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Ganadería regenerativa: ¿Una respuesta a la crisis climática?

El argentino Pablo F. Borrelli hace parte de un nuevo paradigma en la ganadería, que prioriza la regeneración y la captura de carbono.

Es economista, no es dueño de campos ni tampoco ganadero. Encontró su propósito a miles de kilómetros de Argentina, cuando en un video descubrió que su padre era un referente internacional en una nueva forma de comprender la ganadería: el manejo holístico. A través de las empresas Ovis 21 y Ruuts, logra la casi imposible sinergia entre: producción, rentabilidad, regeneración y captura de carbono.

La crisis climática ha puesto en el ojo público a la ganadería. Se cuestiona la deforestación en ciertas regiones para sembrar pastizales, la degradación del suelo, el abundante uso de agua y la emisión de gases de efecto invernadero, entre otros aspectos. Esto sin hablar de las dimensiones éticas sobre el trato a los animales. Por todo lo anterior, resulta desafiante pensar en una ganadería sostenible o aún más considerarla una de las soluciones para la compleja crisis climática.

Precisamente por ello quise conversar con Pablo F. Borrelli, quien a través de las empresas Ovis 21 y Ruuts apuesta por una ganadería que en ciertas regiones es capaz de recuperar los procesos vitales de los ecosistemas; recobrar las relaciones entre herbívoros, pastizales y suelo; detener la desertificación; atraer fauna, e incluso capturar carbono. Al mismo tiempo,desde sus organizaciones acompañan y empoderan a los productores en la transición, y en poco tiempo, estos perciben un incremento en la producción y una disminución de los costos. 

Antes de la entrevista, debo confesar, me imaginé a un terrateniente o al menos un productor de ganado, aunque pronto descubrí que no era dueño de tierras ni su vida era la del campo. Estudió Economía, pero justo cuando iba a encasillarlo, él compartió que había dedicado varios años a recorrer países en bicicleta

Cuando indagué sobre su propósito, me contó que hace diez años, al lado del mar, en un alejado país de África, descubrió en un video del visionario Allan Savory (ver al final del artículo) que su padre Pablo Borrelli, a quien había visto luchar por la desertificación por décadas, de repente era una persona que estaba “Salvando el planeta”. Tras una década de trabajo al lado de su ‘viejo’, hoy Ovis 21 es una Empresa B; es el nodo más grande en el mundo del Savory Institute, y apadrina nodos regionales en Uruguay, Chile y Colombia.

En esta entrevista con Hojas de Inspiración, Pablo F. Borrelli habla de sus motivaciones profundas, del fascinante camino de su padre, de la ganadería regenerativa y del proyecto que hoy despierta su inspiración: Ruuts. Esta iniciativa integra el trabajo de productores que han integrado esta visión, su experiencia como economista y el creciente mercado de bonos de carbono.

Ishwara M. González: Hace un década viste un video a cientos de kilómetros de Argentina. ¿Cómo cambió la visión que tenías de tu padre y tu propósito de vida?

Pablo F. Borrelli: Terminé la carrera de Economía, trabajé en una aerolínea y después de dos años y medio en el mundo corporativo tuve una crisis de propósito. Renuncié a todo y me fui a andar en bicicleta, en un viaje que duró tres años y medio.

Comencé en Europa y de ahí fui hacia África. No sabía muy bien a dónde iba a ir. Pensé quedarme en Marruecos, incluso crucé el Sahara, seguí bajando y llegué a Liberia. En ese sitio recibí un mail de mi papá con una charla TED de Allan Savory, un pionero del manejo holístico y un referente en la regeneración de tierras. 

En apenas veinte minutos, este hombre explicaba desde una perspectiva llena de propósito a lo que se dedicaba mi padre. De hecho, durante la intervención aparecía una foto de mi papá y lo nombraba como investigador de la Patagonia en este tema. Mi padre Pablo Borrelli es un ingeniero agrónomo que asesoraba a productores ganaderos. Yo sabía que estaba vinculado a temas de pastizales y degradación, pero no conocía mucho más que eso.

En ese momento apareció el propósito que no me había dado el trabajo corporativo hasta ese momento. De repente, tomé conciencia de que mi papá estaba salvando al mundo. ¡Fue tremendo! Recuerdo que estaba junto al mar cuando vi ese video, reflexioné sobre su significado y su mensaje resonó fuerte en mí.

