintos proyectos y trabajos de empresas que están involucradas en el desarrollo sostenible. Ambos son conceptos claves para trabajar en la “economía sintrópica” que viene de la práctica de la agricultura sintrópica o agro-floresta, donde los distintos seres vivos que integran un sistema trabajan en conjunto sumando competencias y habilidades. Si entendemos dónde hay sinergia y simbiosis para conectar creativamente, podremos potenciar nuestro trabajo, hacer menos daño, tener una economía baja en carbono, ser circulares y dejar de producir basura. Observemos la naturaleza y entendamos sus principios bases: la simbiogénesis y la autopoiesis que le permiten al ser vivo autorreproducirse y evolucionar a partir nichos ecológicos que logran entrar en armonía.

Fotos: Archivo particular. Cortesía del entrevistado.

 


Constanza Soler

Coordinadora Editorial de Hojas de Inspiración. Comunicadora Social, especializada en Sostenibilidad. Ha sido colaboradora de los medios Los Andes, El Sol, Filosofía Aquí y Ahora y el Canal Encuentro. Ha acompañado iniciativas con propósito como Quinto Impacto y Mendoza+B.

 

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