El viaje continuó casi dos años más. A mi regreso a Argentina tenía claro que me iba a involucrar en ese proyecto. Ya estaba sembrada la semilla.

Las ideas de Savory buscan imitar los patrones que tienen los herbívoros en silvestría y recuperar ese vínculo de herbívoro, pasto y suelo, que el hombre rompió al poner alambre y soltar a los animales dentro.

¿Cuál fue el camino recorrido por tu padre para convertirse en ese referente internacional?

Mi papá es de Río Gallegos, bien al sur de la Patagonia. Estudió ingeniería agronómica en Balcarce. Terminó su carrera, conoció a mi mamá y volvieron a Río Gallegos. Él estaba obsesionado con la desertificación, los procesos de degradación de tierras a causa de la acción del hombre.

En ese camino empezó a trabajar en el INTA (Instituto Argentino de Tecnología Agropecuaria). Su función era asesorar productores y buscar soluciones a la degradación del suelo. La receta que había en ese momento era abordar el problema desde la cantidad de ovejas, debido a que en la Patagonia esa es la principal producción.

Durante veinte años hizo recomendaciones a los productores, quienes hacían un cálculo de la cantidad de pasto del campo y reducían el número de animales. Con ello, tenían cada vez menos ganancias y pocos resultados a nivel ambiental, pues los campos se seguían degradando.


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En 2008, se cruzó con un asesor de temas ovinos, un australiano, quien le dijo que debían probar las ideas de Allan Savory. Fue en el campo del socio de mi padre, Ricardo J. Fenton, mirando el estrecho de Magallanes, donde las probaron por primera vez. Las ideas de Savory buscan imitar los patrones que tienen los herbívoros en silvestría y recuperar ese vínculo de herbívoro, pasto y suelo, que el ser humano rompió al poner alambre y soltar a los animales dentro.

Mi padre y su equipo comenzaron a planificar la duración de los animales en los pastizales y a darles el tiempo que necesitaban. Tuvieron unos resultados espectaculares. Sólo en un año el campo ‘explotó’ de pasto; volvieron las especies desaparecidas por el sobrepastoreo de los animales, y renació la carrera de mi viejo, quien venía del paradigma antiguo. Ahí inició un proceso de aprendizaje y se empezaron a generar las capacidades locales para poder expandir esto en la región. En ese proceso, en el 2016, aparezco yo para acompañar el crecimiento en la zona extra patagónica.

¿Cuáles son las dinámicas de esta nueva perspectiva y cómo las relaciones sistémicas redundan en la regeneración?

La metodología propuesta por Allan Savory plantea que en ciertas regiones los herbívoros, pastos y suelos coevolucionaron con una determinada dinámica, donde la salud de ese ecosistema de pastizal depende de todas las partes. El herbívoro tiene un rol fundamental en los ambientes que tienen normalmente una estación seca –donde no hay humedad– y una estación de crecimiento. Su rol es el de ciclar biológicamente ese pasto que crece; de lo contrario, ese pasto queda en pie y no hay un proceso para que vuelva a reverdecer en la próxima temporada. Si no está el herbívoro para generar ese evento, el material queda ahí, se oxida y se termina prendiendo fuego.  

Después podemos decidir si queremos comernos o no esos herbívoros. Esa es otra discusión, pero a nivel ambiental lo fundamental es que el rol del herbívoro está completamente medido y nosotros lo que aportamos es esa medición. El herbívoro es clave para regenerar esos ambientes. Incluso en la agricultura donde no se usan herbívoros y está basada en insumos químicos, el uso eventual de herbívoros volvería a darle fertilidad biológica a esos campos. 

En este ámbito la discusión no es ganadería sí o ganadería no, sino que se centra en si el ambiente donde estamos produciendo los alimentos se está regenerando o no. Eso es lo que nosotros creemos. Los herbívoros tienen un rol clave en estos territorios; sin entrar por supuesto en discusiones de orden moral, donde cada uno tiene su filosofía acerca de si está bien o no matar a un animal.

En el nivel ambiental, la salud de un ecosistema de pastizal y de áreas de cultivo que eran antiguos pastizales depende de tener herbívoros en movimiento ciclando siempre.

Un pedazo de suelo desnudo en verano levanta un nivel de temperatura diferente a uno cubierto por vegetación. Esta diferencia, multiplicada por millones de hectáreas, afecta el macroclima.

¿Qué significa ver a tu padre en esa charla TED, compartir su propósito y trabajar respecto al secuestro del carbono?

En esa TED se unen los puntos de algo que yo no había unido aún. Ver algo que para mí era simplemente un trabajo agronómico, con el impacto que tienen millones de hectáreas regeneradas a nivel global. Regenerar una hectárea permite capturar carbono y aumentar la infiltración de agua, para que no corra de arriba abajo e inunde ciudades. Así mismo, incrementa la biodiversidad de ese espacio, más flora, fauna y también cobertura del suelo. 

Un pedazo de suelo desnudo en verano levanta un nivel de temperatura diferente a uno cubierto por vegetación. Esta diferencia, multiplicada por millones de hectáreas, afecta el macroclima, por lo que al final el problema radica en la decisión de cada hectárea multiplicado por millones. 

Hoy estamos en un círculo vicioso de degradación. Si lográramos revertirlo podemos generar un impacto enorme a nivel global. No es una discusión productiva ni agronómica es un debate sobre el futuro. Eso fue lo que me movilizó completamente.

¿Cómo encuentra OVIS 21 su propio propósito como empresa?

Desde antes de encontrarse con las ideas de Savory, la empresa tenía el propósito de revertir procesos de degradación. Trabajaban con los productores, pero todavía no tenían una solución. Seguían con el paradigma viejo y los asesoraban pero sin resultado efectivo. Lo que encontraron a partir de las ideas de Savory fue una herramienta fundamental para poder cumplir con su propósito. Ahí fue importante empezar a generar las capacidades locales para replicar esto.

Ovis 21 funciona como una red descentralizada de colaboración, un concepto que no es vertical. Siempre es horizontal, descentralizado y busca potenciar a las personas individuales. Eso le permite generar gran impacto sin una estructura importante.

En el 2013, cuando el movimiento de las Empresas B comenzaba su auge, Ovis 21 se convirtió en una de las primeras Empresas B de Sudamérica porque ya lo tenía en su ‘ADN’. No tuvo que reconvertirse, sino que en esencia tenía dimensiones sociales y ambientales. El ingreso a este movimiento dio mucha visibilidad al proyecto, porque evidenció que podíamos recuperar el medio ambiente al tiempo que producimos. Dejaba así de existir un antagonismo entre la conservación y la producción, y aparecía un punto de sinergia.



Al trabajar de cerca con los productores, ¿cuáles son los beneficios tangibles y también sutiles de la aplicación de esta metodología?

Lo más importante en cuanto a la rentabilidad es que cuando un productor empieza a regenerar el campo empieza a producir cada vez más pasto y este es el principal insumo. La cantidad de animales que puede cargar un campo tiene una relación directa con el pasto que tiene. Se entra en un círculo virtuoso con la naturaleza, puesto que permite a la naturaleza expresarse, produce más y cada vez tiene más pasto. Eso es lo más importante porque si fuera en desmedro de la rentabilidad de los productores sería imposible de escalar.

También existen productores que necesitan mucho dinero para producir más pasto. En ese caso logran mantener la misma producción y dejan de tener que poner plata, porque alcanzan el mismo nivel de producción y favorecen a la naturaleza. La rentabilidad viene más por reducción de costos.

OVIS 21 viene introduciendo un tipo de animal más cercano al merino original. Se trata de un merino sin arrugas, que permite un esquema de producción de lanas y de corderos teniendo en cuenta una mejor combinación. Lo anterior, permite mejorar la rentabilidad tanto de lanas como de carnes. 

¿Cuál es el contexto argentino donde desarrollan sus actividades y cuáles son las relaciones con el medio local?

Estamos viviendo un tremendo empuje desde los mismos productores. Hay un gran boca en boca, empiezan a interesarse en esto al punto de que hoy no nos dan las capacidades para cubrir esa demanda.

Hacemos capacitaciones y asesoramiento en campo con un esquema donde el productor aprenda-a-hacer. Así no depende de que venga OVIS 21 a decirle qué hacer, sino que se empodera, aprende a mirar el campo de una forma distinta y toma decisiones en pos de la regeneración. Somos más facilitadores que personas que dan una receta. Esto también es un cambio en el paradigma del productor, porque está acostumbrado a recibir fórmulas. 

Ahora nos invitan desde asociaciones de productores, como el Grupo CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola). El mainstream de la agricultura empieza a levantar la cabeza y a preguntarse: “¿Qué están hablando estos locos?”. Llevamos diez años en esto, pero parecería que empieza a gestarse hoy esta ‘regeneración’ en los más altos niveles y es justamente porque une los mundos de la producción, el cuidado del ambiente e incluso de captura de carbono. Tiene varios elementos que aportan soluciones para el futuro.

A nivel nacional, trabajamos en esta idea de red de colaboración armando una estrategia de nodos regionales con representantes. Ya tenemos veinte en cada región del país.

Respecto a tu rol y lugar en el proyecto, ¿cuál crees que fue tu aporte a la organización?

Empecé sin saber dónde me iba a ubicar en una organización, donde la mayoría eran técnicos agropecuarios. Fue un aprendizaje animarme a encontrar mi lugar y decir “esto sí o esto no”. Como toda empresa chica y familiar era importante hacer de todo.

En el 2019, tomé seis meses sabáticos, me fui a pedalear de nuevo a África y volví con la claridad de que seguía teniendo el mismo propósito. Sin embargo, necesitaba hacerlo desde un lugar donde me sintiera empoderado, corriéndome un poco del paraguas de mi padre. Necesitaba algo donde yo pudiera brillar por mí mismo. Ahí nace Ruuts como un proyecto propio, que surge de pensar cómo puedo meter mi cabeza para acelerar lo que ya está sucediendo, pero desde mi lugar y con mi impronta.

Ruuts es una empresa independiente que busca conectar a toda esta comunidad de productores regenerativos con el incipiente mercado de carbono. Queremos usar el incentivo del mercado de carbono para que el camino del que venimos hablando suceda más rápido y la transición tenga más incentivos.  

¿Qué te está inspirando de Ruuts en este momento?

Lanzamos una encuesta para productores que estuvieran interesados en participar de Ruuts. Sentí que fue la primera salida al mundo y, a su vez, los productores tuvieron expectativas ante la posibilidad de recibir ingresos por la captura de carbono. Lo anterior comienza a generar un cambio de comportamiento y la regeneración empieza a tomar otro vuelo. Hemos recibido mensajes de México y Costa Rica, entre otros.

Cómo surfear la ola del cambio

Nunca me sentí economista ni me dediqué a la Economía como algo convencional. Terminé la escuela y a los diecisiete años te obligan a elegir una carrera. Me gustaban las matemáticas y la estadística, por lo que ingresé a Actuario, una carrera bastante dura. En el primer año tuve un profesor marxista en el CBC de la Universidad de Buenos Aires, y ahí me dije: “Tengo que estudiar algo que me permita hacer la revolución”. Entonces me pasé de carrera a Economía. Hice la carrera en la UBA, donde en una materia veía que el libre comercio era lo mejor para el mundo, y en otra que Adam Smith era el “demonio”. Terminé la carrera con bastante lío en mi cabeza respecto a mi propósito original.

Empecé a trabajar en una corporación. Estuve dos años en LAN, la pasé espectacular y fue como cambiarme la cabeza. Todos mis prejuicios se volaron pero aún me faltaba el propósito. Tenía reuniones donde se planteaba cuál va a ser la proyección de ingresos y me empecé a preguntar: “¿Por qué estoy acá?” Hasta que un día, “¡bum!, volé”. Me fui a viajar en bici tres años y medio por el mundo.

Volví, me reencontré con el propósito acá. Comencé a trabajar en el tema de la regeneración y ahí me reencontré un poco con mi carrera. Me apasionó el mundo de las Empresas B y su idea de usar los mercados y los negocios para resolver problemas reales. Sobre todo, esa fuerza que tiene de transformación al servicio de las personas y del medio ambiente.

Esto se ve reflejado en el proyecto que encaro ahora, porque desde el corazón queremos resolver algo súper importante para nosotros pero tenemos inversores, estamos en un ambiente de mercados con empresas. Es como surfear esa ola de cambio y también sumarle consciencia. ¿Cómo mezclo mi vida emocional en todo esto y así no volverme un bicho de negocio, frío, calculador en todo?  A veces, siento las presiones, sumadas a la ansiedad y un montón de cosas que empiezan a aparecer, por eso le meto respiración, consciencia y disfrute. 

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Este artículo fue posible gracias a la generosa gestión de Guillermo Navarro Sanz.

Créditos fotográficos: Cortesía del entrevistado y de Ovis 21.

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